Yo miraba con mucho asombro las estrategias de los policías de carreteras colombianas, cuando nosotros nos bajamos del autobús, no recuerdo haber visto los otros 6 funcionarios, pero luego cuando nos distribuimos en varios grupos pude ver donde estaban los policías restantes.
Dos estaban disfrazados de mecánicos, el atuendo era tan perfecto, que tenían bragas de mecánico llenas de grasas, y muy sucias, uno estaba disfrazado de dispensador de gasolina, dos más estaban disfrazados de vendedores ambulantes de café y galletas y golosinas, estos estaban parados en la avenida principal. Cuando los carros llegaban a ese lugar de la carretera principal, había dos reductores de velocidad, y unos avisos luminosos indicando la entrada a la estación de servicios al viajero, cuando los diferentes vehículos veían tantos anuncios, y los reductores de velocidad, ellos bajaban la velocidad. Y cuando los vehículos reducen la velocidad, los vendedores ambulantes se le amontonan alrededor del vehículo para ofrecerles sus artículos. En esos lugares se amontonan muchos vendedores ambulantes, de todo tipo de mercancía. Tenían variedad de comida ligera, y variedad de bebidas refrescantes. Ellos atienden en la avenida a los clientes que no entran a la estación de servicio. Allí los policías tenían un perfecto camuflaje de vendedor. Y el sexto policía era un cocinero del restaurante.
Estos audaces policías, se disfrazaron así, para resguardar la integridad física de todas las personas que estábamos allí.
Sin embargo el riesgo de que esos locos guerrilleros motorizados atacaran la estación de servicio para robar a todas las personas sus pertenencias, era alto. Los policías nos dieron instrucciones a todos los civiles, que cuando escucháramos los primeros disparos, nos tiráramos al piso inmediatamente. Cada minuto que pasaba, el ambiente se ponía más tenso, mis ojos no estaban quietos en ningún momento, yo sentía una presión en mí estómago.
Mientras la presión del miedo aumentaba en nosotros, el chofer y su ayudante, cambiaban la llanta dañada lo más rápido posible. Cuando menos lo esperábamos, paso un Jeep descapotado, con 4 delincuentes adentro del vehículo, que tenían armas largas, cuando el Jeep estaba pasando justamente frente a la estación de servicio, secaron una de las armas largas, e hicieron una ráfaga de tiros al aire. Ninguno de los policías respondieron a esa provocación, porque los policías sabían que esa provocación la hicieron los guerrilleros para saber cuántos policías había en la estación de servicio.
La orden que tenían los policías disfrazados era, que ellos iban a actuar solo cuando los guerrilleros entraran en la estación de servicio. De resto actuarían como los otros civiles. Algunas mujeres tenían lágrimas en sus ojos por el temor que sentían, había algunas otras mujeres llorando sin consuelo.
Pasado unos minutos, entraron a la estación de servicio dos Jeep descapotados, con 4 hombres con armas largas cada Jeep, en total eran 8 guerrilleros, uno de ellos se bajó desarmado del automóvil, y le hizo seña a uno de los policías uniformado.
Y le dijo:
— Oiga paisano,
¿Qué hacen ustedes por aquí? ¿Hay algún problema? ¡Están buceando a alguien, y no lo encuentran? ¿Dígame paisa, para ver si lo podemos ayudar?
El policía le dijo:
.— Estamos accidentados, por eso estamos aquí, ya un mecánico encontró el daño, y en media hora esta lista la camioneta. Tranquilo no estamos buscando a nadie.
El guerrillero le dijo:
.— ¡Ah, Bueno! Muy bien. Cuando se vaya si quiere me llama, y lo escoltamos hasta la salida del pueblo, para que no me le pase nada. Tome este papelito, allí tienes el número de mi teléfono satelital.
El policía le dijo:
— No hay problemas paisa. Yo lo llamo cuando me vaya.
El guerrillero le dijo:
.— Nosotros somos los que cuidamos a las personas que viven en este pueblo, y cuando un autobús como ese que le están cambiando la llanta, quiere pasar por este pueblo si atender la voz de alto, le tiramos una granada de hierro a las llantas, para que se detengan, si no se detienen es porque llevan cosas malas en el autobús. Paisa, vamos a dar una vuelta por aquí cerca, en media hora regreso, a ver como marcha todo por aquí.
