Capitulo 8

1832 Palabras
Narra Alejandro   Tenía un montón de sentimientos encontrados. Me he pasado toda mi vida siendo un buen hombre, porque realmente el mundo así me necesita. No voy a decir que no he hecho cosas malas, claro que sí. Todos hemos hecho travesuras y nos hemos desviado del buen camino en algún momento de nuestras vidas, pero, yo estaba convencido de que quería ser ese chico bueno que se merecía Violet y no me hacía falta conocerla de hace años, no tengo que tener toda una vida tratándola para saber que mi corazón late muy fuerte cuando estoy con ella.   -Te noto algo ido, ¿te sucede algo? - escuché a mi colega Patrick preguntarme   Lo miré sacudiendo mi cabeza   Negué de inmediato   -No, para nada- dejé sobre mi escritorio la libreta y el bolígrafo que usaba para mis consultas.   Miré la hora en mi reloj.   -Si, te noto como nervioso o algo desesperado. ¿Qué es lo que te pasa? - volvió a preguntarme   -Faltan diez minutos para mi consulta con Violet- le contesté   Me miró y se cruzó de brazos   - No puedo creerlo, ¿acaso no te basta con el darle empleo también? - me cuestionó   -Que tiene de malo? ¿Eso te afecta en algo? - le pregunté   -No, para nada. Tiene el día de hoy y la he visto desenvolverse muy bien, es solo que creo que te has obsesionado con ella- me habló   -No utilices la palabra "obsesión" porque es tóxica y no es lo mío. No opines en esto, es lo mejor -   -Pero que dices? ¡Somos amigos de toda la vida y nos contamos todo! - me habló ofendido   -Creo que este tema sólo traerá problemas en nuestra amistad, además, no tengo por qué decirte nada sobre ella fuera de lo laboral. Eso no es de hombres- le contesté   Yo siempre he sido muy reservado con el tema de las mujeres e instruyo a todo jovencito que vea en plena adolescencia. Lo que haces o hablas con una dama no se cuenta más hacia delante.   Es una regla de oro.   -Vas a dejar que una mujer rompa nuestra costumbre? ¿Y más ella? - tuvo la desfachatez de decirme   -Ten mucho cuidado a lo que te refieres cuando hables de Violet. ¿Qué pasa con ella? ¿No que tu querías ayudarla también al principio? Tu solo querías fama en este pueblo, Patrick- le enfrenté   -No te vayas por ese lado, Alejandro. Es solo que te veo demasiado hundido en ella, ¿qué dirá la gente? -   -Que me importa lo que diga la gente, eso eres tú que vives del que dirán- le contesté   Negó con su cabeza   -Sal de mi consultorio- le ordené antes de que hablara otra estupidez.   -Claro. Se me olvida que tú eres el jefe de este hospital y puedes hacer lo que gustes, contratar y despedir personas cuando quieras- dijo antes de salir cerrando la puerta muy fuerte.   Respiré profundo. Él no acabaría con mi paciencia.   A veces pienso que me habla con rencor o cierta envidia, desde niños puedo sentir que de vez en cuando cree que nuestra vida se trata de una competencia, suerte o favoritismo, y no es así.   Me asomé a la puerta, justo estaba solita sentada en los asientos de espera.   -Violet, no tienes que esperarme ahí sentada. Simplemente pasas y ya- le dije no pudiendo evitar sonreír   Ella me devolvió la sonrisa apenada   -No sé si estabas ocupado- me contestó en su defensa   -Eres mi secretaria, podías pasar sin problemas - le dije mirándola entrar a mi consultorio   -Ya mi hora de trabajo pasó, ahora soy su paciente- me dijo con ese no sé qué en sus ojitos. Era nuevo en ella.   -Tienes razón, ¿cómo te ha ido hoy en tu primer día de trabajo?, cuéntame cómo tu doctor que soy- le dije sentándome frente a ella.   -Creo que me ha ido bien, he sabido brindarles una sonrisa a todo el que me pide ayuda y he anotado todo a la perfección para que no me olvide - me contestó entusiasmada   -La gente al parecer no se recuerda de mi- emitió   Negué con la cabeza   -No todos son chismosos aquí, otra cosa es que solo algunos te juzgan por lo que pasó, por eso siempre te he dicho que lo que digan dos o tres no tiene por qué importarte- le dije mirándola a los ojos   -Lo sé, ya lo he memorizado- me contestó   Asentí   -Muy bien y como te has sentido hoy? Tu ánimo. ¿Como se siente tu corazón? - le pregunté poniendo mucha atención   -Me he sentido más llena de vida de lo normal- hizo una pausa   -Como debe de ser. Tu estabas acostumbrada a vivir sumergida en una depresión, en pensamientos malos y negativos que solo te hundían más. A medida que vayas soltando todo aquello que te arrastra y te hunde entonces te sentirás cada vez mejor. Comenzarás una vida nueva, Violet- le dije sintiéndome entusiasmado porque veía en ella un pequeño cambio.   Aquí abrimos un paréntesis para recalcarles que siempre se debe dejar ir todo eso que nos provoca infelicidad e inseguridades. La madre de Violet a pesar de que es la mujer que le dió la vida no hacía más que hundirla en sus propias lágrimas, en un vacío inmenso del que no iba a poder salir sin ayuda. Todo por aquellas doctrinas y pensamientos arcaicos con los que se han quedado mucha gente.   