Marcos Habían pasado siete días desde la última vez que la vi y besé sus labios, la extrañaba horrores. El primer día de mi tortura lo pase encerrado en mi cuarto editando algunas fotos que había sacado, algo que solo empeoro las cosas, ya que la mayoría eran fotos de Merly y mías, durmiendo, besándonos, abrazados. Todas y cada una de ellas eran un puñal para mi reciente ruptura, una que provoque yo solo. El segundo día no mejoro en lo más mínimo, para mi sorpresa Martin se comunicó conmigo y me pidió tener una charla, algo que acepte inmediatamente, lo que menos quería era ponerme en contra a los padres de la mujer que amaba, porque esa era la palabra. - Buenas tardes – salude al rubio que me esperaba en el café. - Marcos ¿Cómo estás? – sus ojos me analizaban.

