CAPÍTULO TREINTA Y DOS Thanos se había dirigido hacia los aposentos del rey muchas veces en su vida, pero dudaba que hubiera sentido lo mismo que sentía ahora. Furia, traición, pero también una extraña sensación de haber encontrado una especie de fin. Todos ellos se disputaban el espacio en su interior mientras él caminaba dando largos pasos hacia la entrada. Las puertas allí eran algo extravagante, igual que el resto del castillo, cubiertas por tallas pintadas que representaban escenas de batalla y juicio. Cuando era más joven, Thanos las había seguido con sus manos, imaginando todas las grandes hazañas de los reyes que hacía tiempo que habían muerto. Ahora, las veía como lo que eran: un alarde, un mensaje. Había un guardia a cada lado de las puertas, con una armadura que prácticamente

