CAPÍTULO DOCE

1114 Palabras
—Entonces, Sabrina ¿Eres la guardia real de la princesa del reino del cerezo?— preguntó un hombre a la chica. Misma que se encontraba bebiendo en una de las tantas tabernas del reino del pino. —Si, así es— la chica dio un sorbo a su cerveza —¿Hay algún problema en eso? —Ninguno, para nada, no lo hay— el hombre se sentó al lado de la chica —Es solo que los nuestros te buscan— sonrió. —¿Quiénes? Se acercó a su oído para susurrar —Los Rokos— respondió la pregunta de la chica. —¿Qué? —Mus hombres se movilizaron por todo el reino del pino para encontrarte, si te matamos dejarás de cazarnos y así podremos cumplir nuestro cometido. —Es mi deber como cazarrecompensas, acabar con los criminales como ustedes— la chica se puso alerta para prevenir cualquier posible ataque del enemigo. Se puso de pie y pago su bebida, se dio la vuelta —No tengo tiempo de sobra, mi ama me necesita. Salió de la taberna y regresó al palacio del pino, ahí se encontraba su bella princesa y eso la ayudaría a olvidarse de lo que aquel hombre le había dicho. Caminó hasta la alcoba que se le asignó y entró, cerró la puerta y dio un suspiro mientras caminaba hacia el balcón. Pensó en lo que podría pasar si los Rokos llegaban a matarla. Aunque esa era una posibilidad nula ya que la chica era fuerte. No le dio tanta importancia y la verdad pensar por mucho tiempo la agotaba, regresó adentro y fue directo a la cama. Se acomodo y se puso a dormir. A la mañana siguiente se levantó muy temprano, el gran día había llegado, por fin anunciarían a la prometida del príncipe heredero, el matrimonio arreglado para el bien de dos reinos. Sabrina salió de su habitación, ya estaba bien presentable, portando su armadura bien puesta. Tenía que levantar el nombre del ejército del reino del cerezo. Caminó por el largo pasillo y llegó hasta la habitación que se le otorgó a la princesa, una vez estando frente a la puerta espero a que el custodio la anunciara y pudiera pasar. Quería ser la primera en ver lo radiante que seguramente estaría. Entró a la habitación y su vista se perdió en el radiante rostro de Eliza, su vestido le quedaba a la perfección y qué decir del pinado espectacular que las criadas le habían hecho. Parecía que la chica desprendía un brillo que deslumbraba a cualquiera que la mirara. —Estas radiante— Sabrina sonrió. Eliza la miró y sonrió también —También tú— susurró. —Es hora— Sabrina espero a que Eliza caminara para poder seguirla. Eliza asintió y caminó hasta salir de la habitación, Sabrina caminó detrás de ella y ambas se dirigieron al gran salón. Una vez estando ahí el guardia anunció a la princesa y el príncipe, quien ya se encontraba ahí, fue y tomó la mano de la bella dama. Sabrina sintió celos, por no ser ella quien tomara la mano de la chica. Eliza tomó la mano del príncipe y ambos caminaron hasta el enorme balcón, en donde salieron y miraron a todo el pueblo que esperaba impaciente desde temprano a que la futura reina se presentara. —¡CON USTEDES, LA PRINCESA ELIZA DE MUND, FUTURA REINA DEL REINO DEL PINO!— anunció un guardia antes de que Eliza saliera al balcón. El público la recibió con aplausos y gritos como "Viva la futura reina" y felicitaciones por el compromiso. A simple vista el rostro de Eliza estaba feliz, pero Sabrina sabía que la chica no estaba del todo contenta por el matrimonio f*****o que le habían dado. Eliza no amaba al príncipe heredero del reino del pino, ella jamás había sostenido una conversación con el hombre que se suponía iba a ser su esposo. ¿Qué tal si una vez casados no le agradaba la forma de ser de su marido? ¿Qué tal si ella no lograba enamorarse de él? ¿Qué pasaría con ella una vez se casara? ¿Volvería a ver a Sabrina? Una infinidad de preguntas se pasaban por la cabeza de Eliza, ella no deseaba casarse con alguien a quien no amaba o mejor dicho, ella no quería casarse con alguien que no la amara. Ella deseaba casarse con... ¿Sabrina? Pero ¿que clase de cosas pensaba? Sabrina era una chica y ella también. Un matrimonio así no sería bien visto y ella ya estaba comprometida con el heredero del reino del pino. El príncipe no dejó de tomar la mano de Eliza, él también fingía quererla, él no amaba a una princesa sobre protegida que no sabía hacer nada, el corazón del chico ya tenía dueño y su amor ya había sido correspondido, su adorada guardia se había robado su corazón, ella era todo lo contrario a Eliza y su algún día su padre se lo permitía se casaría con su amada y viviría feliz por el resto de su vida. El día anhelado para ambos príncipes jamás llegaría así que tenían que fingir ser felices para complacer a sus padres. Cuando la anunciación terminó Eliza se soltó rápidamente de la mano del príncipe y se giró, regresó adentro y miró a Sabrina —Vámonos— ordenó y continuó caminando. Sabrina asintió y la siguió por detrás. Caminaron hasta salir al jardín y fueron a pasear por ahí, el jardín era enorme, repleto de árboles de pinos enormes. —¿Crees que si le cuento a mi padre que quiero cancelar en matrimonio acepte?— preguntó Eliza a Sabrina. —No lo sé, aún no conozco por completo a mi rey— respondió la mujer. Eliza miró a Sabrina —Yo no amo al príncipe Bagrat, yo creo que estoy enamorada de alguien más. —¿Cree? —Si, ¿como te lo digo? Hay alguien que me hace sentir bien cada que está cerca, me siento diferente cada que la miró— al escuchar a Eliza referirse a una chica, Sabrina se sintió un poco celosa ¿Quien se había robado el corazón de su amada? —¿Quién es ella? —Espera ¿Como sabes que es una chica?— la princesa preguntó apenada. —Lo acaba de decir hace un momento, se refería a una chica. —Eso... no te lo dire, es un secreto y no puedo decírtelo. —Pues a mi me gusta la princesa Eliza— Sabrina soltó sin dudar. —¿Qué?— la confesión le llegó de sorpresa. No podía creer las palabras de Sabrina.
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