xiii.

1860 Palabras
.:. CHAPTER THIRTEEN .:. ( METAMORPHOSIS )                                    ESA NOCHE SE ACOSTARON HASTA MUY TARDE, tras pasar horas repasando una y otra vez su plan, hasta que lograron recitárselo a la perfección unos a otros. El amanecer sucedió a la medianoche a velocidad de agravio. -Nix te amo, pero si no te levantas ahora te voy a maldecir -le dijo Hermione intentado despertar a la rubia. Lyra asomo su cabeza de entre las sábanas. -Vas a perder porque soy una experta en la maldición cruciatus. -Vamos, levantate -se quejo Hermione. -Ya estoy despierta. Solo si pudiera descansar la vista un poco más... -¡Lyra! -¡Estoy despierta! -repitió levantandose de su cama y dejando caer las sábanas de mala manera. Hermione salió como loca de la habitación y Lyra la siguió hasta la cocina, unos segundos después Harry y Ron también llegaron. Kreacher estaba sirviéndo café y bollos calientes. -Túnicas -murmuró Hermione antes de saludarlos y siguió revolviendo en su bolsito de cuentas- Poción multijugos, capa invisible, detonadores trampa (deberían llevar un par cada uno, por si acaso), pastillas vomitivas, turrón sangranarices, orejas extensibles… Engulleron el desayuno y subieron sin entretenerse. Kreacher se despidió de ellos con cortesía y prometió preparar un pastel de carne y riñones, con algunas verduras para cuando volvieran. -Este elfo se hace querer -dijo Ron con afecto- Y pensar que antes soñaba con cortarle la cabeza y colgarla en la pared. -Tu solo lo quieres porque te alimenta -se burlo Lyra- La persona que quiera ganar tu corazón primero va a tener que llenarte la panza. Salieron al escalón de la puerta principal con muchísimo cuidado, porque había un par de mortífagos con caras soñolientas observando la casa desde el otro extremo de la neblinosa plaza. Hermione se desapareció primero con Ron, luego volvió a buscar a Harry, mientras que Lyra iba a ser la última. Tras unos momentos de oscuridad y sensaciónde asfixia, Lyra se encontró en el diminuto callejón donde habían previsto llevar a cabo la primera fase del plan. El callejón todavía estaba desierto (sólo se veían un par de cubos de basura), pues los primeros empleados del ministerio no solían aparecer hasta las ocho en punto, como muy pronto. Cuando todos ya habian tomado el aspecto de otras personas -Lyra sin usar la pocion- tomaron las monedas doradas que le habían quitado a Mafalda y salieron del callejón. En la abarrotada acera de la calle principal, a unos cincuenta metros, unas rejas negras y puntiagudas flanqueaban dos tramos de escalones, uno con el letrero «Damas» y el otro «Caballeros». -Nos vemos ahora mismo -dijo Hermione, nerviosa. Lyra de por si ya estaba nerviosa y volver a el lugar en donde había visto morir a su padre sin duda no la ayudaba mucho. También tenía miedo de que su metamorfosis cambiara sin su consentimiento como le pasaba cuando aún era chica. Cuando comenzó Hogwarts ya lo sabía dominar bien, pero a veces solía volver como una acto involuntario, como cambiar el color de sus ojos o su cabello. Lyra y Hermione se dirigieron hasta el baño de mujeres, parecía un lavabo público subterráneo, normal y corriente, revestido de azulejos blancos y negros. Hermione y Lyra tuvieron que saludar a personas que nl conocian. Lyra ni siquiera sabía a quien le había copiado su aspecto hasta que por fin dejaron de saludarla con un movimiento de cabeza y le dijeron su apellido. «Grey». Lyra miro a Hermione. -¿Que se supone que hacemos ahora? -Creo que tenemos que meternos al retrete -comentó Hermioen. -Esto es muy asqueroso  -se quejo Lyra. Ambos amigas entraron en cabinas