MARIANO. Estaba impaciente, nervioso, ansioso mientras estaba en la sala de espera. Alondra fue llevada a la sala de urgencias hacía casi una hora y no había tenido ninguna noticia sobre su estado. Me lamentaba haber sido tan confiado, no sabía lo que había ocurrido con sus padres, para llevarla hasta ese punto. No me perdonaría si algo malo le sucediera. —Señor Solís, ya pueda pasar a ver a su esposa, habitación cinco, el doctor Martínez se encuentra con ella ahora mismo, será él quien le esté informando sobre el estado de salud de la paciente. Apenas la enfermera terminó de hablar y yo estaba corriendo hacia la habitación donde Alondra se encontraba. Mi corazón volvía a martillar dentro de mi pecho con angustia pues la incertidumbre de lo que podía ser estaba carcomiéndome por

