Dia sabado, luego de toda una semana trabajando, pero diferente al resto porque si tenia animos de ir a la oficina.
Estacioné mi automóvil a unas cuadras del edificio y bajé para ir caminando, pues no debia levantar sospechas. Tampoco usaba traje o algo por el estilo.
Con un jean, zapatillas, camisa blanca y una chaqueta. No quería llamar la atención, pero sin dudas lo hacia, la gente de mi alrededor me miraba, especialmente mujeres, de las cuales no estaba interesado.
Mi interés estaba a unas cuadras.
Entré por la parte de atrás, con cuidado y en silencio. Me dirigí directamente a la oficina de Lamas. Alli si debia tocar la puerta.
-Adelante.- habló.
No tardé nada en abrir la puerta y encontrarme con la espalda de Lean, el cual ya estaba sentado frente del escritorio de Lamas.
-Toma asiento Traviz.- ordenó el jefe.
Me dejé caer al lado del castaño, el cual me miró y sonrió, arrogante como siempre.
-Buen dia Traviz.
Tambien le sonreí.- Buen dia Lean.
-Bien, por lo menos se saludan y sonrien.- dijo Lamas.- Me quedo tranquilo.
-¿Tranquilo?.
-Pensé que se llevaban mal. A todos mis empleados los vi hablando con cada uno, pero nunca entre los dos.
-No se preocupe, Lamas.- dijo.- No hablamos porque no tuvimos oportunidad, pero ahora la tenemos y... hablaremos.
Ese hombre... sus palabras iban más para mi, que para Lamas.
-Nos llevaremos bien.. demasiado bien.- comenté con la misma tonalidad.
-Me alegra oir eso.- Lamas sonrió con nosotros, aunque no de la misma manera.
Esto seria demasiado interesante.
-Bien, saben que si los llamé aqui y a los dos es porque son mis mejores hombres.- Lamas se puso serio.- Es un trabajo importante.
-¿Alguien poderoso?.- pregunté.
-Si. Nuestro cliente es la esposa del señor Gliin, el dueño de la cadena de supermercados.
Lean silvó.- Gente poderosa.
-Lo son, asi que espero que tomen muy seriamente este trabajo. Ella vendrá en 10 minutos y les dará todos los detalles
-No se preocupe Lamas, nos lo tomaremos seriamente.- dije dandole seguridad.
-Confio en ustedes, por eso los escogí para el trabajo.
-Es un honor señor Lamas.- Lean habló serio.
-Bien, ahora los dejaré aqui.- Lamas se puso de pie.- Abran la puerta cuando llegue, sean caballeros, comoden su silla y ofrezcanlé algo de beber.
-Si señor.- respondimos ambos al mismo tiempo.
Lamas soltó una carcajada y salió de la oficina.
Quedé solo con Lean.
Aclaré la garganta.
-¿Que piensas sobre trabajar juntos?.
Giró su cabeza y sonrió coqueto.
-Me parece interesante. Me gusta la idea de pasar tiempo contigo.
-Es un honor. Lean contento de pasar tiempo conmigo.
Lean soltó una carcajada y puso su mano en mi rodilla.
-Es usted muy vanidoso, señor Traviz.- susurró.
-No pienses esas cosas.- contesté tomando su mano para subirla por mi muslo.- Para mi tambien es un placer tener tu compañía.
Su mano no ponia resistencia y se estaba dejando; cuando estaba punto de tocar mi entrepierna, la puerta fue tocada.
Bufé y solté a Lean.
-Una lastima.- rió ladino y levantándose con movimientos delicados.
Seguí con mis ojos todo lo que hacia, especialmente como se novia su trasero, hasta que la puerta se abrió, y me vi obligado a levantarme para hacerle una reverencia a la señora Gliin.
-Buen dia.- dijimos juntos mientras nos dabamos una mirada cómplice.
-Buen dia.- dijo con educación la señora y se sentó en la silla que le ofrecí.
-Me presento.- dijo Lean.- Soy Celles Lean y el es mi compañero Dlass Traviz.
Mocoso... yo siendo superior deberia presentarlo a el, no al revés.
-Lo se.- dijo nuestra clienta.- El señor Lamas me los recomendó, espero trabajemos bien y tengamos resultados.
-No se preocupe señora, como sea conseguiremos el resultado que quiera.- dije.- Somos todo oidos para usted.
-Haciendolo breve, quiero que separen a mi hijo de su noviecito y hagan que se enamore de la mujer que elegí para el.
Nos quedamos en silencio mientras ella sacaba una carpeta de su bolso y la puso en el escritorio. La tomé rápidamente y comencé a hojar. Alli estaba toda la información de "Gliin Michael" "Letón Nicolás" "Kim Tamara", información personal y muchas más cosas que definitivamente fueron obtenidas por un detective, bastante profesional.
-Por seguiridad les pediré que memoricen todo ahora.- dijo llamando mi atención.- debo llevar esta carpeta a destruir.
