—Me encargare de entrenarte personalmente— Mael miró a Sabrina, misma que se encontraba cimiento al lado suyo. —Te enseñaré todas las técnicas de combate que aprendí de mi hermana. Te juro, era la mejor.
—Agradezco mucho su amabilidad, señor Mael— Sabrina le dio una sonrisa, por alguna razón, se sentía acogida en este lugar. Se sentía cómoda y bienvenida.
—Entonces, alistate— Mael se puso de pie y agradeció —Vamos a entrenar al mediodía— dicho eso se giró y salió de la cabaña en la que se encontraban.
Sabrina terminó su comida y después se puso de pie, agradeció al igual que Mael y salió, no sin antes encargar a su hermano menor a Emily. Ella con gusto accedió a cuidarlo, así que Sabrina tenía un peso menos. Podría entrenar con calma sin preocuparse por el bienestar de su hermano.
Sabrina tomó su arco y salió para encontrarse con Mael. Una vez llegó, Mael la examinó —Usas el arco, que bien— caminó hasta donde ella se encontraba —Veamos que tan hábil eres— miró al frente suyo —Dispara hacia ese punto de ahí— señaló la manzana que colgaba del árbol.
Sabrina tomó una flecha y se colocó en posición, miró su objetivo y exhaló antes de disparar su flecha. Creyó que daría en el blanco, su padre le había enseñado bien todo lo que debía saber acerca de cómo lanzar una flecha.
La flecha pasó al lado de la manzana, rozando la hoja que se encontraba al lado. —Falle— susurró, mirando a Mael.
—Lo hiciste bien— el hombre la miró — Te mostrare cómo hacerlo— Mael tomó el arco de Sabrina y también una flecha. Se paró herguido y separó sus pies. Acomodó anamsu flecha y después jaló la cuerda hacia el. Fijó su objetivo y, después de encontrarlo, disparó. Esta dio en el blanco, la manzana se movió y se desprendió de su lugar, la velocidad de la flecha hizo que esta, a su vez, se estampara en el tronco del árbol.
Sabrina miró a Mael, con cara de asombro y admiración —Usted es genial, señor Mael— dio una sonrisa. —¿Cómo puedo ser como usted?
—Mi hermana solía decir que los dones se esculpen con la práctica y el esfuerzo.
—¿En serio soy parecida a su hermana? Todos dicen que soy ella.
—Bueno, tus rasgos físicos son idénticos, pero tú personalidad no coincide con la de ella. Mi hermana solía ser una mujer ruda y no era benevolente con sus recompensas. Siempre mostraba una sonrisa y le gustaba ayudar a los que necesitaban su ayuda. En cambio, tú aún eres una niña y tienes un largo camino por recorrer y muchas cosas que aprender— Mael dio una sonrisa.
—¿Usted cree que podré ser como ella en el futuro?
—El tiempo lo decidirá— miró al frente —Ahora concentrémonos en el entrenamiento— devolvió el arco a Sabrina —Tu arco es de muy buena calidad, por ello es fácil atinar en el objetivo. Ahora— Señaló a la manzana que se había quedado plantada en el árbol. —Fija ese objetivo.
Sabrina asintió y tomó una flecha, La colocó en su arco y después jaló la cuerda. Dispuesta a disparar fue detenida por Mael —¿Lo hice mal?— preguntó mirándolo.
—Tienes que mejorar tu postura— Mael la corrigió y la acomodó —Al hacer eso, tú vista mejorara, más fácil darás en el blanco.
—Ya entiendo— La chica volvió a lo que hacía, se concentró y se paró erguida como Mael le había indicado. Apuntó a su objetivo y cuando lo localizó, disparó su flecha, esta acertó al árbol, pero no a la manzana.
—Bien— susurró Mael, un poco decepcionado del resultado —Sigue practicando— dicho eso se giró y se fue.
Sabrina solo lo vio marcharse y siguió intentando dar en el centro, pero cada flecha que lanzaba ni siquiera rozaba su objetivo.
(…)
—¿En donde está Sabrina?— preguntó Christ a Mael.
—Ella está entrenando— respondió Mael.
—¿La dejaste sola?— pregunto preocupado.
—No del todo, Cael está cerca de ahí. Sabrina necesita estar sola para concentrarse— Mael miró a Christ —Recuerda que mi hermana hacía eso y así aprendió mucho.
—Ella no es tu hermana, Mael— Christian lo miro.
—Lo se. Sabrina murió, yo mismo vi como su cuerpo se llenaba de llamas— Mael miró al cielo —Esta chica no es y no será nunca mi hermana.
—Tengo miedo que suceda lo de la última vez.
—Descuida, nada de eso pasará— Mael volvió a mirarlo —Al fin la dejé descansar, créeme cuando te digo que esta vez no me encariñare. Solo la volveré fuerte para que se enfrente a la vida.
—Confío en que así será, amigo.
—Tengo esperanzas en ella.
(…)
Sabrina seguía lanzando sus flechas, pero, pese a que ya había lanzado más de la mitad de sus flechas, pese a que había seguido las indicaciones de su maestro, no había podido atinar a su objetivo.
Eso no la detendría, ella debía dar, debía mejorar .
Tomó su flecha, siguió los movimientos de Mael, cerró los ojos y se concentró. Recordó lo que su padre le había dicho “Tienes que volverte uno con tu alrededor, activa tus sentidos, Sabrina”. Eso le serviría de ayuda, permaneció con los ojos cerrados, familiarizándose con su alrededor, captando con su iodo todos los movimientos que había, también con su olfato, conociendo la ubicación de algunos mágicos que se encontraban a los alrededores, sintiendo el arco en sus manos y las gotas de sudor bajando por su frente.
Cuando creyó que era el momento, abrió esos ojos azules y, en un veloz movimiento, lanzó su flecha. Ya había fijado su objetivo y ahora, su vista le había favorecido. La flecha traspasó la flecha que Mael había lanzado y, finalmente, había podido dar en el blanco.
—Si— celebró victoriosa. Dio pequeños brinquitos en su lugar.
Después, siguió practicando, fijo más objetivos, a los cuales acertaba con gran facilidad. Cuando tomó la última flecha y la lanzó, ya había atardecido y el sol comenzaba a ocultarse.
Exhausta miró a su alrededor y vio que todas las flechas lanzadas habían acertado. Eso la hizo sentir grande.