CAPÍTULO TRES

1302 Palabras
Sabrina anuló su magia y los hombres cayeron todos apilados al suelo. Al escuchar el ruido del golpe, originó que el anciano los volteara a ver —Pero si son mis cazarrecompensas favoritos— dejó de limpiar su espada y la puso sobre la barra de madera. —Hola, viejo— saludo Sabrina. —Venimos por otra recompensa. El viejo miró detrás de los chicos —Valla, ese es un gran botín ¿Ustedes los derrotaron a todos ellos? —¿Duda de nuestras habilidades?— cuestiona Sabrina —Usted sabe que hemos derrotado a bandidos con recompensas más grandes a esa. —Es cierto— el viejo se dio la vuelta y caminó lentamente —Hay, estos pequeños, aún recuerdo cuando vinieron por su primera recompensa. Eran tan pequeños que dudé si en serio ustedes lo habían vencido— tomó las llaves y abrió la bodega en donde estaban las monedas —Aquí tienen, sus diez mil Bols por cada cabeza, que eso sería un total de noventa mil Bols— puso el saco con las monedas en el mostrador. Mael tomó el saco y sacó cinco de las monedas, las puso en el mostrador y luego volvió a cerrar el saco —Muchas gracias, viejo— caminó y detrás de él lo siguió Sabrina. —Nos vemos luego— Sabrina se despidió alzando su mano, el viejo solo sonrió y continuó limpiando su espada. (...) —¿Es eso cierto?— cuestionó el soberano del reino del cerezo —¿En verdad nos traicionaste y pusiste en peligro la vida de la primera princesa? —Yo no quise— el soldado se encontraba de rodillas, suplicando por su vida. —Perdone mi vida, por favor. —Es suficiente, llévenlo al calabozo y háganlo pagar por su crimen— tomó su copa de vino y le dio un enorme trago —Entonces ¿Dos cazarrecompensas los ayudaron?— pregunta al soldado que se encontraba reverenciado a su costado. —Así es señor—, responde el hombre —Según mis informantes son muy conocidos y temidos en toda la región. Son más conocidos como los hermanos Fénix y han entregado a los criminales más peligros de la región. Comenzaron a ser cazarrecompensas desde que tenían diez años. —Ya veo, necesito que los traigas a mi presencia cuanto antes. —Si, su majestad— susurró el hombre y salió del lugar en el que se encontraban. El hombre desplegó a sus subordinados y luego comenzaron a buscar a Sabrina y su hermano por todo el reino. (...) —Woa— Sabrina estaba maravillada —Hay muchos frutos rojos aquí— se acercó a uno de los tantos puestos —¿Cuanto por el fruto rojo?— preguntó. —Tres mil Bols, jovencita— respondió la mujer, Tomó la canasta y pago con tres monedas del dinero que su hermano le había dado. —Oh, esto es tan dulce y delicioso— metió cuatro de esos redondos y pequeños frutos dentro de su boca, llenándola por completo y comenzó a degustarlos —¿Quieres uno?— estiró la canasta a su hermano. —Eso sabe horrible, no sé cómo no te has muerto hasta ahora por comerlos. —Bien, más para mi— trago los que había masticado y luego metió más —Por cierto, aún no conseguimos la herbolaría para terminar tu ungüento. —Lo conseguiré más tarde. Así que no te preocupes por eso y vallamos a comer— el chico caminó más rápido. Al llegar a la tienda en donde siempre comían un niño entró corriendo —Los hermanos Fénix están aquí. La mujer que limpiaba la mesa dejó de hacerlo y fue a recibirlos a la puerta —Que alegría volverlos a ver— abrazo a Sabrina y luego a Mael —Pasaron tres semanas desde que no los vemos por aquí. —Fuimos al reino del olivo y nos demoramos más tiempo del planeado en regresar. —Mis pequeños viajeros— dice la mujer —Pasen y siéntense en donde ustedes deseen, en un momento más les traeré lo que les gusta— se retiro y luego de un rato regresó con dos platos grandes de sopa de hongos y dos tarros de cerveza —Aquí tienen y coman despacio. —Gracias Molly— agradecieron ambos antes de comenzar a devorar el contenido del plato. —Los guardias reales están aquí— el niño volvió a entrar para informar a las personas. —Pero casi nunca vienen a este lugar ¿a que han venido? Uno de ellos entró a la tienda en donde estaba Mael y Sabrina comiendo —Los hermanos Fénix— se acercó a ellos —El rey ordena su presencia en el palacio así que apresúrense y vengan conmigo. —¿Y si no queremos?— cuestiona Mael poniéndose de pie —¿Qué harás? —Usar la fuerza— respondió el soldado. —Vamos, Mael— dijo Sabrina terminando de beber el contenido del tarro —El rey solicita nuestra presencia— tomó su arco y se lo colgó en la espalda, sacó diez monedas y las puso sobre la mesa —Gracias por la comida, Molly— dijo antes de salir del lugar. Mael hizo lo mismo que ella y comenzó a caminar al lado de su hermana —¿Por qué?— preguntó a lo bajo. —Quiero conocer al rey, solo eso. —Si claro— dijo el chico mirando al frente y continuando caminando. Al llegar al palacio los guardias escoltaron a los hermanos hasta el salón principal, en donde se encontraba la familia real. —Su majestad— el guardia hizo una reverencia —Los hermanos Fénix están aquí. —Tráelos— dijo el soberano y seguido de eso los hermanos entraron al salón y comenzaron a caminar hasta posicionarse en frente de ellos. —Su alteza— Sabrina saludo y luego hizo su reverencia al igual que su hermano. —Tengo entendido que tú y tu hermana salvaron a mi hija de los bandidos— se dirigió a Mael. El soberano pensó que, al ser Mael el más fuerte de los hermanos, él los había derrotado a todos. —Yo no fui quien la salvó, en realidad mi hermana fue quien mató a sus persecutores. —¿La chica?—Mira a Sabrina. —Puedo hacerle una demostración de cuán hábil soy, su majestad. —Mi hermana misma fue quien me entrenó. —Y ¿Donde aprendiste todo eso?— cuestiona el soberano. —Un viejo soldado me enseñó durante dos años y medio, cuando cumplí ocho me dediqué a enseñarle todo lo que había aprendido a mi hermano y cuando cumplimos diez comenzamos a cazar bandidos. —Excelente, me encanta que mis soldados tengan un espíritu guerrero como el suyo así que quiero proponerles algo— el soberano se removió de su lugar y luego se dirigió a donde los hermanos se encontraban —quiero que ustedes dos se enlisten en mi ejército. —¿En serio?— los hermanos se miraron entre sí. —Así es. —Pero nosotros somos plebeyos. —Eso no importa, jamás me he fijado en eso y mi ejército está conformado tanto de nobles y plebeyos. —m*****o Enano, nos mintió entonces— Sabrina apretó el puño. —Voy a golpearlo cuando vuelva a verlo. —¿Qué? ¿Por qué se pone así?— pregunta el soberano a Mael. —Cuando cumplimos la edad adecuada quisimos enlistarnos al ejército, pero alguien nos dijo que no aceptaban plebeyos así que nosotros no intentamos siquiera enlistarnos y continuamos siendo cazarrecompensas. —Entonces ¿se enlistaran? —Por supuesto que si— respondió Sabrina —Ese ha sido nuestro sueño desde pequeños. —Bien, entonces ordenare que los integren al campamento.
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