Ese día había pasado lento y las clases aún más. Se encontraba caminando con Scott y Stiles por los pasillos.
—Nuestras mamás eran buenas amigas antes de que la mía muriera. Solíamos tomar baños juntos. Tengo que encontrarla.
—Sí, necesitamos que Isaac recuerde.
—¿Cómo? Peter, Derek y Valeska no pudieron lograrlo, ¿conoces algún hombre lobo con un truco mejor?
—Tal vez no un hombre lobo pero sí alguien que sabe mucho.
Deaton.
( . . . )
Vaciaban grandes bolsas llenas de hielo sobre una tina metálica llena de agua. Ella miraba todo desde una esquina.
No había tenido su celo y ya lo estaba odiando. Odiaba no poder ayudar, odiaba no poder estar cerca de ellos por el olor que ellos desprendían, empezaba a odiar el gran poder que tenía su omega sobre ella. Odiaba ver a Derek así de impotente.
—¿Qué tan lento debe latir su corazón?
—Muy lento.
—Sí, bueno, ¿Qué tan lento es "muy lento"?
Derek sonaba preocupado. Su omega lloriqueó, viendo a su alfa.
—Casi muerto.
—Pero es seguro, ¿verdad?
—¿Con honestidad?
Stiles tocó su hombro, llamando su atención. Si de algo estaba segura era que a pesar de no tener la misma madre: compartían ese pequeño nivel de estupidez. Tomaron unos guantes bastante grandes, que iban hasta sus codos.
—No, en realidad no—, y ahora, sumándole a las feromonas de preocupación de Derek y Scott, se le sumaban las de Isaac.
Los pusieron en sus manos, haciendo ruidos a causa del látex estirándose. Esto llamó la atención de los tres lobos preocupados y de Deaton.
Derek la miró, alzando una ceja. Casi como un regaño. Ambos quitaron los guantes de sus brazos con mala cara. Se sintieron como niños pequeños regañados por sus madres.
—Si sientes que es demasiado no tienes que hacerlo—, Derek le dijo a Isaac que estaba listo para ingresar en la tina.
El rubio quitó su camisa e ingresó de golpe al agua fría.
Presintió que necesitarían su ayuda, así que se acercó a la tina, quedando junto a Derek y Scott. Frente suyo estaba Stiles.
Y entonces con bastante fuerza sumergieron a Isaac. Él luchaba. En un punto sus ojos brillaron de un tono amarillo y sus colmillos salieron. Soltó un fuerte gruñido, que a pesar de ser un beta, logró espantar a la omega.
Qué demonios. Tu eres indestructible, no te debe dar miedo ese niño de dieciséis años. No le temes a nada, así que tu, omega, quédate quieta y déjame tomar el maldito control. Se alentó a sí misma.
Tomó la cabeza de Isaac y junto a los chicos lo sumergió. De un momento a otro él dejó de luchar y se dejó ir.
—Recuerden, sólo yo hablo con él, demasiadas voces lo confundiría y lo sacarían del estado.
Parecía que la indicación iba para Derek más que para los otros tres.
—Isaac, ¿me escuchas?
—Sí—, su voz temblaba a causa del frío.
—Soy el doctor Deaton. Quiero hacerte un par de preguntas, ¿de acuerdo?
—Sí.
—Quiero preguntarte sobre la noche que encontraste a Boyd y a Erica. Quiero que recuerdes con todos los detalles posibles como si estuvieras ahí de nuevo.
Un trueno estalló en el cielo y saltó sobre su lugar. Secó sus manos sobre los bolsillos traseros de su pantalón, pues estas empezaban a enfriarse demasiado.
Así es. Se veía tan tosca. Actuaba tan ruda y altanera. Y le temía a una simple tormenta.
—No quiero...—, Issac repitió, empezando a moverse, al instante tomaron su cuerpo para mantenerlo en el agua.
—Son sólo recuerdos, no pueden lastimarte relájate.
Una vez el rubio se calmó, los cuatro sacaron sus manos de la tina, atentos a las palabras de Deaton y de Isaac.
—Regresemos a esa noche. Al lugar donde encontraste a Erica y Boyd. ¿Puedes decirme qué ves? ¿una construcción? ¿una casa?
—No es una casa. Es de piedra. Creo que mármol.
—¿Puedes darme más detalles?
—Está polvoso y vacío.
Isaac se alteró y se empezó a mover frenéticamente en el agua, estiró una mano intentando agarrarse de algo, tomando precisamente el brazo de la teñida. Tanto Scott como Derek lo mantuvieron en su lugar. Deaton lo calmó, susurrando palabras reconfortantes en un tono suave.
