Reinaba un incómodo silencio mientras Francisco miraba fijamente a su hija Laura, quien parecía confundida y asustada por su expresión de enojo. —¿Qué pasa, papá? - preguntó Laura, buscando desesperadamente alguna respuesta para esa mirada furiosa. Francisco suspiró profundamente antes de responder, tratando de controlar su ira. —El rumor en el pueblo es que no eres virgen. Dicen que te vieron con Pedro a las orillas del río —dijo, refiriéndose a uno de los chismosos del lugar llamado Nicasio, conocido por su afición por trepar a los árboles de mango. Las lágrimas brotaron de los ojos de Laura mientras intentaba explicarse. —¡Papá, eso no es verdad! Yo no he estado con Pedro de esa manera, te lo juro por mi vida.Laura no se atrevía a contar la verdad conociendo a Francisco Castillo,sab