¿Ahora? Pero...
-No se preocupe.- dijo Lean.- Soy bueno memorizando.
Descaradamente se acercó a mi, apoyo su mejilla en mi hombro, sus cabellos hacian cosquillas en mi cuello. Aprovechando estar cubierto con la mesa, puso su mano otra vez sobre mi muslo.
Intenté concentrarme en las páginas de aquella carpeta, pero su mano subia y quedó a milímetros de mi entrepierna. El maldito no parecia tener intención de subirla.
¿Como concentrarme asi?
La señora Gliin aclaró la garganta y cuando levanté la vista, nos miraba seria. Con disimulo aparté a Lean de mi y solo asi pude memorizar un poco de todo aquello.
-¿Listo?.- preguntó unos 20 minutos después.
-Si.- contesto Lean entregandole la carpeta.
-Bien.- de su cartera sacó un sobre grande.- aqui está su primera paga, por favor hagan todo lo antes posible.
Quedé impresionado ante el alto de aquel sobre. Se veia una cantidad grande de billetes.
-No se preocupe.- dijo otra vez.
La señora Gliin se puso de pie e hizo una reverencia. Nos levantamos con ella y le abrí la puerta para que saliera de la oficina.
Me giré hacia Lean una vez que quedamos solos.
-¿Que es esa manera de tocarme cuando estamos con un cliente?.- le pregunté y di un paso hacia el.
Sonrió de lado.
-¿Tocarte?.- preguntó con falsa inocencia.- Nunca te toqué.
Sonreí también.
-Entonces...- bajé mi mano hasta el costado de su pierna.- ¿Esto no es tocar tampoco?.
-No.- lamió sus labios.- Y ya que estas ahi ¿Puedes sacar el paquete de cigarrillos?.
Subí un poco mano, sintiendo lo dura que tenia quella pierna. Llegué a su bolsillo y con lentitud entré , sabia que estaba cerca de su entrepierna.
La respiración de Lean se volvio irregular.
Opté por tomar la caja de cigarrillos y alejarme.
Me miró con una ceja alzada y yo le sonreí de la misma manera que el lo hacia.
-¿Por que me miras asi?. Hice lo que me pediste.
-Asi que ese es el juego que elegiste.- sacó un cigarrillo y lo encendió.- ¿Quieres?
-Me gustan de los que pegan más fuerte.- me encogi de hombros.- Además aqui dentro no se puede fumar.
-Pues vamos, podemos conseguir de los que te gustan...- caminó y salió de la oficina.
-Debemos trabajar, no podemos hacer eso.- lo seguí.
-¿Quien dice que no? Te falta diversión Dlass Traviz.
Salimos del edificio y fuimos al estacionamiento. Alli habia pocos automóviles, entre ellos los de nosotros.
-¿Piensas irte?.- levanté una ceja.
-¿Quieres que me quede contigo?.
-Debemos trabajar.- me encogí de hombros.- Recuerda que segun esa carpeta, Letón y Gliin iran a una discoteca.
-Aun es temprano.- se cruzó de brazos y se apoyó en su coche.
Puse los ojos en blanco.
-Debemos planear todo.
Lean soltó una risa ronca.
-Estas desesperado por estar conmigo.- lamió su labio.- No te culpo, soy muy guapo.
Bufé.
-¿Realmente te iras?.
-Si.- se apartó del coche y abrió la puerta.
-¿Que pasara con lo que debemos hacer?.
-Creo que no estas entendiendo Traviz, tu debes venir conmigo.
-¿Por que lo haria?.
-¿No te parece raro el comportamiento de esa mujer? Está loca si piensa que sabremos que hacer con solo 20 minutos con esa carpeta.
-¿Que piensas hacer?
-Vamos a buscar información por nosotros mismos.- sonrió.- Iremos a buscar a los implicados.
-Pensé que eres bueno memorizando.
-¡Traviz me sorprendes!. Sabes que en este trabajo, mentir es fundamental.
-Buen punto.- admití.- Recuerdo donde vive Letón Nicolás , iré por el.
-Asi me gusta. Yo iré por Gliin Michael
-¿Luego?
-Podrias darme tu numero.- me miró de arriba a abajo.- Y coordinamos luego.
-Manera ingeniosa de conseguir mi numero.- me acerqué a el y estiré mi mano. Lean sacó el celular del bolsillo, lo puso en mi mano y anoté.
-Gracias, guapo.- entró a su coche.- Espera mi mensaje.
Luego de guiñar el ojo derecho, arrancó.
Pude suspirar como queria, pues ya podia soltar todo lo que tenia dentro.
Ese juego que estaba comenzando a hacer con Celles Lean, era excitante e intenso. Pero tambien algo cansador... no estaba acostumbrado a jugar asi; pues siempre los hombres con los que estuve, nunca se hacian de rogar o esperar, ellos directamente se metian en mi cama.
Subí al coche y conduje hasta donde vivia Letón Nicolás