contiguas. Lyra se subio al retrete intentado no mirar hacia abajo, se le hacia completamente repugnante. Sin embargo, aunque tuvo la sensación de meterse de lleno en el agua, los zapatos, los pies y el bajo de su túnica permanecieron completamente secos. Tiró de la cadena y un momento después descendía por una corta rampa hasta aterrizar en una de las chimeneas del Ministerio de Magia. Se levantó y rápidamente se llevó una mano a la cara para comprobar que aún seguia teniendo el aspecto de otra persona. Hermione la arrastro disimuladamente hasta la parte de atrás de una estatua  gigantesta, no paso mucho tiempo para que nuevamente Hermione hiciera lo mismo con Ron quien parecía algo confundído hasta que recordo quienes eran. -¡Pst! -siseo Hermione intando llamar la atención de Harry quien enseguida fue a reunirse con ellos. -¿Has llegado bien? -le preguntó Hermione. -No, todavía está atrapado en el cagadero -se mofó Ron. -¡Muy gracioso! Es horrible, ¿verdad? -le dijo a Harry, que estaba contemplando la estatua- ¿Has visto dónde están sentados? Lyra fruncio el ceño y se tomo su tiempo para mirar la estatua con atenció y vio que lo que había tomado por tronos labrados con motivos decorativos eran en realidad montañas de seres humanos esculpidos: cientos y cientos de cuerpos desnudos -hombres, mujeres y niños- de rostros patéticos, retorcidos y apretujados para soportar el peso de aquella pareja de magos ataviados con elegantes túnicas. -Que acogedor y amable -se burlo Lyra. -¡Vamos, no perdamos más tiempo! -dijo Hermione. Mirando alrededor con disimulo, se unieron al torrente de magos y brujas que avanzaban hacia las puertas doradas que había al fondo del vestíbulo, pero no vieron ni rastro de la característica silueta de Dolores Umbridge. Cruzaron las puertas y entraron en un vestíbulo más pequeño, donde se estaban formando colas enfrente de veinte rejas doradas correspondientes a veinte ascensores. Nada más ponerse en la cola más cercana, una voz exclamó: -¡Cattermole! Los chicos se volvieron. Los empleados que estaban a su lado guardaron silencio y bajaron la vista. El tosco y ceñudo rostro de aquel individuo no acababa de encajar con su amplia y magnífica túnica, bordada con abundante hilo de oro. Entre la multitud que esperaba ante los ascensores, algunos gritaron con tono adulador: «¡Buenos días, Yaxley!», pero Yaxley los pasó por alto. -Pedí que alguien de Mantenimiento Mágico fuera a ver qué ocurre en mi despacho, Cattermole. Pero sigue lloviendo. Ron miró alrededor como si esperara que alguien interviniese, pero nadie dijo nada. -¿Lloviendo? ¿En su despacho? Vaya, qué contrariedad, ¿no? Ron soltó una risita nerviosa y Yaxley enarcó las cejas. -¿Lo encuentras gracioso, Cattermole? Un par de brujas se apartaron de la cola y se marcharon a toda prisa. -No -contestó Ron- No, por supuesto que no… -Por cierto, ¿sabes adónde voy? Abajo, a interrogar a tu esposa, Cattermole. De hecho, me sorprende que no estés allí acompañándola y confortándola mientras espera. Supongo que te has desentendido de ella, ¿verdad? Bueno, es lo más sensato. La próxima vez asegúrate de casarte con una sangre limpia. Hermione soltó un gritito de horror y Yaxley la miró. La chica tosió un poco y se dio la vuelta. -Yo…yo… -tartamudeó Ron. -Si a mi esposa la acusaran de ser una sangre sucia (aunque yo jamás me casaría con una mujer que pudiera ser tomada por semejante escoria) y el jefe del Departamento de Seguridad Mágica necesitara que le arreglaran algo, daría prioridad a ese trabajo, Cattermole. ¿Lo captas? -Sí, claro, claro -murmuró Ron. -Pues entonces ocúpate de mi despacho, Cattermole, y si