—Derek... Derek, tengo que llevarte al hospital...
—No, al hospital no.
—Derek, por favor. No ahora. Derek, ya no tengo fuerza...
Dejó sus ojos brillar en un fuerte tono azul, y tomando ventaja de su fuerza sobrenatural arrastró a Derek hasta su cama. Lo dejó sobre esta, con suma delicadeza.
Rompió la camisa que tenía para ver el tamaño de los cortes. Y a decir verdad se veían muy mal.
—No. No. No te atrevas a irte. Derek, quédate conmigo—, tartamudeó ya al borde del llanto. Y Derek cayó inconsciente.
Pegó su oído al pecho del mayor, buscando su latido. Hallando el calor de su alfa. Se quedó recostada, a deseo de su omega que aullaba de alegría al ver a su alfa con vida.
—Un botiquín. Sí, sí, eso—, habló para sí misma alejándose de la cama.
Rebuscó en su memoria, en sus recuerdos haber visto algún botiquín.
Corrió al baño. Vio la pequeña bolsa de color rojo con una cruz blanca, la tomó con manos temblorosas.
Y pasó lo que menos esperaba. Pasó lo que llevaba días esperando pero que por la preocupación de creer a Derek muerto, había olvidado.
Una oleada de calor subió en su interior, empezó a sudar frío. Su omega gruñó ansiando la cercanía de su alfa. Era su celo.
Al volver vio a Derek sentado en la cama, respiraba con dificultad y se veía adolorido. Caminó hasta a él con bastante dificultad, removiéndose. Sabía que él ya había notado su estado pero quiso ocultarlo hablando con serenidad.
—Todos a mi alrededor salen lastimados—, susurró el ojiverde bajando su mirada a ella, que se hallaba agachada apretando sus puños para intentar ocultar su estado.
—Me han lastimado antes.
—No así.
—Creo que no me viste pelear con Enis. Y tampoco mi brazo vendado—, intento sonar burlona, sin poder evitar el gemido necesitado que le siguió a su frase.
Él lo notó de inmediato.
No lo pasarás sola. Recordó.
Una pequeña sonrisa juguetona creció en el rostro de Derek. Juntó sus frentes, con los ojos cerrados. Acariciaba su cabello, sus brazos; la detallaba pues quería recordarla completamente, quería que -si moría- por lo menos su último y mejor recuerdo fuera lo suave que era su piel, su olor a vainilla, sus pecas en sus mejillas o su cicatriz en la ceja.
Y ella no veía el momento para estar sobre él, dejándose llevar por su omega. Sin embargo, el temor a lastimarlo persistía.
—Por favor...
Derek sonrió abiertamente. Tomó las gafas de la castaña y las puso a un lado, sabiendo que en ese momento solo serían un estorbo. Juntó sus labios en un beso desesperado, ansioso, deseoso; se movían a un compás sincronizado.
El ojiverde enredó sus brazos en el cuerpo de la teñida que parecía no poder soportarlo por mucho más. Eran un amasijo de emociones y calor, de terminaciones nerviosas y deseo.
Sus cuerpos se rozaban en necesidad pero la ropa parecía sobrar. Ni siquiera esperó a que Derek lo hiciera, pues ya se hallaba desgarrando su propia camisa y tirándola lejos de ellos.
Juntaron sus ojos. A esa distancia podía ver claramente el verde en los de Derek, y el deseo impreso en sus pupilas.
Besó la piel de su hombro, de su pecho, de su abdomen, de su cuello. Succionaba algunas zonas a su paso, dejando marcas amoratadas. Besó la marca, clavó sus colmillos en ella.
Y, tras creer que estaba muerto, aquella mordida no era nada. En cuanto a dolor respecta.
De un tirón, ignorando el dolor en su cuerpo, subió a la menor en su regazo. Instintivamente ella movió sus caderas sobre él, generando más fricción y más calor. Jadeó, el aire abandonando sus pulmones, sintiendo las grandes manos de Derek apretar sus muslos con fuerza.
