CAPÍTULO TREINTA Y UNO La pared de agua caía a chorros sobre Ceres, tan fría que la hacía temblar. Mientras caía a raudales sobre ella, sentía como si se llevara algún bloque o barrera, dejando que algo se abriera en su interior como una flor. Había superado la prueba de los isleños. Había aprendido las lecciones que querían que aprendiera. Incluso ahora, podía escuchar el susurro de la isla de fondo, latiendo como una cosa viviente. Por un instante, su propio poder latió como respuesta y su fuerza fue suficiente como para que Ceres no se pudiera concentrar. Solo la voz de Eoin la hizo volver en sí y Ceres vio que estaba en un túnel con las paredes de piedra, que con una fuerte y larga pendiente en espiral hacia abajo. No podía decir si era natural o si la habían hecho los isleños con s

