Cap. 17

1160 Palabras
—Te dije que busqué en todas partes. —No buscaste aquí. Y seguidamente de debajo de un escalón Peter sacó una gran caja totalmente empolvada. —Encontraron a Stiles—, murmuró Scott. Gracias. Suspiró real y completamente aliviada. —¿Qué es eso, un libro? —No—, dijo obvio—, es una laptop en qué siglo vives—. Derek rodó los ojos. Sintió un inexplicable escalofrío recorrer sus piernas desnudas y subir por su espalda, hasta su nuca. Y no supo por qué, pues instintivamente abrazó uno de los brazos de Derek y entrelazó sus dedos con los de él, siendo correspondida. A Derek le sorprendió aquello, sin embargo correspondió el gesto -mientras internamente se cuestionaba el por qué ella lo había hecho. Peter explicó el contenido de la laptop, diciendo que tenía información importante en ella. Scott recibió una llamada a la cual no tardó en contestar. Al parecer su madre había descubierto algo y lo necesitaba, por tanto Scott y Isaac se fueron al hospital. Ella había decidido quedarse con ellos. Importándole poco las miradas descaradas que Peter le lanzaba, y no eran específicamente a sus ojos. Los Hale estaban inmersos en la computadora, investigando más. Ella había optado por no separarse mucho de Derek pues las miradas de Peter empezaban a incomodarle y sabía que Derek no dudaría en saltar a defenderla -no muy convencida del por qué estaba tan segura de ello. Lo sabía y no tenía argumentos para respaldarse. Una llamada ingresó en su celular, el nombre de su padre iluminó la pantalla y por mucho que quiso ignorarla pensó que lo mejor era contestar pues sabía que seguramente -a pesar de que Stiles estuviera a salvo- el debía seguir afectado. Se alejó de los hombres para contestar y no interrumpir. El hombre le explicó que Stiles ya estaba a salvo, cosa que ella ya sabía, y que se quería asegurar de que ella también lo estuviera. Y con esa simple llamada, una acción tan simple, ella se dio cuenta finalmente de que él siempre se preocupa por ella a pesar de estar lejos. De que el hombre no merecía su desprecio, a fin de cuentas era su padre. Regresó con los Hale, dispuesta a ver qué habían descubierto. —¿Se convertirá en eso? Eso tiene alas. —Ya lo vi. Y a juzgar por el tono de voz que usaban los hombres y por la pesadez del ambiente supo que sólo era el inicio de lo peor. Se acercó a la pantalla, viendo lo mismo que ellos. Derek habló con Scott, casi exigiendo que lo sacaran de la zona residencial. —Oh... mira, alguien hizo una animación. Tal vez si la vemos no nos...- El rugido que salió del parlante de la laptop fue perturbador, y aún más la misma animación. Los tres saltaron en su lugar. Peter cerró la laptop. —No. Definitivamente no. Derek le insistió a Scott y colgó. ( . . . ) —Yo... tengo que irme. Mi padre me necesita y... yo...- —Ve con cuidado—, le dijo Derek, dándole la espalda a Scott, Isaac y al padre de Allison, Chris Argent—. En especial con ese atuendo. Observó la minúscula pijama que Valeska usaba. Hacía un buen rato había descubierto que la menor no estaba usando ropa interior. También había notado que al caminar, el short se subía, dejando a la vista su trasero.  —Tengo garras y colmillos. No soy una niña indefensa—, rió un poco dando a resaltar la diferencia de edad entre ellos. —Sí. Pero si algo te pasa, tendré que ir por ti y no puedo dejar a Scott solo—, casi se burló. Okay... no sé de dónde viene todo esto, pero ojalá nunca pare. Pensó mirando los verdes ojos de Derek, notando que por culpa de la poca iluminación no se podían apreciar bien. ¿Qué puedo perder? Se alentó a sí misma para hacer lo que tenía planeado. —Ve con cuidado—, murmuró con ese particular tono suave que usaba cuando estaba muy cerca de Derek. Él sonrió tranquilizador, sintiendo entonces un cálido beso casto sobre sus labios. Y la fría mano de la teñida jugar con el cabello de su nuca. Se fijó en lo graciosa y pequeña que se veía al pararse en la punta de sus pies solo para poder darle esa leve caricia. Esa leve caricia que hizo a su lobo interno aullar de emoción. Esa delicada caricia al alfa que casi anhelaba una omega. Esa dulce caricia que ella le había dado, teniendo más coraje para hacerlo que él. Esa caricia que deseaba robar desde hacía un tiempo. Y sin importarle los hombres detrás suyo, o la tensión del momento; queriendo prolongar por más tiempo esa sensación de bienestar en su pecho a causa de las caricias delicadas que ella le daba. Tiró de su cuerpo por la cintura, poniendo una mano detrás de su nuca, juntó sus frentes, chocó sus narices, rozó sus labios... y finalmente los unió con necesidad. Sin pasar a ser algo más que los labios estáticos unidos. —Cuídate—, susurró bajando la mano por el pecho de Derek, sintiendo las miradas de los hombres sobre ellos, de impresión, incredulidad. Notó los cristales que adornaban los de la teñida, empañados a causa de su aliento tibio. Notó el tono rojizo que habían tomado los labios de la menor. El alfa sonrió un poco. Y a la vez que ambos ponían distancia entre ellos, una duda empezó a crecer en ellos. ¿Qué demonios fue eso? El alfa no sabía. No sabía y le había encantado. Casi deseaba que pasara con más frecuencia. La omega no sabía. No tenía ni idea de por qué había decidido arriesgarse así, pero había valido la pena. Y una nueva duda surgió: ¿en qué nos convierte eso? ( . . . ) Caminaba por las calles con dirección a su casa, pensando en el camino que debía tomar. Hizo un mapa en su cabeza, dándose cuenta de que le quedaba mejor dirigirse hacia la escuela en donde estaba su auto. Y así giró en una esquina hacia la escuela. Caminaba tarareando una canción casi para mantener sus nervios a raya. Y entonces pasó. A mitad de la acera sintió un fuerte dolor atravesado su pecho, su estómago, seguido de ardor en esta zona y finalmente una fuerte punzada en la cabeza. Y sin necesidad de pensarlo, ya sabía a qué se debía. —Derek. Girando sobre sus pasos empezó a correr hacia donde sabía estaban ellos. Sintiendo la imperiosa necesidad de estar con él, e incluso, protegerlo. Como si algo los uniera. Como si el separarse de él por mucho tiempo le hiciera daño. Como si una parte de su ser estuviera inevitablemente atada al ojiverde. Como si fuera su pareja destinada. -V
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