A diferencia de la escalera giratoria por la que el amo caminaba con total naturalidad, Aria tomó la escalera de los sirvientes, estrecha y aislada. Adrián estaba de pie en lo alto, con su figura alta haciéndolo parecer aún más inalcanzable. Aria bajó la cabeza con cortesía y saludó: —Señor Adrián. Adrián golpeó el pasamanos con las yemas de los dedos. —¿Qué es exactamente tan especial en ti como para que Dereck incluso se preocupe por el hijo que diste a luz? Aria se quedó atónita. ¿Cómo se había enterado? —¿Te acostaste con Dereck? —preguntó Adrián. Pensó que tal vez esa era la razón por la que Dereck estaba dispuesto a hacer tanto por ella. Aunque sabía que debía mantener la boca cerrada, Aria no pudo evitar responder: —No todo el mundo es tan sórdido como tú, ¿sabes? —Cuida

