Cap. 31

1282 Palabras
—Pensé que no vendrías—, Scott le dijo, parado junto a ella—. Hueles a...- —Nicotina. Cigarrillo. Sí, así es. Pero en cuanto a lo otro, estoy limpia—, dijo removiéndose de incomodidad en su lugar. El moreno a su lado le preguntó qué pasaba, obteniendo como respuesta un encogimiento de hombros—. Es Derek, está en el hospital con Cora. Y está triste, decaído, siente impotencia. —Y todo eso...- —Lo puedo sentir por la marca. Y no creo poder quedarme aquí por mucho tiempo. Voy a enloquecer. Yo debería estar en el hospital con él. —Nos puedes ayudar a detener un sacrificio. La música sonaba, los cantos, todo en perfecta sincronía. Sonaba fabuloso a su parecer pero por mucho que intentara centrarse completamente en el recital; no podía. Era ya la cuarta vez que revisaba su celular en menos de diez minutos, simplemente presa de lo que sentía Derek y de lo mucho que su omega deseaba estar con él. Encendió la pantalla del aparato y vio, esta vez, dos mensajes y dos llamadas perdida. Una era de Lilian y la otra de Calvin. En cuanto a los mensajes uno era de Stiles y el otro de Calvin. Por qué demonios no me puede dejar tranquila. Pensó en todo el daño que él le había hecho, casi recordándose a sí misma que lo mejor era mantener la distancia. Él era un maestro del engaño, se le facilitaba el manipular a la gente a su antojo; y aunque ella misma también había aprendido mucho, odiaba con cada fibra de su cuerpo a Calvin... o bueno, lo intentaba. "Le dije a papá pero no me cree nada. Sería fabuloso si me ayudaras". Leyó el mensaje de Stiles. Escuchó a sus espaldas las puertas abrirse, girando sobre sus talones vio entrar a Allison seguida de Chris y a Isaac. —Huelo celos—, codeó a Scott burlona. El chico no respondió. —Allison y Isaac sentados en un árbol, muy juntitos, bien abrazaditos, dándose besitos—, canturreó como una niña pequeña, sacándole primero una mala mirada y luego una sonrisa burlona a Scott—. Es la abstinencia, no me mires así. Se justificó pobremente sacándole una risa al moreno. "Estás en el recital. Yo estoy en la puerta, por favor, sal. Tenemos que hablar". —Saldré un momento—, le avisó a Scott y se alejó, caminando a la salida se chocó con Stiles que iba entrando—. Hola, hermanito... y adiós, hermanito. Abrió la puerta y salió. Sentía que no pensaba con claridad, que actuaba impulsivamente. Casi como en un trance, pensó que tal vez solo lo hacía porque su instinto la llevaba a él. Pero casi se rió ante ello, su instinto era su omega, no la llevaría a Calvin; era Derek, siempre él. Y el recordar lo mal que él seguramente la estaba pasando, caló en su ser, haciendo a su omega aullar en necesidad de la cercanía del alfa. —Muy bien, tienes tres minutos antes de que te parta la cara o me vaya—, miró su reloj a la vez que empezaba a juguetear con un cigarrillo entre sus dedos. —¿Por qué te comportas así? Soy yo. Jamás fuiste así conmigo...- —, su voz casi sonó dolida. —¿Te estás burlando o solo quieres perder tus tres minutos estúpidamente?—, miró su reloj—. Dos minutos. ¿A qué viniste? Quería mostrarse firme, imponente  a pesar de que su terrible estado no fuera de ayuda. Cruzando sus brazos sobre su pecho y enderezando su espalda, casi pareciendo ser cinco centímetros más alta. Sin embargo, no era nada, en comparación con el hombre frente suyo; el podía verse íntimamente incluso estando dormido. —Tu madre me invitó. Dijo que estarías feliz de verme. —¿Y tu le creíste?—, alzó una ceja, realmente burlona. Calvin sacó de su bolsillo su celular y leyó: —"Hola, Calvin, sé que debido a las circunstancias nuestra relación no fue la mejor, lo lamento. Pero me encuentro hoy en Beacon Hills, visitando a tu alguna vez muy querida, Valeska. Hablamos un poco y preguntó por ti, creo que le agradaría mucho verte de nuevo. Sabes que te recibiré con los brazos abiertos, así como ella, ven cuando puedas". Lo recibí hace dos semanas casi. Estuve días enteros pensando en si debía venir o no. Considerando cómo habíamos terminado tu y yo, y... bueno, tu madre y yo. —No debiste venir. Y tampoco creer ni una sola palabra en ese mensaje. —Pero heme aquí. Esperando algo, sin siquiera saber qué. —Te lo dejaré claro de una vez por todas—, empezó, se acercó más a él imprimiendo toda su ira y arrogancia en cada paso, mirada y gesto. Se detuvo a medio camino sintiendo un escalofrío en su espalda, lo ignoró—. Eres un imbécil y un manipulador. No quiero saber nada de ti, en lo absoluto, porque como sabrás me destrozaste más se una vez... más veces de las que puedo contar. —Por favor...- Y no sabía a qué se debía la cascada de honestidad. Se estaba dejando llevar y sabía bien que si seguía así solo terminaría de dos formas: llorando o destrozado algo. Casi rezó porque fuera la segunda, cuando su voz se quebró un poco. —No te haces una idea. No puedes. De lo que es el querer odiar a alguien con cada célula de tu cuerpo pero no poder. Lo que es, que la mujer que te dio la vida parezca empeñada en terminarla. Lo que es que cada cosa buena en tu vida, se arruine con la más mínima estupidez. Maldita sea, es frustrante, es agotador. Y simplemente estoy cansada de solo recibir malas noticias. Y ni siquiera se molestó en detener el flujo de lágrimas rebeldes que salían de sus ojos sin permiso y sin piedad. Pero jamás, ningún sollozo salió de sus labios. —Yo quería verte. Para disculparme. Contigo y con tu madre. Incluso ella me invitó a una cena familiar, donde dijo que presentarías a tu nuevo novio. Me alegro por ti, pero ambos sabemos que siempre estaré ahí—, puso un dedo sobre la sien de la teñida con una mueca un poco arrogante, sin llegar a ser intencionada—, y espero que sea solo por lo bueno. Porque así como tu, mi vida fue un lío de adicción y...- —Y estupidez. Lo entiendo. Pero tu entiende que no te puedo perdonar, yo... El hombre tiró de ella, juntando sus cuerpos, siendo inicialmente un abrazo, que eventualmente Calvin convirtió en un beso forzado. Y por mucho que quería separarse, no podía hacerlo; le resultaba tan familiar todo. Los brazos, su olor, sus labios, su respiración, su toque. Quería separarse e imponer tanta distancia como le fuera posible, pero no podía. No podía porque no mandaba ella, mandaban sus recuerdos. Y en ellos, Calvin seguía en un pedestal. Quince segundos donde quiso separarse y correr a los brazos de Derek, donde saboreó los labios de Calvin nuevamente y también lo salado de sus lágrimas, donde todo se sentía erróneo. Hasta que llegó el segundo dieciséis, con un escalofrío en su columna, la imperiosa sensación de que algo había pasado, un la voz de Stiles bastante lejana gritando por su padre. Empujó al hombre. Limpió sus gafas rápidamente y sin darle una segunda mirada a Calvin, corrió hacia donde su omega la guiaba, hasta donde le decía que estaba Stiles. —Se lo llevó. Tan cansada de solo recibir malas noticias. -V
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