"—¿Has visto a tu madre? Vine a despedirme. Ya que no debí venir, en primer lugar—, la voz de Calvin sonó desde el otro lado de la línea.
—No—, dijo conteniendo su deseo de contarle que Jennifer se la había llevado junto con su padre, y que seguramente serían sacrificios—. Te pregunto algo, ¿por qué terminaron ustedes?
—Verás, ella y yo no íbamos juntos. Buscamos cosas diferentes, yo aún busco, tu madre ni siquiera buscaba cuando me encontró. Y, como sabrás, ella en un principio estuvo conmigo solo para herirte; yo supe de eso después. Supongo que perdió el interés cuando supo que tu y yo ya no estábamos juntos, que me habías mandado a la mierda y que no me perdonarías ni una sola infidelidad más.
—Palabras más, palabras menos, fue porque tu y yo terminamos.
—No le parecía interesante estar conmigo, si a ti no te interesaba yo. Como un niño que quiere el juguete de otro y al tenerlo fácilmente le parece aburrido.
Qué estupidez. Pensó casi rodando los ojos.
—Y... lo del recital. Yo... eso no debió pasar. Lo lamento.
—Yo no. Te extrañaba.
—Quisiera poder decirte lo mismo".
Se detuvo para limpiar los lentes de sus gafas pues la infernal tormenta no tardaba ni cinco minutos en empaparlos, quitándole cualquier posibilidad de visión.
Se los puso nuevamente y reanudó su marcha, bastante perezosa y lenta. Y la verdad es que le importaba muy poco resfriarse.
Su celular sonó y al contestar un relámpago iluminó el cielo, seguido de un ensordecedor trueno.
—¿En dónde demonios estás?
—En la calle.
—Evidentemente. Pero tienes un maldito auto y hay una maldita tormenta.
—Necesitaba pensar, Stiles.
—Iré por ti, ¿Dónde estás?
—Voy hacia el departamento de Derek, estoy a dos calles, no te molestes en venir—, al escuchar a su hermano intentar replicar algo, lo interrumpió—. Adiós, Stiles.
Y sin más, colgó.
No mentía, necesitaba un poco de tiempo sola para pensar y simplemente desconectarse de todo. Despejar su mente de absolutamente todo. Y, tal vez había sido algo estúpido caminar bajo la tempestad; un capricho tal vez.
Y en su mente, extrañamente, solo rondaba su madre. Y pensaba qué le habría pasado; hacía tan solo unas horas esa insoportable mujer parecía no querer despegarse de su lado, y ahora ni siquiera contestaba el celular.
Se halló frente a la puerta del departamento de su alfa. Cada fibra de su cuerpo ansiaba huir de ahí, salir corriendo.
Al entrar a este se halló con la para nada agradable escena- de Jennifer, su tan detestable y nada amable maestra y... Derek, unidos en un beso. Casi pudo sentir su corazón romperse.
Se quedó en la entrada, observando todo, en silencio.
No haría una escena. No sería tan inmadura. Si debía decirle algo a Derek, lo haría, pero nadie más debía enterarse de ello.
Solo fue hasta que Stiles preguntó por el paradero de su padre -que Jennifer lo negó de inmediato- que ella habló, captando la atención de todos en la sala.
—¿Y mi madre? ¿Tampoco sabes, no es así?—, cruzó sus brazos sobre su pecho intentando darse algo de calor. Derek lucía nervioso, nervioso de que ella los hubiera visto.
Jennifer nuevamente lo negó.
—¿Saben qué? Que se joda, le voy a cortar la maldita garganta—, casi corrió hacia Jennifer. Stiles la sostuvo con fuerza.
Scott habló con la mujer que parecía no querer dar su brazo a torcer, finalmente arrojándole una especie de polvo.
Eso es ella. Un monstruo. Vaya, madre, creo que no conoces la definición de monstruo. Pensó casi con burla, soltandose del agarre de su hermano.
Derek tomó a Jennifer de la garganta, clavando sus garras en la piel de la mujer.
Excelente, primero la besa y ahora la ahorca. Decídete. Pensó, sintiendo meramente en su ser, ira. Sintiendo el deseo imperioso de arrancarle la cabeza de su cuerpo.
—Me necesitan. Todos ustedes.
Dijo la mujer luego de que Derek llamara a Peter, confirmando el estado de Cora.
( . . . )
—Deben saber que no hago esto por obligación. Sino porque quiero... en serio. Podría huir. Y no sería fácil para ustedes detenerme. Pero no quiero que tu hermana muera, solo hice lo que tenía que hacer.
—Cállate, mejor—, Derek habló cortante.
Pensó en lo afectado que lucía a causa de la indiferencia de su mate.
Si tanto le afecta ahora, debió pensar mejor antes de besar a Jennifer. Razonó.
—Debes saber toda la historia. Tienes que saber qué tan conectados estamos.
—Ya deja de hablar.
—Debí subir al estúpido jeep—, soltó hastiada. Recostando su cuerpo en el asiento e intentando con todas sus fuerzas: calmarse. Miró sus manos, se fijó en la sangre en ellas, se fijó en sus garras enterradas en sus palmas.
"—No quiero tu estúpida chaqueta.
—Te vas a resfriar.
—Muy considerado, Stiles. No seas el abogado de los pobres. Te aprecio, hermanito, y lo último que querría es cortarte la garganta.
—Halagador...—, casi pudo escucharlo tragar saliva—. Escucha, no creo que debas ir en el auto de Derek... ya sabes...
—Oh, claro que iré en ese auto. Así tenga que cortarle la garganta, ella no volverá a acercarse a Derek.
—Pero...-
—Stiles, sube a tu jeep y conduce. Iré con ellos.
—Yo creo que...-
—Cállate, Scott."
Al llegar al hospital, caminaron por los pasillos, decididos. Derek sostenía del brazo a Jenifer con fuerza, Stiles tenía un bate en sus manos, ella iba a la par de Derek, y Scott iba al final. La madre del último lo llamó.
—Vinimos por Cora.
—¿Todos ustedes? ¿Por qué tiene Stiles mi bate?
—Mamá, confía en mí. Tienes que irte de aquí.
La mujer le dio algunas especificaciones a Scott, y tan pronto como terminó, él les dedicó un asentimiento. Esta vez empezaron a caminar con rapidez.
Subieron al elevador.
—No tienes que mantenerme atada, Derek, vine a ayudarte.
Ahogó una risa burlona. Sin despegar sus ojos de la mujer.
Las puertas se abrieron y caminaron por el pasillo. Habían llegado a la habitación, sin embargo solo había una camilla vacía y un extraño líquido n***o. Notó que había un rastro del mismo, y se perdía por una puerta al final del pasillo.
—Derek...—, lo llamó Scott.
Todos dirigieron la mirada a la puerta, algunos gruñidos se escucharon. Y luego, salió Peter por esta, arrastrándose por el suelo como si fuera hielo.
—Tenemos un problema—, dijo él con una mueca de dolor.
—Hola, Peter—, saludó burlona, mirando al hombre en el suelo.
—Un problema muy grande.
Un fuerte gruñido inundó los pasillos. Se fijaron en el origen de este, y era un gran alfa, eran los gemelos.
-V