Josh le tendió la mano. - Vamos, pequeña, sabes donde te quiero. Ella lo sabía. Lentamente, dio un paso adelante, más cerca de su perdición. Josh le quitó la cuchara, la agarró de la cintura y la tiró hacia abajo sobre su muslo. La respiración se le entrecortaba en la garganta y el corazón le latía con fuerza. - Sobre ti, Papá. La inclinó un poco más hacia delante, ajustándole las caderas para que quedara casi de lado. Le agarró la muñeca, le apretó la mano contra la nalga izquierda y tiró. - Separa las nalgas, sujétala todo lo que puedas. No la sueltes, - le advirtió con un tono peligroso en la voz. Temblorosa, hizo lo que le ordenaba, agarrando con firmeza el trasero escocido y abriéndose para él. Gimió cuando él tiró de su otra nalga, abriéndola de par en par. Sus piernas eran c

