—¿Qué pasa?—, respondió la llamada medio adormilada.
—Allison viene en camino. Scott está buscando la tablet que Danny le dijo. Y yo he estado desde ayer cuidando de Jackson. Podrías, por favor, venir. Gracias—, habló Stiles desde el otro lado de la línea.
—También faltaste a clase—, dijo aunque sonó mas como una pregunta.
—¿También?... espera, ¿te acabas de despertar?
—Sí—, respondió simple, y un bostezo le siguió a su afirmativa. Miró su celular, notando que ya era bastante tarde—. Maldición. Bien. Llegaré en unos minutos—, se levantó de golpe, y tomando algo de ropa entre sus manos ingresó al baño.
( . . . )
Se acercaba a paso rápido a los tres que hablaban al borde del risco.
—Alguien que quería protegerlo—, dijo Allison tras pensar unos minutos.
—Por favor, no me digan que eso es de la policía. Y robado—, señaló al camión a sus espaldas.
—Dijiste que leíste que el Kanima solo persigue homicidas, si eso es cierto...
—Pero intentó matarnos a todos, ¿lo recuerdas?—, Stiles interrumpió a Scott algo alarmado—. No sé ustedes, pero yo no he matado a nadie últimamente.
—No. No creo que quisiera matarnos. ¿Recuerdas en casa de Isaac? Pasó sin lastimarnos.
—Tienes razón, sólo huyó.
—Por eso no te mató en el taller mecánico—, razonó mirando a Stiles.
—Sí, pero intentó matarnos a Derek y a mi—, interrumpió la teñida mirando a Scott.
—¿Segura?
—Sí, lo habría hecho. Estaba esperando a que saliéramos de la piscina.
—¿Y si... solo los mantenía ahí?
Tiene razón. Pensó. Notando cómo solamente no quería que salieran de la piscina, el querer tenerlos confinados en tres metros de agua por casi cuatro horas. Pues ni siquiera había intentado matarla cuando se acercó al borde de la piscina para tomar su celular.
—¿Por qué de pronto me siento violado?—, Stiles intervino, con una mueca atónita, dándose cuenta que las palabras del moreno eran ciertas.
—Porque está pasando algo más y no sabemos qué es ni qué le está pasando a Jackson.
—Y tampoco por qué intentan protegerlo—, intervino pensando en las palabras de su amigo.
—Conoce a tu enemigo—, dijo Allison casi como citando algo. Un recuerdo pareció desbloquearse en la cabeza de la teñida, quedó sin palabras por un momento intentando retener las imágenes por más tiempo—. Me lo dijo mi abuelo.
—Bueno, ya sé, matamos a Jackson y problema resuelto—, propuso el chico de lunares.
—Recuerda que él nos salvó de Peter.
¿Quién es Peter?
—Recuerda que obtuvo la mordida de Derek. Es casi gracioso que se arriesgara por nosotros—, se burló Stiles con una mueca sarcástica.
—No significa que no valga la pena salvarlo.
Dio unos pasos hacia atrás. Alejándose de sus amigos. Caminó cerca del camión, intentando encontrar un punto silencioso lo suficientemente cerca de ellos.
—Oigan. Yo... me iré a casa—, llamó a sus amigos empezando a caminar hacia su auto, al recordar de golpe que no había tomado su pastilla.
Se maldijo internamente por eso durante todo el trayecto a casa. Es decir ¿Cómo se le iba a olvidar algo de esa magnitud? Era inaceptable. Casi podía escuchar la insidiosa voz de su madre reprendiéndola.
"—¿Sabes lo que pasaría si olvidas tomarlas?—, se escandalizó su madre, caminando nerviosa por la sala de estar.
—No, mami—, jugó con sus manitas, agachó la cabeza al verse regañada por su madre, viendo sus pequeños pies colgar por el borde del sofá.
—Puedes morir, Val—, dijo sin poder ocultar el temblor en su voz.
—Lo siento—, susurró, bastante apenada—. No lo olvidaré jamás. Te lo prometo, mami.
—Sé que así será—, entonces hubo un cambio drásticamente en la actitud de la mujer. Pasó a estar completamente enojada, con una mirada fría y postura firme. Quería intimidar a la pequeña niña de ocho años—. Vete a tu cuarto, no saldrás hasta mañana."
Entró en la casa. Caminando pesadamente, arrastró los pies por todo el suelo de madera, subió las escaleras e ingresó en su habitación.
Miró el reloj en su muñeca notando lo tarde que era. Evidentemente había conducido mucho más de lo necesario, incluso se atrevería a decir que estuvo dando vueltas sin sentido por la ciudad. Tanto así, que el Jeep de Stiles estaba afuera y sabía que su hermano había salido del bosque mucho después que ella.
Caminó al baño, sacó una pastilla del empaque, hincándose en el lavabo pasó la pastilla con el agua que corría de este. Salió del pequeño cuarto quitándose las gafas para presionar sus ojos con sus dedos, pues el dolor de cabeza ya empezaba a amenazarla. Caminó a tientas por la habitación buscando su cama.
—Escucha, Scott y Allison cuidarán a Jackson por ahora. Más tarde iré yo. Podrías acompañarme, si quieres.
—Gracias. Pero, no gracias—, dijo a la vez que quitaba sus zapatos sentada en el borde de la cama.
—Okay... bueno, papá llegará seguramente en la madrugada, pero si llega antes y no estoy, dile que me quedé en casa se Scott.
A la vez que el castaño hablaba, parado en el marco de la puerta, la teñida, dándole la espalda, quitó su camisa. Caminó por la habitación hasta su maleta, sacando una sudadera que tenía específicamente para dormir. Su hermano quedó sin palabras, desvió la mirada inmediatamente algo nervioso.
—Tienes un tatuaje—, dijo tragando duro. Casi buscando algo de qué hablar para distraerse.
—Sí—, dijo simple, mirando sobre su hombro—. ¿Lindo, no crees?
—Es un dragón. Con un Kanima siguiéndonos no sabría decirlo...—, dijo, finalmente atreviéndose a mirar hacia su hermana, quien se hallaba ya pasando la sudadera sobre su cabeza.
Pudo distinguir claramente, antes de que el material cubriera la espalda de la teñida, la figura del mencionado. Este estaba de forma que parecía que subía por la columna, con el hocico en donde empezaba el cuello y la cola del mismo bajaba por sus vertebras hasta llegar al borde del pantalón de la teñida.
—Creo que fue eso lo que hizo a mi madre enloquecer—, casi rió, arrugando la nariz en un gesto casi infantil.
—¿El tatuaje?
—Supongo. Pero tal vez fue el tamaño. Bueno, no es tan grande, solo... ugh, ya no lo sé. Esa mujer enloquecía por todo. Un día tendrá un infarto si le llego a decir que tengo pareja—, rodó los ojos ante el solo recuerdo de su madre. Cambió el tema drásticamente en un intento evasivo de hablar de la mujer que la había criado—. Ve a descansar, Stiles.
( . . . )
El sonido incesante proveniente de su celular la despertó. Y al llevar el aparato a su oído escuchó la voz de su hermano que le decía que fuera a la estación de policía. Era de noche, supuso que no más de las doce.
Ni siquiera cambió el short, tan corto que dejaba ver parte de su ropa interior, y tampoco la gran sudadera que hacía parecer que realmente no usaba nada bajo esta. Solo se puso las gafas y amarró su desordenado cabello en una coleta alta, se puso zapatos y tomó las llaves del auto.
Al llegar a la estación, vio a Stiles esperándola. Ingresó en una habitación donde estaba Scott sentado frente a una mesa. Un hombre que desconocía junto a esta y en la cabeza de la mesa su padre. Stiles se sentó y señaló una silla a su lado. Imitó su acción.
—Bien. No se acercarán a Jackson Witthmore a menos de quince metros, no le hablarán, no intentarán abordarlo, no lo atacarán, o molestarán física o psicológicamente.
Lanzó los papeles sobre la mesa mirando a los jóvenes severamente.
—¿Me hiciste venir para que me leyeran una maldita orden de alejamiento?
—Tuve que hacerlo—, dijo hacia ella.
—Te detesto—, dijo, evidentemente de mal humor.
-V