5 minutos después que se fueron los guerrilleros, llegaron los refuerzos policiales, y una camioneta del ejército Colombiano. Cuando nosotros vimos llegar tanta movilización policial y militar, entendimos la seriedad del problema, y ahora sí que nadie se quería mover de allí hasta que saliera el sol. Las guerrillas se apoderaban por las noches de las carreteras y caminos de viajeros, para transportar las drogas que iban a sacar del país.
Los policías, no les dispararon a los guerrilleros que entraron a la estación de servicio, porque se hubiera desatado un enfrentamiento tan peligroso, que hubiese habido muchos muertos, y ellos solo eran 8 policías.
El capitán al mando de las tropas allí presente dijo:
.— Deben enfocarse que esta es una operación rescate, no tenemos intenciones de transformar esto en un enfrentamiento con la guerrilla, aquí hay muchas vidas civiles que debemos resguardar, por hoy, y solo por esta noche debemos ser los más pacíficos posible, nosotros nos hemos transportado hasta este lugar en vehículos particulares y no en vehículos oficiales para no llama la atención a los grupos guerrilleros de esta zona.
Así que la operación la llamaremos Rescate Pacífico.
Ahora quiero que todos los oficiales Policiales, se quiten los uniformes policiales, y allí tenemos varios pantalones Jeans y unas franelas de colores, no quiero a nadie vestido de policía o con ropa militar, con sus armas escondidas en la cintura, solo quedaremos vestidos de policía, el que habló con los guerrilleros y yo.
El capitán volvió hablar y dijo:
.— Somos un total de 50 efectivos militares, vamos a hacer 50 grupos familiares, y en cada grupo estará un oficia de los nuestros.
Y eso fue lo que hicimos, mientras esperábamos, una hora para que llegaran otros refuerzos, nos dividimos en 50 grupos, donde hubiese, niños, mujeres, ancianos, y un efectivo militar vestido de civil.
En sí, parecían realmente familias reunidas. Pasados 15 minutos aproximadamente, ya el autobús donde nosotros viajábamos estaba listo para continuar el viaje.
Uno de los pasajeros pregunto:
.— ¿Vamos a continuar el viaje? ¿O hay que esperar algo más?
Un policía respondió:
.— Por supuesto que si vamos a continuar el viaje, solo vamos a esperar que lleguen más refuerzos. Cuando ya tengamos la certeza que los refuerzos militares y policiales entraron a este pueblo, nosotros salimos inmediatamente de este lugar.
Mientras esperábamos la orden de salida, los temores se habían alejado de nuestras mentes, el ver tantos oficiales militares y policiales actuar con tanta seguridad, nos daba a nosotros un boto de confianza.
Pasados unos pocos minutos llegaron otra vez los guerrilleros del Jeep, y con ellos 5 motorizados con armas largas, entraron a la estación de servicio. En las motos venían el chofer y el parrillero, que era quien traía el arma de fuego. Ellos llegaron muy confiados, y se bajaron todos de sus vehículos de transporte, Y el jefe de los guerrilleros llamó al policía que lo había atendido antes.
Y le dijo:
.— ¡Oiga paisa, y que ha pasado con el bus! ¿Ya lo arreglaron, o qué?
El oficial de la policía le dijo:
.— Si paisa, ya estamos listos, solo esperamos que van a comer los choferes de los buses y los mecánicos también van a comer.
El guerrillero con ganas de encender un problema, se le acercó al oficial y le habló muy cerca de su cara, tan cerca que yo creí que lo iba a besar.
Y golpeándolo con su dedo índice al pecho le dijo:
.— ¿Oiga sabe qué? ¡A mí no me diga PAISA! ¡A mí lléneme SEÑOR! ¡Más respeto holló?
El oficial le respondió:
.— Disculpe hermano, pensé que era amistoso llamarnos paisa.
El guerrillero gritando al oficial le dijo:
.— ¡NO ME DIGA HERMANO! ¡LE DIJE QUE ME DIJERA SEÑOR! ¡DIGAME PUES, QUE ES LO QUE NO ENTIENDE!
Realmente los gritos del guerrillero, no puso a latir el corazón muy fuerte, volvió el miedo a invadir nuestras mentes, pareciera que todo se estaba saliendo de control. Había una señal si se formaba alguna situación delicada, la señal era; Si el teniente a cargo de la operación levantaba su mano derecha para rascarse la cabeza, los oficiales deberían empuñar sus armas, y prepararse para disparar a los guerrilleros, pero debían dar la orden civil antes de disparar.
