Derek gruñó, sacando sus garras y corrió hacia aquel alfa formado por Ethan y Aiden. Intercambiaron un par de golpes, sin embargo parecía que estos no le afectaban en lo absoluto a los gemelos.
Derek terminó en el suelo. Y por muy enojada que estuviera con él por haber besado a Jennifer, sacó sus garras y gruñó, llamando la atención de todos. Corrió hacia el alfa y se lanzó para atacarlo, y al igual que Derek, terminó en el suelo, adolorida y golpeada.
Ni siquiera sabía en dónde estaban sus gafas. Casi rezó porque no se hubieran roto.
Stiles y Peter corrieron por el pasillo hacia Cora -supuso pues su visión era pésima sin sus gafas; aprovechando que Scott tenía distraído al alfa.
Tanteó el suelo en busca de sus lentes y una vez los hubo encontrado, notó a Jennifer subir al elevador.
—Maldita bruja—, maldijo poniéndose en pie y corriendo hacia las puertas del elevador. Sin embargo, era inútil, ya se había ido.
( . . . )
Corrieron por los pasillos del hospital, Peter cargaba a Cora en uno de sus hombros. Stiles lucía aterrado tras la mirada que los gemelos alfa le dieron, después de que el bate que cargaba fuera roto en pedazos contra la cabeza de ellos.
Las luces parpadean y eso solo era un pequeño recordatorio de la infernal tormenta, sabía que en cualquier momento los generadores fallarían y andarían a ciegas. A ciegas y con una manada de alfas asesinos persiguiéndolos; eso, sin contar a Jennifer.
—¿Y el grandulón?
—Cerca—, dijo Derek, cerrando la puerta de la morgue y mirando por la pequeña ventana que tenía esta.
—¿Y la señorita Blake?—, dijo Stiles mirando a Scott.
El moreno negó.
—¿Eso qué significa? ¿Que se fue?¿Scott, estás bromeando?—, casi gritó.
—Cállate—, escupió Derek entre dientes.
—¿Que me calle? ¿Ahora me dices qué hacer? ¿Qué te pasa? Cuando es tu novia la asesina, la segunda de ese tipo por cierto, que tiene a mi papá en algún lugar atado y listo para ser sacrificado.
Ignoró lo que decía. Completamente. Intentaba mantener su mente alejada del recuerdo del beso, intentando mantener su mente serena -lejos de la abstinencia- pues había algo más importante en qué pensar. Intentó ayudarle a Peter, quien intentaba ayudar a Cora, sin éxito.
—Stiles, siguen ahí.
—Y la quieren, ¿no es cierto? Tampoco la tenemos, lo que quiere decir que nuestro papá y Cora están muertos—, se estaba empezando a desesperar y podía sentir el pánico en su voz.
—Y mi madre, Stiles. Cora no ha muerto, y ellos tampoco, relájate antes de que atraigas a la manada y nos maten a nosotros primero—, se acercó a su hermano, hablando en voz baja.
Scott habló con Peter. Y segundos después por otra puerta de la cual no había advertido su existencia, entró Jennifer, alegando que no podrían ayudar a Cora y que la única que podía salvar al sheriff Stilinski, a la madre de Scott y a su madre era ella. Y, jugando en su contra había una manada de alfas que la quería muerta. Especificó que solo los ayudaría cuando hubiese salido del hospital sana y salva.
Contuvo sus deseos de partirle la cara.
Sin embargo Derek no era tan pacífico como ella, y no dudó en saltar a atacarla. Siendo retenido por Stiles y Scott.
—Intentó escapar—, casi gritó.
—Intentaba que no me asesinaran, no me puedes culpar por eso.
—Si eres de los nuestros, demuéstralo. Cura a Cora.
Rió estúpidamente al escuchar esta frase.
—Solo hasta que esté a salvo—, repitió.
Esta vez casi pudo concordar con Derek al intentar saltar a atacarla.
—Quiero proponer un método de persuasión diferente—. Peter habló—. Hay que torturarla.
—Que sea unánime. Lo secundo—, alzó el brazo. Stiles se lo bajó de un tirón.
Articuló un "amargado" a la vez que se cruzaba de brazos y veía a Derek y a Scott forcejear.
