—¿Qué?— el rostro de Eliza se ruborizó al escuchar tremenda confesión.
—El rostro de la princesa Eliza me hipnotizó desde el primer momento que lo vi— Sabrina se acercó de a poco a donde Eliza se encontraba —No he podido sacarla de mi mente, aunque sé que usted se casará pronto.
—No quiero casarme con él— susurró la chica —Como te lo dije, ya amo a alguien más— dio media vuelta, dispuesta a marcharse y entender la confesión de Sabrina.
—¿Quién es ella? ¿Qué fue lo que hizo para ganarse su corazón?— las preguntas de Sabrina detuvieron a la muchacha de marcharse.
Quiso explicarle que era ella a quien amaba, que Sabrina se había ganado su corazón y que cada que ella le decía algún cumplido trataba de no ruborizarse, que con solo mirarla se metía cada vez más en su corazón, que le fue inevitable enamorarse de ella.
Pero pese a que se encontraban a solas simplemente el miedo se apoderó y no pudo decir nada de eso —No puedes saberlo— dijo.
—Por favor— Sabrina caminó rápidamente y tomó la mano de la chica —Somos amigas.
—Pero no quiero decirte— se giró y la miró nerviosa. —No hace falta que lo sepas, es algo insignificante.
—Ya veo— Sabrina susurro decaída —No te molestaré más con ese tema— sonrió. Dio media vuelta y comenzó a caminar —Volvamos al palacio.
Eliza quiso decir algo más, pero simplemente no supo que. Caminó hasta alcanzar a Sabrina y ambas regresaron al palacio, en un silencio incómodo. Una vez estando dentro del palacio Eliza tomó rumbo a su habitación —Iré sola a partir de aquí— dijo y caminó más rápido.
(…)
De regreso al reino del cerezo Eliza pidió a su padre que le cambiara de guardia. Quería desaparecer el sentimiento que tenía hacía Sabrina y, quizá una vez dejándola de ver, el sentimiento se iría.
Sabrina se alistó y se encaminó hacia la alcoba de Eliza —Anuncie mi llegada— dijo al custodio una vez se encontró en la entrada.
—Lo siento— hablo el custodio —A partir de hoy ya no eres más la guardia real de la primera princesa.
—Pero ¿Por qué?
—No lo se— susurró el hombre —Recibí la información, misma que te he comunicad.
—Lo entiendo— sonrió y se giró para volver por el camino que llegó. Su corazón se hacía pedazos. La mujer que amaba la alejaba de una forma cruel.
—Sabrina— una voz masculina la llamo. Ella se detuvo y se giró para poder mirar a la persona que la llamaba —El rey desea verte— hablo uno de los guardias del palacio.
Ella asintió y caminó detrás del hombre. Una vez estando él la presencia de su majestad Sabrina y el hombre hicieron una reverencia —Dígame ¿Qué se le ofrece?, mi señor— preguntó la chica.
—Como bien sabes, mi hija me ha pedido que le cambie de guardia— hablo el rey estirando su copa para que el sirviente le sirviera más vino —No puedo negarme a una petición de mi hija, así que accedí y puse a un nuevo guardia para que la cuide— dio un sorbo a su bebida —pero no confío del todo en el guardia, no dudo que sus capacidades de combate sean excelentes, pero para mí tú eres la mejor candidata para cuidar de ella. Así que quiero que la cuides a la distancia.
—Pero ¿Como podré hacer eso? Necesito estar cerca de ella para poder protegerla.
—El guardia se encargará de eso, tu solo tienes que eliminar el peligro que se encuentre a su alrededor.
—Si es así como mi rey lo ordena, cumpliré su voluntad.
—Bien, me agrada que me seas leal— el rey sonrió —Ahora ve y cumple con tu trabajo.
—Así lo haré— Sabrina hizo una última reverencia antes de salir de la habitación.
Esta vez se dirigieron al bosque del cerezo, en donde Sabrina se había enamorado de la pelinegra de cabellos ondulados. Sabrina siguió las órdenes de su rey y siguió a la princesa a lo lejos, manteniéndose alerta de cualquier amenaza existente.
Al llegar a la orilla del rio la princesa comenzó a recolectar las flores que crecían a la orilla. Por su parte, Sabrina trepó a los árboles para tener un mejor campo de visión.
No había ningún peligro, el lugar parecía estar despejado; con buen clima y pacifico. No había mejor mañana que esa. Solo había un pequeño problema: Sabrina no podía estar cerca de Eliza.
Por fortuna no la habían alejado del todo y, aunque estuviera lejos, tenía la mejor vista de todas. Era inevitable no enamorarse cuando Eliza sonreía de esa forma.
Una magia desconocía llegó a las fosas nasales de Sabrina. Esto la hizo ponerse en alerta, buscando entre tantos árboles a los dueños de aquella magia poderosa. Cuando logró encontrarlos tomó su arco y una flecha y apuntó hacia ellos.
Estos dos hombres se dirigían en la misma dirección a la que se encontraba Eliza así que no dejó de apuntar. En el más mínimo contacto con Eliza Sabrina no dudaría en a****r, su misión era protegerla y no le importaba quien o que fuera el atacante, una vez le tocaran un pelo a Eliza su único destino era una muerte segura.
Un de esos hombres miró a Sabrina, él sabía la ubicación de la muchacha, pero ¿Como lo había d*********o si ella había sido cautelosa al subir?
Ambos hombres se frenaron y luego el que había d*********o la ubicación de Sabrina susurró al oído del otro hombre. Después de susurrar continuaron caminando. Desapareció en su magia y también lo hicieron ellos.
Sabrina los busco por todos los alrededores ¿Como era posible que dos sujetos hallan desaparecido en medio del bosque? Se nativo alerta, no debía permitir que esos hombres cumplieran su cometido.
Por los próximos minutos Sabrina se la pasó buscando a los sospechosos, pero después de desaparecer ya no hubo rastro de ellos.
Al atardecer, después de que la princesa lo ordenó, volvieron al palacio. Una vez estando ahí fue a la presencia de su rey y pidió que incrementaran la seguridad en el palacio, contó lo que vio en el bosque y el rey ordenó el incremento en la seguridad.
Así estaría toda la familia real a salvo y no solo ls primera princesa. Por días todo estuvo clamado, no había ningún indicio de peligro, por esa misma razón todos se confiaron y cuando el enemigo vio que todos estaban confiados decidieron a****r.