Todos los civiles teníamos una orden que nos iban a dar los oficiales que estaban en cada grupo, la orden era;
“¡AL SUELO!”
Cuando ellos dieran esa orden, inmediatamente todos debíamos tirarnos al suelo.
El oficial con una voz calmada le respondió al guerrillero:
.— ok, lo entendí. Vamos a comer, para después irnos.
El guerrillero dijo:
.— ¡Se hará como yo diga! ¡No como tú dices! Primero me vas a decir cuántos policías están contigo, y si me mientes te mato frente a todas estas personas.
El policía le contesto con firmeza:
.— ¡Solo somos dos, yo y el chofer de la unidad policial! ¿Tienes miedo a dos policías? No tengas miedo, haremos lo que tú digas.
El guerrillero soltó una carcajada y dijo:
.— ja, ja, ja.— ¿Miedo? ¿Qué es eso? No te tengo miedo a ti, ni a diez como tú. Vamos a terminar con esta triste conversación, ¡Aquí se hace lo que yo diga; primero me voy a llevar este bus con todos sus pasajeros, nosotros les ordenamos que se detuvieran y no acataron mis órdenes, así que vamos a revisar ese bus para ver que traen escondido, eso lo hacemos por el bienestar de este pueblo, del que yo estoy encargado. Vamos tráiganme a todos los pasajeros hasta acá.
El capitán había dejado su radio policial encendido, y los refuerzos que venían escucharon lo delicado que estaba todo esto.
Cuando el guerrillero dio esa orden, el capitán levanto su mano derecha y se rascó la cabeza, inmediatamente el oficial dio la orden civil, “AL SUELO”
los guerrilleros cayeron presa fácil en la emboscada, cuando nos tiramos todos al suelo, los militares y policías, mataron a todos los guerrilleros, eran 14 guerrilleros en total que cayeron abatidos por las fuerzas policiales y militares colombianas.
El tiroteo fue realmente rápido, pero el oficial nos dijo:
.— No miren a los muertos, solo corran a su autobús y móntense lo más rápido posible, y salgamos de este infierno.
Así lo hicieron todos, los otros dos autobuses, y los camioneros que transportaban verduras. Todos nos embarcamos rápido, los oficiales tomaron las armas de los guerrilleros, y todas la municiones y se las llevaron, pero sus cuerpos los dejaron allí tirados, hasta que vinieran más autoridades, para informar lo sucedido, toda la estación de servicio la cerraron los trabajadores y se fueron del lugar, el restaurante y las tiendas, y los vendedores ambulantes, todos se fueron del sitio, por temor que vinieran más guerrilleros y arremetieran contra ellos. Salimos de allí a gran velocidad, escoltados por los policías y los militares. Por todo el camino nadie se asomaba, nadie decía nada. Dentro del autobús había un silencio total era algo tan impresionante, que lo único que se escuchaba dentro del autobús eran grandes suspiros.
Justamente cuando salimos del pueblo venían los refuerzos, igual como ocurren en las películas, 8 Camiones de ejército Colombiano, cargado de soldados, y tres camionetas negras donde venían tenientes y coroneles, aquello parecía el inicio de una guerra. Duramos aproximadamente una hora allí parados, mientras explicaban lo que había ocurrido en la estación de servicio. Mientras conversaban allí de lo ocurrido, ¡PUM! Su escucho una detonación muy fuerte, todos nos asustamos.
Y un teniente dijo:
.— Nos acaban de informar, que colocaron una bomba en la estación de servicio, todo quedo destruido, y las casas vecinas también sufrieron daño por la explosión. ¡Váyanse ya de este lugar! ¡Vamos, aprisa, váyanse!
Se montaron los choferes en sus carros, y salimos a toda máquina de allí. Íbamos a 140 kilómetros por hora. Llegamos a Maicao a las 10:30 am. Cuando no bajamos del autobús, nos reunimos en un lugar, y oramos a Dios y le dimos gracias porque estábamos vivos. No nos detuvimos almorzar, sino que de una vez, tomamos transporte para terminar de llegar a Venezuela, desde Maicao a Venezuela era solo media hora de camino, y se llegaba al puente de la raya, así se llama esa frontera, y de la Raya, hasta nuestro pueblo son tres horas de viaje.
