MARIANO. Me convertí en el hombre más feliz de la tierra, que digo de la tierra ¡Del universo! Cuando Alondra aceptó mi propuesta de matrimonio. Sé que le hice dudar por unos minutos sobre mis palabras. Pero era verdad treinta días con ella, nunca serían suficientes, yo necesitaba una vida, una eternidad para amarla y hacerla feliz. Solo ella tenía la capacidad de hacerme sentir esclavo y amo a la vez, pues su amor lo era todo para mí. Los siguientes días fueron un suceso de eventos, los mareos y las náuseas matutinas no solamente afectaron a mi ángel, sino también a mí. Parecía que estábamos conectados incluso los antojos los vivíamos con intensidad y con gusto, pues sabíamos que el motivo era nuestro pequeño frijolito, que crecía en su interior. Mi madre por otro lado estaba

