CAPÍTULO CATORCE

1093 Palabras
—Hoy irán al jardín del cerezo— habló el guardia. Sabrina asintió y se giró, seguido de eso fue al encuentro de la princesa. Como siempre mantuvo su distancia y se mantuvo alerta, asechando el peligro. Esta vez se habían reunido los tres príncipes y por ende Mael y Emily también se encontraban ahí. Sabrina estaba trepada al árbol, miraba con detenimiento el rostro de su amada princesa. Esta vez la princesa no se encontraba tan feliz, Sabrina estaba segura de que la princesa se sentía incómoda con sus hermanos. Los únicos que hablaba eran el príncipe heredero y la segunda princesa. Eliza solo se limitaba a mostrar una sonrisa forzada y pocas veces decía algo. Luego de un rato los sirvientes les llevaron algo de comida, los tres príncipes comieron lo que se les había llevado y continuaron divirtiéndose. La magia poderosa llegó de nuevo a las fosas nasales de Sabrina, el enemigo se acercaba rápidamente y esta vez no eran dos, sino que más bien eran unos veinte hombres. Sabrina se puso alerta, tomó su arco y buscó entre los árboles a los hombres. Una vez encontrados espero a que ellos dieran el primer ataque, así tendría motivos para a****r. Los hombres comenzaron a a****r a los guardias que custodiaban los alrededores, en ese momento Sabrina comenzó a a****r a lo lejos, derribando a unos cuantos. Los hombres lograron pasar la defensa de los guardias, al ver que Mael y Emily aún no se daban cuenta aún del peligro que los príncipes corrían decidió lanzar una flecha junto a Mael, así el sabría que el enemigo se acercaba y así podrían llevarse a los príncipes y salvarlos del peligro. Mael vio la flecha estamparse en el suelo, se agachó a recogerla y vio que en cuerpo de la flecha estaba escrito “El enemigo se acerca” con la letra de Sabrina. Se puso al acecho y discretamente se acercó a Emily. —Tenemos que irnos, alerta al otro guardia— susurró en su oído, después caminó hasta la casita en la que los príncipes se encontraban e interrumpió la conversación amena que tenían —Lamentó interrumpirlos, pero el rey ordenó que regresaran al palacio. Trato de mantener la calma para que los príncipes no se preocuparan sobre lo que pasaba —¿Ocurrió algo? —Para nada, es solo que está anocheciendo y el rey procura la seguridad de sus hijos. Los príncipes se pusieron de pie y salieron detrás de Mael. Ya que los tres guardias reales ya estaban alertados sobre el peligro Sabrina se sintió un poco más tranquila, ahora si podía pelear en serio. Con sus flechas mató a unos más, pero ellos, al ver que Sabrina atacaba, decidieron dispersarse. Haciéndole más difícil a la chica poder atacarlos. Al ver que ya no se encontraban dentro de su campo de visión se apresuró a moverse, ágilmente sobre los árboles. —¡AYUDA!— a lo lejos escucho la voz de Eliza. Se detuvo y se giró en la dirección del grito para poder ir a proteger a su amada. El lugar no estaba tan lejos y cuando llegó ahí vio que el guardia que se le había asignado a la princesa ya se encontraba derrotado en el suelo. El enemigo corría detrás de Eliza, misma que perdía fuerza en sus piernas gracias al miedo inmenso que sentía. En un momento la princesa cayó al suelo y solo miró como el hombre se acercaba a ella, con un cuchillo en su mano. Sabrina no iba a permitir que su amada fuera herida, en un veloz movimiento sacó su última flecha y la estampó en la garganta del hombre, este murió casi al instante. La princesa miró en la dirección de donde había venido aquella flecha que la salvó de morir. Sobre la rama del enorme árbol se encontraba la chica que le gustaba, Sabrina. Un alivio se formó dentro de ella, al fin estaba a salvo. Sabrina bajó rápidamente del árbol y corrió hacia donde la princesa se encontraba. —¿Estas bien?— preguntó preocupada. Una vez se encontró junto a ella comenzó a revisarla para rectificar que en verdad se encontraba bien. Eliza se desplomó a llorar y se aventó a los brazos de Sabrina, ocultándose en su cuello —Gracias por salvarme, en verdad creí que iba a morir. —Descuida, mientras yo esté cerca nada malo va a pasarte— Sabrina correspondió el abrazo, cuando Eliza se tranquilizó dejó de abrazarla y limpió las lágrimas que se habían quedado en las mejillas de la princesa —Volvamos al palacio ¿Está bien? Eliza asintió y luego ambas chicas se pusieron de pie, seguido de comenzar a caminar en dirección al lugar más seguro en ese momento. —No te alejes nunca más de mi— pidió la princesa. —Pero nunca lo hice— alegó Sabrina —Siempre estuve cerca, cuidándote. —Pues a partir de ahora quiero que estes al lado mío y por nada del mundo te alejes ni un solo metro. —Está bien, haré cualquier cosa que mi señora me ordene— decir eso hizo que Eliza se ruborizara y mirada en otra dirección. En un breve segundo una flecha salió disparada desde lejos, misma que se estampó en el abdomen de Sabrina. Sabrina se detuvo al sentir el dolor que la herida ocasionó, miró hacia su abdomen y vio la flecha estampada en ella. La princesa se detuvo al ver que Sabrina lo había hecho —¿Qué sucede?— se giró y la miró —¿Por qué no…?— no terminó su oración ya que vio cómo Sabrina caía de rodillas al suelo. Rápidamente corrió a donde la chica había caído y se rebajó a su altura —Ve… vete, por… favor— Sabrina hablo con dificultad —Aquí… es… peli…groso. —No me iré, ¿Cómo voy a dejarte sola aquí? —Yo voy… a estar bien. —No quiero irme— las lágrimas comenzaban a inundar a Eliza ¿Qué pasaría si la chica que amaba moría? ¿Quién iba a cuidar de ella a partir de ahora? —Escucha— Sabrina tocó la mejilla de Eliza —Tienes que… ir hacia el río— dijo, ya que ahí se encontraba su hermano Mael. —Ahí estarán todos… corre… tanto como… te sea posible— la miró fijamente y se acercó a los labios de la chica para besarlos —Te amo… Eliza— susurró y seguido una sonrisa se formó en sus labios.
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