dentro de una hora no está completamente seco, el Estatus de Sangre de tu esposa estará aún más en entredicho de lo que ya está. La reja dorada que tenían delante se abrió con un traqueteo. Yaxley saludó con una inclinación de la cabeza y una sonrisa a Harry, convencido de que éste aprobaría cómo había tratado a Cattermole, y se dirigió a otro ascensor. Los cuatro amigos entraron en el suyo, pero no los siguió nadie: era como si tuvieran una enfermedad contagiosa. La reja se cerró con estrépito y el ascensor comenzó su ascensión. -¿Qué hago? -preguntó Ron a sus amigos- Si no voy, mi esposa… es decir, la esposa de Cattermole… -Te acompañaremos, tenemos que seguir juntos… -musitó Harry, pero Ron movió la cabeza enérgicamente. -Eso es una locura, no tenemos mucho tiempo. Vayan ustedes en busca de Umbridge y yo iré a arreglar el despacho de Yaxley… Pero ¿qué hago para que deje de llover? -Prueba con un Finite Incantatem -sugirió Hermione- Si es un maleficio o una maldición, eso detendrá la lluvia; si no, es que ha pasado algo con un encantamiento atmosférico, y eso es más difícil de arreglar. Como medida provisional, haz un encantamiento impermeabilizante para proteger sus cosas… -Y después preocura ir a defender a tu mujer -se burlo Lyra pero Ron la miro mal. -Repítelo todo más despacio -pidió Ron mientras buscaba ansiosamente una pluma en sus bolsillos, pero en ese momento el ascensor se detuvo con una sacudida. Una incorpórea voz de mujer anunció: «Cuarta planta, Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas, que incluye las Divisiones de Bestias, Seres y Espíritus, la Oficina de Coordinación de los Duendes y la Agencia Consultiva de Plagas.» La reja volvió a abrirse para dejar entrar a un par de magos y algunos aviones de papel violeta que revolotearon alrededor del foco del techo. -Buenos días, Albert -dijo un hombre de poblado bigote sonriendo a Harry. Cuando el ascensor dio un chirrido y siguió ascendiendo, el mago echó un vistazo a Ron y Hermione; la chica, angustiada, estaba susurrándole instrucciones a Ron. El mago se inclinó hacia Harry esbozando una sonrisa socarrona y musitó: -Dirk Cresswell, ¿eh? ¿De Coordinación de los Duendes? Bien hecho, Albert. ¡Estoy seguro de que ahora conseguiré su puesto! -le guiñó un ojo. Lyra se sintió completamente incomoda mientras miraba hacia el techo esperando que nadie le hablara porque no tenía idea de qur decir y era más que seguro que ella echara a perder el plan. El ascensor se detuvo y las puertas volvieron a abrirse. «Segunda planta, Departamento de Seguridad Mágica, que incluye la Oficina Contra el Uso Indebido de la Magia, el Cuartel General de Aurores y los Servicios Administrativos del Wizengamot», dijo la voz de mujer. Hermione le dio un empujoncito a Ron y que éste salió del ascensor dando traspiés, seguido de los otros magos, dejando solos a sus amigos. En cuanto la reja dorada se hubo cerrado, Hermione dijo con agitación: -Miren, chicos, será mejor que vaya con él, porque me parece que no sabe lo que hace, y si lo descubren todo nuestro plan… «Primera planta, Ministro de Magia y Personal Adjunto.» La reja dorada volvió a abrirse y Hermione sofocó un grito. Ante ellos había cuatro personas, dos de ellas enfrascadas en una conversación: un mago de pelo largo con una elegante túnica negra y dorada, y una bruja rechoncha, de cara de sapo, que lucía un lazo de terciopelo en la corta melena y apoyaba contra el pecho un montón de hojas de pergamino prendidas con un sujetapapeles. Lyra se mordio la lengua para no sacar su varita y maldecir a Dolores Umbridge.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR