Capítulo 30-2

2031 Palabras

No pasó nada. Había dos fardos. En cuanto colocó uno, corrió a por el otro. El sudor se le pegaba a la espalda y se quitó el abrigo, a pesar de la lluvia. Si pudiera tomarse su tiempo, entonces no sería tan debilitante, pero no tenía opción. En cualquier momento podía llegar un coche y si los dos fardos no estaban en su sitio, extendidos a lo largo del carril, todo habría quedado en nada. Apretó los dientes y levantó el segundo para que se uniera al primero. Volvió a colocar el amasijo de ramas rotas y retorcidas a lo largo del carril cercano para que cualquier vehículo que se aproximara tuviera que chocar contra ellas, descontrolarse y quedar a su merced. Satisfecho con la colocación, volvió a meterse en la zanja, sin aliento, y se secó la cara con un pañuelo. Soltó una pequeña plegari

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