Cap. 7

1191 Palabras
—Escucha, pequeño pedazo de porquería, aprecio el ser salvada pero pudo ser mas rápido. A la próxima que no sea cuando estemos ya muertos—, habló algo alterada. Entró al auto, intentando cubrirse de la fría brisa de la noche. Miró a Stiles y a Scott quienes mantenían su vista fija en un computadora puesto sobre el auto de Derek. Tenía frío y su ropa estaba empapada, sabía que el quedarse con esa ropa húmeda sólo le traería un resfriado y al no tener más opciones, recurrió a la última de su lista. Quitó la camisa, quedándose únicamente en sostén. Cruzó sus brazos sobre su cuerpo, intentando cubrirse un poco. Y no es que no le gustara su cuerpo, le encantaba: grandes senos, cintura pequeña, grandes carderas. Sin embargo, lo cubría por los moretones oscuros que su madre le había hecho y aún no habían sanado. No le avergonzaba su cuerpo. Le avergonzaban las marcas en su piel. —Es un Kanima. —¿Lo supiste todo este tiempo? —No, solo cuando se confundió con su propio reflejo. —No sabe lo qué es—, dijo Scott. —Ni quién es—, terminó el ojiverde. —¿Qué más sabes? —Historias, leyendas... Ignoró la conversación que ellos tenían, encendiendo el radio de su auto. Pero entonces escuchó gritos por parte de ellos, por parte de Scott. Todos parecían serios y algo enojados, en especial Derek. —Todos hablan de bandos, cuando hay algo mucho más grande y fuerte matando personas, y no hay nada sobre él. —Sé algo. Cuando lo tenga en frente, lo aniquilaré—, bufó Derek con un semblante bastante enojado, miró a los chicos con el entrecejo fruncido, finalmente la miró a ella relajando un poco su expresión. Como si con esto le estuviera agradeciendo el no haberlo dejado ahogarse. Sin decir nada más, él se retiró. ( . . . ) —Acabo de hablar con mi papá, que habló con Jackson. Tengo malas... muy malas noticias. —Sea lo que sea... —Creo que ya sé qué es—, sentenció Scott señalando al asiento frente suyo. Con una chaqueta de cuero, rizos rubios, sonrisa altanera y la colonia dulce que lo caracterizaba, Isaac casi se burlaba de los tres jóvenes a sus espaldas. —Será una clase larga—, susurró la muchacha. Sacó de su mochila una pastilla y una botella de agua para pasar la pequeña cápsula. Al sentir la mirada de los hombres a su lado sólo les dedicó una sonrisa falsa junto a un encogimiento de hombros. ( . . . ) Salió del salón de clase, caminando a su casillero para guardar los libros de la clase que ya había tenido y sacar los de la siguiente; Scott y Stiles de habían adelantado, hablando entretenidos del Kanima. —Derek quiere que lo hagamos en química—, escuchó claramente la voz de Erica. —Si es ella juro que acabaré con ese monstruo. Pensó en ir a contarle a Scott y Stiles de lo que había escuchado, sin embargo un Jackson bastante apresurado pasó junto a ella casi empujándola. Supo entonces que él le diría algo a los chicos. Decidió entonces ir a clase. ( . . . ) —O convencemos a Derek de que está equivocado o encontramos otra forma de protegerla—, escuchó a Allison decir a la vez que entraba en el pequeño despacho. —Recibí tu mensaje...- —No creo que vaya a hacer algo aquí, no en la escuela—, dijo Scott casi ignorando a la castaña. —¿Y después de clase?—, Allison suspiró algo estresada—. ¿Y si le mostramos a Derek que se equivoca? —¿Antes de las tres?—, respondieron escandalizados los hermanos. —Debe haber algo que en el bestiario. —Ah, claro, el libro de novecientas páginas escrito en latín que no podemos ver leer... suerte con eso—, bramó Stiles. —Conozco a alguien que nos podría ayudar—, murmuró Allison pensando. —Scott podría hablar con Derek—, sugirió la teñida. Scott y Allison tuvieron un momento, justo después de que ella rebuscó en su bolso sacando de este una ballesta. ( . . . ) —¿Qué?—, respondió la llamada sin siquiera mirar de quién se trataba. —Valeska, casa de Scott. Ahora—, la voz de Stiles resonó por el auricular de su teléfono. —Asumo que no pudo convencer a Derek—, dijo casi burlándose. Miró a ambos lados de la calle, girando el volante a la derecha, cambiando totalmente el rumbo. Colgó y aceleró. Dio un par de giros en algunas calles, llegando finalmente a la casa de su amigo, a la vez que veía a Allison, Jackson, Lydia y Stiles bajar del jeep del último. Ingresaron a la casa. Stiles cerró la puerta asegurándose se asegurarla. Lydia lo miraba como esperando una explicación. —Han habido varios allanamientos. Tomó una silla y la ubicó frente a la puerta. —Y un homicidio. Fue horrible. —Oye, Lydia, ¿puedo hablar contigo?—, Jackson la llamó y se retiraron hacia una habitación, entre quejas cansadas de la pelirroja. Y tanto Stiles como Allison se acercaron a las ventanas, vigilando. Ella se sentó en una silla, y tomando su celular entre sus manos empezó a jugar. Stiles se giró a mirarla, escuchando los sonidos que el juego producía. La miró interrogante, ganándose una expresión totalmente despreocupada de parte de la teñida. —Ustedes se meten en problemas sobrenaturales y cuando les toca enfrentarse no se aguantan—, explicó, levantándose de la silla resignada. Stiles la miró alzando una ceja. —Iré a vigilar la puerta trasera—, dijo para después retirarse por el pasillo, sin siquiera estar segura de que había una puerta trasera. Escuchó a Allison y Stiles hablar, pero no sabía exactamente de qué. Se recostó en una pared volviendo a jugar con su celular. Entonces escuchó la voz algo asustada y desesperada de su hermano, y antes de que pudiera acercarse a ver qué sucedía, un fuerte golpe en la parte de atrás de su cabeza la dejó inconsciente. ( . . . ) —Ahora lo entiendo, Scott... —, una voz imponente y algo distorsionada se escuchó, lejana pero haciendo eco en los pasillos de la casa—. No eres un omega. Eres el alfa de tu propia manada. Se levantó del suelo, sintiendo fuertes punzadas en toda su cabeza. Maldijo mil veces a quien fuera que la hubiera golpeado. Caminaba lento por el pasillo, sintiendo mareo y el dolor intensificarse. Entonces un gruñido, justo como los de la piscina, retumbó en la residencia. Salió corriendo, tropezando sobre sus pies. Viendo afuera a sus amigos, a Derek, Isaac y Boyd. Entonces fijó su vista hacia atrás, mirando el techo de la casa. Viendo el Kanima. Notó que la única persona que  no estaba presente era nada más y nada menos que su capitán. —Es Jackson. -V
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