Cap. 9

1614 Palabras
Caminó hacia Allison, quien sacaba cosas de su casillero. La razón era simple e iba más allá del Kanima. Se juntaba con su hermano y con Scott la mayor parte del tiempo, dejando de lado a las chicas. Y bien, sí le agradaban, sin embargo tendía a llevarse mejor con los hombres. Así que, esa mañana había decidido alejarse un poco de ellos, ya que, a fin de cuentas se metía en problemas por los chicos. Se había propuesto en la mañana crear una amistad con las chicas y dejar de meterse en problemas. Aunque el no meterme en problemas lo veo más cercano a ser un milagro que un propósito. Pensó. Empezó a hablar de banalidades con la castaña, se reían, se burlaban de otros chicos. Le agradó Allison, pues realmente en ningún momento antes pudo tratar bien con ella; no le había podido dedicar un momento a hablar con ella más allá del Kanima o cazadores o cosas sobrenaturales. Dentro suyo sintió una pequeña conexión. Un pequeño indicio de amistad. Una amiga. Y pensó inmediatamente en Lydia, que al igual que Allison no había hablado mucho con ella. Caminaron juntas a la biblioteca, donde, para su sorpresa, estaban los chicos. A través de una estantería, entre los libros, Allison les tendió una tablet. —Es todo lo que Lydia tradujo. —¿Qué le dijiste?—, preguntó Scott entre susurros. —Que somos parte de una comunidad que pelea con criaturas míticas—, dijo casi burlándose. Ay, dios. Stiles. Pensó, incluso antes de que el muchacho hablara. —Yo sí soy parte de una comunidad que pelea con criaturas míticas—, dijo el chico de lunares manteniendo su semblante serio. Todos, a excepción de su hermana, lo miraron casi sin creerle. A la vez que hablaban del tema, la alarma de su celular sonó, la pantalla se iluminó con la palabra "pastilla". La teñida buscó en su bolso la susodicha, pero al no encontrarla supo que estaba en su casillero. Y tras hacer una pequeña nota mental para no olvidar tomarla prestó atención a sus amigos. La chica a su lado la miró interrogante, pues a diario la veía tomar una pastilla y le causaba curiosidad. Llegó a pensar incluso que se trataban de las pastillas para planificar, pero descartó esta posibilidad. Se prometió a sí misma que luego le preguntaría. Allison explicó lo terrible que podría llegar a ser. Siendo apoyada por Stiles quien insistía en lo desastroso que era todo el asunto. —Alguien debe hablar con Jackson. —Lydia puede saber algo sobre sus padres biológicos—, sugirió la teñida recordando haber escuchado antes que ellos alguna vez fueron pareja. —¿Y si no sabe nada? —Yo lo haré. No tengo una orden de restricción—, propuso Allison. —Yo tampoco, realmente—, aclaró la castaña. Los muchachos la miraron incrédulos—. Hablé con el padre de Jackson, dijo que su hijo en ningún momento escuchó mi voz en específico. Me retiró de la orden—. Se encogió de hombros tras explicarlo. —No irán. Seré yo—, habló Scott casi preocupado. —Debes presentar un examen—, Allison le recordó. —Iré yo. Allison no se mete en problemas con Jackson, Scott no se preocupa y presenta su examen. Y Stiles ni siquiera intenta detenerme. Todo saldrá bien—, dijo la teñida, con autoridad sabiendo que de otra forma no la dejarían hacerlo. —Promete que estarás bien—, casi exigió Allison. —Si intenta algo saldrás de ahí—, fue el turno de Scott. —Suerte, hermanita—, alzó su pulgar en su dirección, metiendo su cabeza entre el estante. La teñida empujó al chico, tirando varios libros en el acto. Se burló de él y seguidamente se retiró de la biblioteca. ( . . . ) Dio vuelta en una esquina, siguiendo de cerca a Jackson. Lo vio ingresar a las duchas y no tardó en ir tras él. —Jackson—, lo llamó, apretando su agarre en las cintas de cuero de su bolso. Caminó por el vestuario buscando al chico. —Aquí—, gritó de vuelta. Camino hasta el origen de la voz, hallando Jackson totalmente desnudo y alrededor de él bastante vapor a causa de la temperatura del agua. Sus gafas se empañaron casi al instante. Maldijo internamente al chico, se quitó las gafas para no ver algo. Retrocedió un poco, a tientas, no queriendo estar cerca al chico. —¿Pasó algo? —Pudiste avisar—, cerró los ojos al divisar la figura borrosa de Jackson acercarse a ella. —Tu entraste al vestidor de los hombres. —Supongo que tienes un punto. Pero no es el caso—, habló evidentemente nerviosa. Un pequeño nudo de miedo y