Y ya ambos sabían cómo terminaría ese día.
Y los otros dos siguientes.
Tres días de calor, de gemidos, de caricias, de suspiros. De deseo. Y de amor.
Amor que ambos sentían pero temían declarar.
( . . . )
Recostada a un costado de Derek recordó con bastante gracia la mañana de ese mismo día.
"—Oye, Val...-
Un fuerte e imponente gruñido salió de la garganta de Derek, quien miró a Stiles amenazante inmediatamente. El chico se alejó casi corriendo ante la amenaza que le suponía el alfa.
—Es Stiles...—, rió, guardando algo de ropa de su armario, en un bolso.
—Lo sé—, dijo simple, tomándola de la cintura y pegando sus cuerpos nuevamente—. Vámonos".
—¿Qué es tan gracioso?
—Nada—, susurró, ocultando la gran sonrisa que tenía en su rostro, ante el solo pensamiento de Derek siendo así de protector.
Él la miró sin creerle ni un poco.
A decir verdad, era la primera vez después de esos tres días que la miraba a ella sin preocupación. Pues cabía la posibilidad de que él hubiera sido rudo, tosco; y las pocas veces que ella se quiso levantar de la cama, alegó lo mucho que le dolía, algo tan simple como sentarse, fue para ella un desafío, y caminar algo casi imposible.
Solo tal vez. Sin embargo, no fue impedimento para demostrarle lo importante que era en su vida.
El celular de la menor sonó en un mensaje, estiró su brazo para tomarlo, la mano cálida de Derek se enredó en su muñeca. Fijó sus ojos en el trisquel que él le había tatuado. Lo acercó a sus labios, besándolo.
Y por su cabeza solo pasó una cosa. Lo vulnerable y dulce que se veía.
—Tengo que contestar, puede ser importante—, susurró, rozando su nariz con la del ojiverde.
—No—, jugueteó él, dejándola debajo suyo e impidiendo su escape poniendo sus dos brazos a los lados de su cabeza.
—Sí—, sentenció ella, dejándolo esta vez a él bajo suyo. Con ambas piernas a los lados de las caderas de Derek.
Y él solo apreciaba la desnudez de la teñida. Pues en esos tres días, el usar ropa solo significaba que terminaría rota, así que habían optado por no usarla.
"Tal vez me odies por esto pero, Calvin viene a Beacon Hills. Llegará el fin de semana". Era de su madre, evidentemente, y era de las diez de la mañana.
"¿Qué te parece una cena? Esta vez podrías llevar a tu noviecito. Presentarlo a la familia, hija, como se debe". Ese era el más reciente, once horas después del primero.
No pudo ocultar su fastidio.
—¿Qué sucede?—, dijo tras notar la expresión fastidiada de su omega.
Esto seguramente será un gran desastre.
—¿Qué dirías si...—, vaciló, tirando el aparato lejos. Movió sus caderas, provocando a Derek; exitosamente, pues sus pupilas se dilataron al instante en el que los movimientos provocativos de la menor empezaban a ser más rápidos; el verde siendo consumido por la oscuridad de su pupila—, yo... te invitara a una... cena familiar?
Un gruñido salió de la garganta de Derek, ante la provocación.
—Diría que—, jadeó, tomándola de la cintura y poniéndose sobre ella, sintiendo sus cuerpos rozarse en el acto—, iré. Pero solo si me aseguras que tu familia no es como la mía.
—No hay lobos, pero mi madre me quitó mis recuerdos y me mintió por años. Mi padre se fue. Y bueno... Stiles. No tengo un tío psicótico, si es lo que te preocupa.
—Entonces, no habrá problema en que yo vaya—, atacó su cuello dejando besos húmedos.
Y sabía bien que esos tres días de celo, no habían sido sexo hormonal. Habían sido días enteros en los que expresaron más que deseo. Justo así imaginó su primera vez.
O, bueno, sus primeras veces.
-V