Cap. 19

1520 Palabras
—Buenos días. —Cállate. —No estarías de ese terrible humor si no hubieras llegado a casa hace tres horas y dormido solo dos. —Vete de aquí, Stiles. —¿Estabas con Derek, verdad? —¿Celos?—, se levantó finalmente, tomando sus gafas de la pequeña mesa de noche. —En lo absoluto—, dijo golpeando el marco de la puerta—. Vamos, hoy te llevaré. Si conduces así seguramente algún venado saldrá herido. Algo anda mal. Pensó, levantándose de la cama. Caminó hasta quedar frente a él. —¿Qué pasó? —Nada. —Stiles—, habló severa. —Nada, lo juro. —Stilinski. —Stilinski—, respondió él no dando su brazo a torcer. —Sabes qué, ya no quiero verte—, quitó sus gafas y caminó hasta el baño a tientas. ( . . . ) —Entonces quieres pedirle ayuda a Derek. —Sí, bueno, él...- —Tiene un trisquel tatuado en la espalda—, la teñida terminó la frase de Scott, hablando ambos al unísono. Ambos la miraron casi incrédulos. —O sea que... ya... ustedes... ¿ya?—, Stiles se enredó con su propia lengua, no queriendo tener la imagen mental de Derek y Valeska...- —¿Que si ya tuvimos sexo?—, dijo ella con total naturalidad—. No, hermanito. En cuanto a tu problema, Scott, él sabrá ayudarte... —Así que debe haber una manera de hacerlo sin sanar ¿cierto? —Sí. Pero ¿no crees que está ocupado buscando desaparecidos?—, Stiles señaló los dos pequeño avisos con las fotos de Erica y Boyd. La teñida bajó la cabeza al recordar la abrumadora sensación de impotencia de la noche anterior. "—Estarán bien. —No hay ningún rastro. Nada. —Los encontraremos, ya verás que sí. Pero tómate esta noche, o bueno, lo que queda de la noche. Estuviste horas buscándolos a ciegas. De día tendrás más visibilidad—, intentó convencerlo—. Además, estás cansado, intenta descansar y verás cómo todo se esclarece. —Pueden estar muriendo ahora mismo. —Y tu morirás si no descansas un poco. Mañana yo misma te ayudaré a buscarlos. Será más sencillo si vamos los dos. Derek miró a la teñida que lo abrazaba por la espalda. Giró su cuerpo para pasar uno de sus brazos sobre los hombros de la menor. —Y, Stiles estará muy ocupado haciendo sus cosas. Mi padre estará en la estación, ninguno me preguntará a dónde voy. Te ayudaré, Derek, quieras o no—, está vez el tono que usó fue un intento de firmeza y autoridad. Ambos sabiendo que si se trataba de Derek era imposible." —Tengo que irme—, les dijo y caminó hacia las chicas, que había visto recostadas en los casilleros. Se acercó a ellas, saludando con un particularmente extraño buen humor a pesar de haber dormido tan poco. Ellas lo notaron, preguntando de inmediato a qué se debía esto, sin embargo se limitó a responder con un encogimiento de hombros y una sonrisa juguetona. A pesar de que disfrutaba la compañía de los chicos, ellos casi siempre terminaban en problemas; no se quejaba pero casi estaba cansada de solo tener malas noticias. Y, el estar con las chicas, le parecía asombroso, le gustaba, eran sus primeras amigas y adoraba sentirse integrada en donde poder hablar de chicos o criticar a alguien más; pero, aunque le costara aceptarlo, difería en bastantes cosas, y se sentía más cómoda -mas ella- estando rodeada de hombres. Pensó que esto tal vez era porque en toda su vida siempre se llevó mejor con los hombres. —Novatos, cientos y cientos de novatos. —Querrás decir carne fresca—, dijo Allison guardando algunos cuadernos en su casillero. —Lydia, apenas tienen catorce años. —Derek tiene casi treinta—, exageró la aludida—. Y si lo pones así... cuando tu tenías catorce, él tenía veintisiete. Podría denunciarlo—, el tono era juguetón y casi irónico. Valeska rió a carcajadas, básicamente porque la diferencia de edad no era tan grande como la había pintado la pelirroja—. No lo haré porque eres mi amiga. Además algunos son más maduros que otros. —Estar soltera no es tan malo. Puedes tomar tiempo para ti y concentrarte en ser mejor persona. Lydia y Valeska intercambiaron miradas cargadas de burla. Entonces soltaron una fuerte carcajada sin reparos en disimularla. —Allison...