Eran las dos y treinta de la tarde, cuando llegamos a nuestra casa, mi padre le pagó al autobús para que nos dejara en nuestra casa, y así ocurrió, el autobús nos dejó en la puerta de nuestra casa.
Yo me baje del autobús, y mire lentamente todo a mi alrededor, mi mente no daba crédito que yo estuviera en mi casa, tome mi maleta y me fui directamente a mi cuarto, puse la maleta encima de la cama, fui a la cocina, saque agua de la nevera, yo hacía todo esto porque esperaba despertar, creía que era un sueño, no solo yo tenía esa actitud, mis hermanos también lo decían; “Me siento extraño” “No parase que estuviera en mi casa”, eso era lo que escuchabas en boca de todos ellos, mi madre nos llamó a todos y nos reunió en la sala de mi casa,
Y nos dijo:
.— Debemos reconocer las misericordias de Dios para con nosotros, aquí estamos vivos en nuestra casa, con plena salud, habiendo pasado por el valle de sombra y de muerte él estuvo con nosotros, nunca nos dejó solos, y nunca nos abandonó, él fue nuestro escudo, y nuestra defensa.
Oramos a Dios todos juntos en familia, dimos gracias a Dios, y comenzamos a comer, porque la pareja de esposos que se quedaron cuidando la casa, nos prepararon unas Hamburguesas gigantes, prepararon mucha comida, sin saber lo que habíamos vivido en el camino. Comimos hasta quedar llenos, y luego había fila para bañarnos, porque todos necesitábamos darnos un baño. Después de estar todos bañados y vestidos. Mi padre nos llamó a todos a una reunión familiar.
Y mi padre nos dijo:
.— Nunca he oído un poema que exalte las virtudes del Dolor, ni he visto una estatua en honor al Dolor, no he escuchado un himno dedicado al Dolor.
Al Dolor se le describe por lo general, como DESAGRADABLE.
Los sacerdotes no saben en realidad como interpretar el Dolor.
Si acorralas en medio de una desgracia a un Filósofo, él te diría que fue el único error creado por Dios. El Psicólogo diría que Dios debía haber trabajado un poca más, y haber inventado una mejor manera de lidiar con el Dolor.
Un policía diría que Dios debería detener a las personas que les causan Dolor a familias enteras. Solo los que se acercan a Dios encuentran la paz en medio del Dolor.
Las experiencias con Dolor vividas en Colombia, superan a las experiencias de felicidad que vivimos. Todos mis compatriotas colombianos están atravesando las terribles calles del Dolor. Debemos tener misericordia con los colombianos que vienen huyendo a causa del Dolor.
Cuando termino la reunión todos los hijos salimos de la casa, cada quien tomo su rumbo, y todos fuimos a reencontrarnos con nuestros amigos, otros con sus novias, y Necon a visitar a Dorme.
Todos trajeron diferentes tipos de regalos.
Yo Salí por las calles de mi pueblo a volver a conversar con mis amigos, y a contarles las travesías que pasamos en el viaje. También les dije que debemos amar a nuestro pueblo, porque era el pueblo más hermoso del mundo entero.
Uno de mis amigos me contó que el loco Salas había vuelto a pasar varias veces por el sector donde nosotros vivimos.
Y que la policía estaba dando muchas vueltas por el sector buscando al loco Salas.
Esa misma noche, hubo una reunión en mi casa, para hablar de caso Salas.
Mi padre y mis hermanos, salieron al frente de mi casa, para escuchar lo que había pasado con Salas en nuestra ausencia.
El señor Luis dueño del abasto, tomo la palabra y dijo:
.— El loco Salas es una amenaza latente para todas las familias del sector, ha perdido el control de su carácter y quiere problemas con todos los de este sector, pero él hace eso para someternos y ser el jíbaro de la droga en el sector.
Interrumpiendo miguelito dijo:
.— Siempre lo he dicho, y siempre lo diré, muerto el perro y se termina la rabia. Esto es simple, a Salas hay que eliminarlo.
Pacho también dijo:
.— Ahora que la policía lo está buscando, le montamos casería, y lo agarramos entre todos, con palos y bates de beisbol, y lo dejamos muerto tirado en la calle, y con eso le hacemos un favor a la policía, y a la comunidad.