Por eso, es bueno saber elegir las mentes con las que compartimos nuestras ideas y emociones, ¿saben por qué? Porque es muy desagradable vivir rodeados de personas con el cerebro vacío que, en vez de sumarte, solo te restan.   -Te juro que me voy con otro ánimo hoy, me he vuelto a sentir viva otra vez, he soltado un poco eso que tenía guardado y me impedía ser yo-   -Y aún tienes que soltarte más, has dado un gran paso y sé que será grandioso tu desempeño en este lugar. Pero te hablo claro, no todo será como hoy, habrán días donde la gente te juzgará porque estás trabajando aquí, donde andando por las calles te seguirán mirando mal y tú tendrás que brindar seguridad al máximo siempre, porque lo que la gente quiere es verte mal, y tú debes de estar bien. Escúchame bien, siempre arriba, nunca en el suelo- le dije mirándola fijamente a los ojos sintiendo esa conexión infinita que nos unía.   Después de aquella noche en la que compartimos aquellas hamburguesas que besé sus labios. no he podido olvidarme de su sabor y el aroma que desprendía su cabello.   No he podido mirar aquellos ojos y sentir mi piel erizarse al recordar aquel día sentados en aquella fuente donde intercambiamos más que besos, creo que también nos dimos nuestras almas.   Yo les digo mujeres, que nunca crean que el hombre indicado es aquel que le pide pruebas de amor, ¿acaso esa es la única manera que existe? Hay tantas formas de pasar bien el rato para darse cuenta cuando hay química o no. Por ejemplo, salir a montar bicicleta, sentarse a comer un helado, admirar un atardecer juntos, realizar alguna labor social en grupo. Todas esas cosas que ya les mencioné son también pruebas de amor.   Siempre cuida tu cuerpo.   -Gracias, créeme que cada vez que cruza algo negativo por mi mente, es en ti en quien pienso- me dijo poniéndome el corazón a bombardear más rápido de lo normal.   Tal vez me encuentren muy sensible o cursi, pero no soy el tipo de hombre rudo que se resiste ante una mujer y se hace creer que soy el que manda. Yo nací para complacer a la mujer en todos los ámbitos, nací para hacerla feliz porque no tengo corazón para herirla.   Así que, no se sorprendan que con ella me desvanezca, esos ojos son los causantes. Los he visto llorar, los he visto rotos y mi objetivo es admirarlos brillar.   -No sabes lo bien que me siento sabiendo que estoy causando un bien en ti- le contesté   Ya sé que esa noche la besé y fui muy coqueto con ella, también me imagino que se hacen la pregunta de, por que no la he besado otra vez y es que, tienen que llevarme despacio porque no la quiero asustar o hacerla sentir como que la hostigo.   La miré sonreírme a medías atrapándome en aquel hermoso gesto de su parte.   - Pronto empezaremos a tratar lo que son tus recuerdos y el amor hacia ti misma- le dije anotando en mi libreta de apuntes.   -Recuerdos sobre qué? - me preguntó   -Tu ciclo sobre lo qué pasó con aquel joven, aún no lo cerramos. Pero no te preocupes, no hablaremos de eso hoy - le dije para que no fuera a gastar energía preocupándose por aquel suceso.   -Ya no hablamos de eso? - me preguntó   -Justo ahora estoy notando que no han sanado esos recuerdos, duelen aún - emití   -Hablando mucho de ellos sanarán? - me preguntó   -No, pero busco que un día hasta en vez de llorar por ellos, te rías a carcajadas- le hablé   -Estoy segura de que me reiré contigo de eso algún día, así como dices- me dijo pasando por detrás de su oreja un mechón de su cabello.   -Te juro que me encantó escucharte decir eso- sonreí de oreja a oreja.   Me devolvió la sonrisa y se puso de pie   -Me imagino que ya terminamos de la consulta. Si es así me voy rapidito a casa que tengo que tomar las clases- le escuché decirme mirando su reloj en su muñeca.   -Yo te iba a invitar a cenar- emití desilusionado   -Los días de semana tal vez serán un poco difíciles salir, pero no te preocupes, más adelante te diré que días no tengo clases- me dijo con una carita traviesa   -Y por qué no me dices ahora? -   -Porque ahora no quiero, tengo que hacerte esperar- me dijo haciéndome reír a carcajadas   -Como tú psicólogo también puedo castigarte por traviesa- le dije escuchándola reír esta vez yo a ella.   -Cual castigo? - me preguntó   Abrí el cajón de mi escritorio y saqué un sticker de caras tristes.   -Como no tenemos cuaderno pondría uno de estos en tu frente- le dije como nos hacían a nosotros en la escuela cuando nos portábamos mal.   -Yo me llevaría todos los de las caritas felices porque me porto muy bien- me dijo como nena pequeña.   -No, mejor te doy uno de estos-   Me acerqué a ella y le di un corto beso en sus labios muy de prisa.   La miré a los ojos, sentí sus manos en mi cuello bajo y sus labios nuevamente contra los míos.   No pude evitar sonreír en medio del beso.   Coloqué mis manos en su cintura y la abracé. ¿Habían visto eso? Ella me había besado por elección propia. No se me había lanzado, solo se atrevió a provocarme.   -Tu sí que sabes elegir regalos por portarte bien-
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