—Dinos todo lo que ves.
—Habla de que perder el control de la luna llena.
—¿Está hablando con Erica?
—No puedo verla. No puedo ver claramente.
—¿Escuchas algo más?
—Están preocupados por lo que harán en la luna, angustiados de lastimarse el uno al otro.
—Si están encerrados en la luna llena se harán pedazos—, explicó Derek.
Isaac se empezó a desesperar, empezó a luchar contra los brazos de los hombres que lo sostenían, no respondía las preguntas que Deaton le hacía. Derek estaba preocupado, quería saber sobre su manada, se empezaba a enojar.
Y la habitación apestaba al miedo de Isaac, a la rabia de Scott. No soportó estar ahí así que salió, necesitaba aire.
Su caprichosa omega necesitaba aire.
( . . . )
—Chicos.
Miró a su padre luchar por despertar a los chicos en la habitación de Stiles.
—Chicos.
Se acercó a él y contó hasta tres. Ambos gritaron al unísono.
—¡Chicos!
Y así despertaron. Varias hojas impresas estaban regadas por todo el suelo.
Su investigación sobre el banco. Recordó las palabras de Stiles. "¿Cuánto tardará?", le preguntó Derek a Stiles. A lo que, con arrogancia e ironía, su hermano había respondido con un "es internet, Derek, ¿sí? Minutos". Bueno... esos "minutos", se convirtieron en horas.
( . . . )
—Así es como entraron, por un conducto del aire acondicionado en el techo que lleva hasta el interior, junto a la pared de la bóveda la cual está aquí, uno de los ladrones bajó por este conducto. Ahora, ese espacio tan reducido que le tomó doce horas hacer un agujero en la pared, la cual es de piedra. Luego durante el resto de la noche, le fue pasando el dinero a los que estaban en el techo a través de ese agujero. Bum.
—¿Cabemos ahí?
—Apenas. Y arreglaron la pared así que necesitamos un taladro. Sugiero uno de punta de diamante.
Stiles hablaba bastante, demostrando que sabía sobre el tema.
—Olvida el taladro.
—¿Disculpa?
—Si entro primero ¿Cuánto espacio tendré?
Stiles miró a su cuñado -como él mismo le decía- bastante altanero.
—¿Qué harás, Derek? ¿Romper la pared a golpes?
—Sí, Stiles, voy a golpear la pared.
El alfa se estiró, cruzando sus brazos sobre su pecho haciendo que sus bíceps se marcaran mucho más. Miró a Stiles retador. Disimuladamente le guiñó un ojo a Valeska que estaba apoyada sobre la mesa.
—Muy bien, chico rudo. Muéstranos tu gran puño. Por favor. Ahí, no tengas miedo.
Alzo su puño derecho frente a él con una mueca aburrida.
—El gran lobo malo—, se volvió a burlar su hermano. Tomó la muñeca del alfa y puso su mano a una corta distancia del puño de Derek—. ¿Ves esto? Son cuatro centímetros para reunir fuerza suficiente para golpear...-
Y el puño de Derek golpeó con fuerza la mano de Stiles. Quien se revolcó en su puesto a causa del dolor.
—Romperé la pared—, sentenció sobre los gemidos adoloridos de Stiles—. ¿Quién me seguirá?
Peter se libró con una excusa bastante barata, a su parecer.
—Yo...
—No. Una omega con su celo próximo en una bodega llena de alfas. Cariño, no te dejaría ni aunque me rogaras de rodillas—, susurró solo para ellos, ella cruzó sus brazos sobre su pecho en una mueca muy infantil. Sin embargo su omega aulló al escuchar ese apodo.
—¿Tengo que recordarles a qué nos enfrentamos? A una manada de alfas, y si eso no basta para asustarlos, intenten recordar que dos de ellos combinan sus cuerpos para formar un alfa gigante—, dijo Peter, haciendo la mímica de limpiarse las lágrimas de su rostro—. Erica y Boyd son chicos dulces, los extrañaremos.
—Lo pueden matar de nuevo, por favor.
—¿Tu qué opinas?
—Sí, si quieres que...-
—Tu no vas—, usó su voz de alfa, fuerte, imponente. Sintió la necesidad de llorar, sin embargo no lo haría. Se alejó hasta sentarse en el sofá.
Y Derek no pudo evitar pensar en el parecido que tenía con una niña pequeña haciendo una rabieta.
-V