Jordan abrió la puerta del balcón, la brisa de la noche chocó contra el rostro de ambos y Emira le siguió muy de cerca hasta sentarse en unos bancos de madera con vista al frente. El cielo pintado de estrellas y despejado era algo que no había visto desde que llegó, y resultaba creíble puesto que el lugar en el que pasaba más tiempo, que era la habitación de Jordan, tenía las ventanas totalmente cubiertas y nada de iluminación natural entraba. -Ella lo quería, ¿No es así?- dijo Emira rompiendo el silencio. -Así es, esa ha sido nuestra relación desde que la contraté básicamente- afirmó Jordan mirando su perfil. Su intrincado rostro, aunque juvenil y redondeado, tenía líneas finas y definidas, su boca como ojos y ceja, gruesos, y su nariz respingada y fina. Era todo un encanto verla-¿Quier