ansiedad se empezaba a formar en la boca de su estómago, haciendo casi al instante que sus manos empezaran a temblar ligeramente. Y no es que fuera un cordero temeroso, al contrario. Es solo que, no lo lograba descifrar bien, pero sentía algo emanar de Jackson. Algo que simplemente le erizaba la piel y la hacía temblar de temor. —¿Sabes qué? Hablamos luego—, intentó alejarse, jugando nerviosamente con la gafas en sus manos. —No—, el tono de voz que utilizó sólo la hizo saltar de terror, y el nudo en su interior se apretó más, casi hasta el punto de hacerla chillar de temor—. Hablemos ahora. Empezó a retroceder, casi temiendo por su vida. —Yo... debo ir a clase. —Tienes calificaciones perfectas. Puedes faltar a clase. Apretó los labios en un gesto que le dio a entender a Jackson lo asustada que estaba —¿Estás bien?—, a sus oídos la voz de Jackson fue cínica, disfrutando el hacer sentir a la teñida así—. Late muy rápido tu corazón. Su respiración salió de entre sus labios entrecortada, temblorosa. Asustada. Él empezó a acercarse, en consecuencia ella empezó a retroceder. Al no tener sus gafas puestas, no distinguía casi nada y por tanto estuvo a punto de caer varias veces. Soltó una mezcla entre un chillido y un grito al tropezar con una banca. Su corazón latía desbocado, sentía su pulso tras sus orejas. —Venías a hablar. —Sí... bueno. Hablamos después—, propuso. —¿Segura? Luces estresada. Su espalda chocó contra una pared. No había escape. Tomó una inspiración fuerte, intentando relajarse. —Luzco como alguien que no ha tomado su medicina—, ni siquiera pudo ocultar el temblor en su voz. —Tal vez es por eso que no sabes. Y yo sí. O quizá solo temes por tus amigos...- acabas de conocerlos a todos. Apuesto a que hace tres semana ni siquiera sabías de tu hermano. Y ahora pareces el ser más considerado del mundo. Te diré un secreto. La tía de Allison murió. Lydia casi muere. ¿Quién sigue? Según veo, la más indefensa y desprotegida. Y, a juzgar por...- —, le quitó las gafas de las manos y las alzó sobre su rostro. Puso ambos brazos junto a su cabeza, obstruyendo cualquier vía de escape—. Creo que tu serás la siguiente. Eso. Claro. Si tu admirador no tan secreto lo evita... Otro gemido mezclado con un chillido leve escapó de sus labios, cuando Jackson rozó la piel de su garganta con sus garras. —Pero si lo dejas todo en sus manos. Entonces ya estás muerta. Respiró intentando estabilizar su respiración. Juntó todo el coraje y fuerza que tenía para evitar que le desgarrara el cuello. —No... yo...- yo puedo defenderme. Y, tentando su suerte, pues la figura de Jackson -a pesar de su cercanía- era bastante borrosa. Lanzó un puño hacia la garganta del chico. Él tropezó. Y en un intento de huir fallido, él la tomó de la chaqueta de forma brusca. De modo que ambos cayeron al suelo. Él sobre ella. Él desnudo sobre ella. —Valeska—, algo cambió en su mirada. Ya no parecía un ser sin alma y asesino. Se levantó, alejándose un poco. En cuanto pudo se puso su ropa interior. Se sentó en el suelo. Pegando su espalda nuevamente a una pared cercana. No tenía idea de dónde estaban sus gafas. Entonces lo que menos esperaba sucedió. —No pasó nada. Yo lo lamento. No sé qué...- Y entonces una figura bastante rápida empujó a Jackson hacia los casilleros. Una pelea se desató entre Jackson y la figura. No sabía exactamente qué pasaba por falta de sus preciadas gafas. Sin embargo asumió que Jackson la estaba pasando mal. Buscó a tientas en uno de sus bolsillos su celular. Le envió un mensaje a Allison, Stiles y Scott, les pidió que corrieran hacia los vestidores de los hombres. Y sí bien, todo era borroso, conocía el teclado de su celular de memoria. La puerta del vestuario se abrió nuevamente y por esta entró otra figura, la cual asumió era Scott. —¿Qué haces aquí? Si te ven te arrestarán—, la segunda figura habló, confirmando sus sospechas. Scott gruñó y suspiró pensando en qué hacer—. Vete. Yo... me las arreglaré... y llévatela, no puede estar aquí. Entonces en su campo de visión apareció la primera figura. Esta le tendió una mano. Se levantó del suelo de un solo tirón. Entonces supo quién era. Ese olor. Era Derek. Su vista se aclaró al sentir al alfa acomodar las gafas en sus orejas, balanceándolas sobre el puente de su nariz. —Hay que irnos. -V
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