CAPÍTULO VEINTIUNO

1158 Palabras
El camino fue largo, pasando por lugares que Sabrina no había visto nunca. El primer reino que pasaron, después de salir del reino de los mágicos, fue el reino fungí. Ese reino en el que no reinaba nadie, sino que todos eran su propio soberano. Los habitantes eran hadas y duendes, conviviendo pacíficamente. —Guau— la chica estaba sorprendida, jamás en su vida había visto algo parecido, la amplia vegetación y la diversidad de colores, todo eso era un lugar hermoso —Es maravilloso— miró al chico mayor —No puedo creer que haya estado perdiéndome todo esto. —Pues sinceramente, para mi el reino del cerezo es el reino más lindo de todos— dijo el mayor. —Si, porque ahí vive tu amor no correspondido— el menor dijo entre risas. —Guarda silencio— dijo el mayor ruborizado. —¿Qué es un amor no correspondido?— cuestionó. —¿No lo sabes?— el menor la miró y ella negó —Es cuando una persona ama a otra, pero esta no conoce tus sentimientos o si los conoce no siente lo mismo por la persona. —¿Esa persona conoce tus sentimientos?— pregunto la chica mirando al mayor. El menor rió —Esa persona ya lo rechazó diez veces— siguió su risa sin cesar, burlándose del amor trágico de su hermano. —¿En serio?— miró al mayor sorprendida —Si yo fuera ella ya habría correspondido los sentimientos de alguien como tú— dio una sonrisa. —Ella no piensa lo mismo— susurró él mayor aumentando su paso. El solo pensar en el bello rostro de aquella mujer lo hacía poner mal, si tan solo él perteneciera a alguna familia noble o a la familia real, podría siquiera poder pedirla como su esposa en un bien para los reinos. Si tan solo él no llevara una sangre mestiza y fuera completamente humano, ella podría aceptarlo. Aunque eso no podría ser posible, aquella era una princesa y él era solo un plebeyo. —Bueno, no sé tú, pero yo haría algo para ganarme el corazón de la persona que amo— Sabrina se acopló al paso del mayor —Digo, no he encontrado a quien amar aún, pero cuando lo encuentre voy a hacer lo posible para estar juntos y felices— lo miro, pero la frustración era lo único que se reflejaba en su rostro —Dime algo ¿ella siente lo mismo por ti? —Para desgracia de mi hermano— hablo el menor —ella es una princesa y nosotros somos plebeyos que pueden ser catalogados bandidos en muchos reinos. Ella le dijo que no podían estar juntos porque su padre no lo aprobaría. —Pues eso no es un impedimento— apresuró su paso para poder sentarse bajo el enorme árbol —la locura puede ganar en muchos de los casos y si estas demente y no piensas adecuadamente puedes huir con ella, a mi reino, por ejemplo. —Andando, no hay tiempo de descansar— dijo el mayor, pasando de largo a la muchacha —Pasamos por el reino fungí y ahora estamos a las orillas del reino del roblé. Si desean seguir con vida escondan sus orejas y será mejor que ocultes y protejas muy bien a tu hermano, Sabrina. —Tu hermano es todo un gruñón— Sabrina susurro al oído del menor. —¿Apenas lo notas?— preguntó el menor —Everett es un idiota. Siempre hace lo que nuestro padre le dice y jamás hace algo por lo que él se sienta feliz— un nudo comenzó a formársele en la garganta —Mi padre nos prohibió venir, pero yo logré convencerlo y desobedecimos sus órdenes. Él me detesta ahora, aunque no lo parezca. —Se que apenas he vivido poco, pero mi padre solía decirme que yo tenía que hacer lo que mi corazón dilatara, no lo que los demás esperaban que hicieras. —Caminen más rápido— Everett se detuvo y se giró —no quiero estar encadenado de nuevo, así que les pido amablemente que se apresuren o voy a dejarlos atrás— la molestia estaba reflejada en su rostro. Los dos restantes guardaron silencio y caminaron rápidamente y ara poder acoplarse a su paso. Después de casi un día lograron llegar a la frontera con el reino del sauce, ahí también debían mantener un perfil bajo y no debían llamar la atención. Ambos reinos estaban en guerra, por ello, muchas más personas de las que se era imaginable, perdían la vida diariamente. Los mágicos eran los esclavos que peleaban, así los humanos no tenían tantas bajas. Los reinos se encontraban en unas condiciones deplorables y la hambruna estaba presente en cada pueblo que pertenecía al reino. Sabrina no podía entender ¿cómo era que alguien podía vivir así? Jamás había visto algo igual, pero no quería estar en el lugar de aquellas personas. Ella ya había visto de todo, hubiera deseado no haber salido nunca de su reino, ahí todo era armonioso y jamás se vio tal cosa como la hambruna o las guerras. Llagaron a las tierras de nadie, donde todos los soldados caídos permanecían sin recibir un sepulcro adecuado, con un montón de moscas posándose sobre los muertos y sin nadie que ayudara a esas personas heridas. —Ya no quiero seguir— dijo ella, con las lágrimas a punto de desbordarse. —Esto es cruel y horrible. Ya no quiero mirar más. —Tranquila— el menor tomó los hombros de la chica, misma que se había quedado estática, mirando hacia el suelo —Estos reinos no son los mejores que visitaremos, después de estos están los mejores reinos y el nuestro queda al final, así que podemos ver todos los que aún faltan. —Pero ¿Si son como estos? —No pueden serlo— habló el —Esos reinos son aliados y nosotros no somos esclavos en ellos. —Mi padre debió advertirme sobre lo que vería. —Ya viste lo peor— hablo el mayor —Eso es lo que hemos vivido desde que los tuyos nos abandonaron aquí. —No tuvieron elección— susurró ella. —Claro que la tuvieron, pero ellos fueron egoístas y vieron por sus propios intereses. —No conoces la verdad, nadie conoce la verdad y por eso creen que nosotros somos los malos aquí. —Y ¿No lo son? —¡No!— Sabrina comenzó a alterarse, comenzando a liberar el enojo que se acumulaba dentro, comenzando a liberar esa magia poderosa que albergaba su interior —¡SOLO PROTEGEMOS A LOS NUESTROS, NOSOTROS NO QUISIMOS ABANDONARLOS, ELLOS NOS OBLIGARON A RETROCEDER! —¡PUES NO TE CREO!— el también se altero. —¡BIEN, PIENSA LO QUE QUIERAS! Caminó rápidamente y los dejo atrás, esos sentimientos comenzaban a cosumirla y estaba segura que si no se controlaba, acabaría lastimándolos.
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