Entonces Aria le arrebató la lencería y la arrojó sobre la cama. —Sal. Emma no esperaba que una muchacha tan joven se atreviera a hablarle así y se sintió humillada. —Será mejor que no me dejes atraparte de nuevo. —Ya veremos —respondió Aria con frialdad. Dejando esas palabras cargadas de enojo, Emma hizo un gesto y se llevó a los dos sirvientes. Las palmas de Aria estaban empapadas de sudor. Lo había resuelto sola… por sí misma. Cuando por fin aflojó los puños que había mantenido apretados durante tanto tiempo, Dereck apareció de repente en la puerta. Emma y las otras dos se sobresaltaron, casi perdiendo el equilibrio. —Señor Dereck… Dereck ni siquiera las miró. Su atención estaba fija únicamente en Aria. —¿Qué pasó? —preguntó. Le hablaba a ella. —Nada —respondió Aria de inm