—, dijo Valeska una vez recobrado el aire. —Allison, te adoro y si quieres hacer esa cosa en la que hablas de ti y fingimos que no lo haces. Está bien. —Pero...- —, la incitó la teñida sacando su celular de su bolsillo, que había empezado a vibrar indicando una notificación o incluso una llamada. —No quiero un novio. Quiero una distracción. Una llamada entrante. Le hizo una señal a las chicas y se alejó para contestar. Sin fijarse en ningún momento en el nombre que iluminaba la pantalla. —¿Qué?—, contestó la llamada como siempre lo hacía: firme, cortante, tosca. —Hola. ¿Por qué? ¿Qué maldito karma estoy pagando? —¿Qué?—, repitió acentuando la hostilidad en su voz. —Llevo tres meses sin probar el alcohol. —Excelente. Debiste llamar a quien le interesara realmente. —Por ti. —Deja las estupideces. A mi no me compra tu labia barata. Lo único que hiciste por mi fue sacarme a patadas de San Francisco. —Hija... —Lilian, tengo clase en unos minutos—, intentó librarse de la conversación. —Solo te llamaba porque...- hija, iré a Beacon Hills. Quiero verte y...- ya hice las reservaciones, me quedaré en un hotel en el centro. Que me lleve el diablo. —Asombroso—, fingió su emoción, haciéndolo en extremo obvio—. Disfruta los lugares turísticos. La gente aquí es amable, pero hay algunos que no dudarán en partirte la cara en menos de dos minutos—, su tono de voz pasó a ser amenazador, firme. —Vale... —Sé que eres mi madre, Lilian, eso no cambiará—, empezó a decir imprimiendo en su voz decepción—. Pero lo que me hiciste no puedo perdonarlo. —Si tan solo... —Cinco años. Cinco años en los que durante la luna llena me encerrabas en mi habitación y, si me ponía muy difícil, en el sótano. Dime madre, qué pasó con mis recuerdos. Qué hiciste con ellos. Porque sé bien que no solo fueron cinco años. Por lo menos ten la decencia de decirme cuántos años de recuerdos robados fueron. —Doce. —Doce malditos años. Debe haber una maldita excusa, una buena—, resaltó y tras escuchar la campana que indicaba el inicio de las clases colgó la llamada sin siquiera despedirse. Caminó perezosa por los pasillos no queriendo entrar a clase. Pero más allá de sus deseo de no entrar, había algo, un pellizco en su interior que la mantenía alerta. Algo andaba mal y lo sentía. Pensó que tal vez era Derek, pues últimamente de alguna forma estaban conectados -sus emociones o presentimientos- asumió que era él. Ingresó al salón correspondiente y caminó hasta la silla detrás de Scott. —¿Has hablado con Deaton?—, saltó su hermano. —¿Por qué?—, soltó más a la defensiva de lo que pretendía. "—¿O sea que, si las dejo de tomar, no moriré? Derek rió. —No, Valeska. Son supresores, como ya te dije. Su única función era hacer pasar tu olor de omega desapercibido y que no tuvieras tu celo...—, explicó Deaton. —¿Mi olor? —Es un olor fuerte, en especial para los alfas. Y es particular, especial para atraernos—, dijo Derek caminando hacia ella. —También suprimía tus feromonas. Miró al lobo frente suyo con total duda esperando una explicación. —Los expulsas cuando tienes emociones fuertes. Miedo, alegría, ansiedad, enojo, tristeza... Deaton salió de la pequeña habitación pues alguien había llegado con un perro que necesitaba atención. —¿Y a qué huelo ahora?—, coqueteó descaradamente, aún subida sobre una pequeña mesa de metal. Cuando Derek estuvo lo suficientemente cerca, poniendo sus grandes manos en los muslos de la teñida, abrió sus piernas para ubicarse en medio de estas. Enterró su cabeza en el hueco del cuello de la menor, inspirando su olor, casi como queriendo guardarlo en su memoria. —Estas nerviosa... —Y tu muy cerca. Creo que no necesito explicarlo..." —Vale...—, Scott la llamó. Ella, aún de pie, lo miró inquisitiva. —¿Qué sucede?—, alzó una ceja esperando a qué él dijera algo mas. El moreno hizo una mueca que asumió era de incomodidad—, algo te pasa. Tu...- apesta a miedo. Y entonces, antes de que pudiera responder algo, los celulares de todos empezaron a sonar indicando una notificación. Al revisar, era un mensaje -V
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