—Umm... su atención, por favor, el señor Deucalion...- oh, lo siento, solo Deucalion, les pide que traigan a la mujer que se hace llamar Jennifer Blake a la recepción. Si lo hacen, los demás pueden irse. Tienen diez minutos—, la voz de la madre de Scott sonó por los parlantes.
Y casi pudo sentir la impotencia y temor que sentía Scott en esos momentos.
—No le va a hacer daño—, Jennifer intentó justificarse pobremente.
—Cállate—, soltaron Valeska y Derek al unísono, bastante enojados a decir verdad.
—No lo hará. Scott, sabes por qué. Díselo.
—¿De qué está hablando?—, Derek miró a Scott, inquisitivo.
Añade un poco de fricción y mira la chispa. Pensó, alejada del grupo, sin quitarle los ojos de encima a Blake.
—No eres el único que quiere en su manada. Deucalion no solo quiere una manada de alfas. Quiere la perfección. Significa añadir a los alfas menos comunes a sus filas.
—Un alfa verdadero—, Peter jadeó, pensando en voz alta.
—¿Qué es eso?—, dijo Stiles, entendiendo muy poco.
—El que no le tiene que robar su poder a otro. Que se eleva solo por su fuerza de voluntad. Nuestro pequeño Scott.
—Scotty...—, cantó y acto seguido rió, sentándose sobre una mesa que era claramente para llevar a cabo necropsias.
—No importa. Aún tenemos que sacarla de aquí.
Jennifer asintió casi esperanzada.
Quiero arrancarle la garganta con mis dientes.
—Scott, tu mamá—, Stiles interrumpió casi recordándole que la vida de la madre del moreno estaba en peligro.
—Mi mamá... dijo que otra ambulancia vendrá en veinte minutos. Y no hemos estado tanto tiempo aquí, vamos al estacionamiento y subamos a la última ambulancia.
—Suena como un plan—, balanceó sus pies, concordando con Scott.
—Los gemelos no nos dejarán salir caminando...
—La voz de la realidad—, cayó en cuenta el gran problema que imponían los gemelos, en su plan.
—Yo los distraeré—, Scott volvió a hablar.
—Solucionado. Andando—, saltó de la mesa.
—Hablas de pelear con ellos...
—Haré lo necesario.
—Te ayudaré.
Aquellas dos palabras parecieron firmar una sentencia de muerte, pues una vez acabada la frase de Derek, ella sintió un nudo de impotencia instalarse en su garganta. Quería ofrecerse a ayudar, a luchar... pero sabía que eso implicaría una carga para ellos, pues al ser una omega, el olor dulce que desprendía solo volvería más locos a los otros alfas. Peor aún su estado debilitado a causa de la abstinencia que aún intentaba sobrellevar, sería un punto en contra,
—Amm... lo siento pero no iré a ningún lado sin ti, Derek.
—Suficiente. Stiles, aguja e hilo, le voy a coser la boca—, tiró de sus mangas, subiendo estas hasta la mitad de su antebrazo.
—Yo lo haré—, Peter habló, refiriéndose claramente a luchar junto a Scott—. Pero con una ventaja.
—¿Qué tipo de ventaja? ¿Hablas de un arma?
—Mejor que un bate de béisbol...
Empezaron a hurgar en los cajones en busca de aquella "ventaja".
Stiles tomó un desfibrilador: —¿Qué tal esto?
—¿Sabes usarla?—, preguntó acomodando sus gafas sobre su nariz.
—No...
—Entonces déjala—, Derek habló sin dejar de revolver un cajón.
Removió las cosas de un cajón, notando que en el fondo de este, ocultos, estaban dos pequeños tarros de morfina.
¿Debía? No, es correcto. Un debate interno estalló a la vez que escuchaba a los demás hablar.
—Epinefrina.
—Eso nos haría más fuertes—, dijo Derek, mirando a Scott, quien tenía una enorme aguja en sus manos.
Tomó los tarros y los guardó en uno de sus bolsillos. Sabiendo que nadie había notado esto. Había caído en la tentación.
Peter se acercó: —¿Qué tan fuertes?
-V