—¿Qué pasó con Derek y la chica del chelo?
—La pregunta es, ¿Qué pasó contigo?—, Peter se desvió un poco, viendo a la teñida llegar con una apariencia bastante lamentable.
No respondió, y al notarlo, siguió contando. Y a decir verdad le costaba trabajo escuchar.
Había caído ante la tentación. Había vuelto a inyectarse, y obviamente al inicio se había sentido como la gloria, pero para ese momento ya se hallaba casi llorando por más para aliviar el malestar de la abstinencia.
( . . . )
—Quitar una vida inocente te quita un poco de alma. La oscurece. Cambia el amarillo, dorado brillante en azul frío como el acero. Como los míos.
El estar sufriendo, tiritando, temblando por más morfina, no fue impedimento para escuchar la historia que Peter contaba.
Revisó su celular al escuchar una notificación. Era de su madre.
"Calvin ya llegó. Pensé que tal vez podrías ir por él".
—¿Qué es esa cara?
—¿Qué?
—Esa cara que me hace querer golpearte.
—Oh, lo olvidé, eres la hermana de Derek.
—Sí, y tu el hermano de ella. Y créeme, tienen la misma cara—, escuchó a Cora hablar con Stiles.
—Es que no le creo—, explicó su hermano.
El efecto de la droga casi se había disipado, aclarando su mente, dejando como remanente una insoportable migraña y náuseas. Aún así, solo en ese momento, notó que Derek no estaba en el departamento y parecía que no volvería pronto.
Su omega lloriqueó necesitando a su alfa.
—Me tengo que ir, me necesitan—, le dijo a Stiles a la vez que se levantaba del sofá donde se la había pasado.
Su hermano y su cuñada hablaban. Y sabía que Stiles la había notado extraña, y que seguramente más tarde tendría un interrogatorio por parte de él. Salió del departamento escribiendo un mensaje.
"¿En dónde estás? Te necesito".
Lo envió, sumándose a los otros veinticinco mensajes más que le había enviado a Derek, y que definitivamente no respondía y mucho menos miraba.
Se empezaba a desesperar. Necesitaba a Derek. Lo necesitaba y no tenía idea de dónde estaba.
—Qué idiota—, jadeó bajando de su auto. Viendo en la puerta de su casa a Calvin hablando con su madre.
Y solamente verlo se sintió como balde de agua fría en su cabeza. Su mente la llenó de recuerdos que llevaba años intentando olvidar.
—Hija.
—Lilian. Calvin.
—Vale...
Y Calvin era... era él. Y a sus ojos, por mucho que le doliera lo que él le hizo, no podía odiarlo; casi se odiaba a sí misma por ello. Calvin, alto, cabello ondulado n***o corto, ojos claros, cuerpo trabajado. A decir verdad, bastante atractivo. Pero podrido. Calvin había sido su "primer amor" de verdad, a pesar de ya no sentir nada por él -ni siquiera odio- eran desconocidos que alguna vez fueron más que amigos. Así era, porque ahora en su mente y en su vida no había lugar para nadie más que no fuera el dueño de ese par de brillantes esmeraldas que le encantaban.
—¿Qué?—, miró a su madre, retadora—, me pediste ir por él pero el imbécil ya está aquí. Ni siquiera sé qué hace en mi casa.
—¿Tu casa?—, la mujer pareció burlarse—. La casa de los Stilinski.
—Si eres tan amable, te pido, por favor, recordarme mi maldito apellido.
—¿Qué te pasó, muñeca? Tu no eras así...-
Y por supuesto que no era así. No iba a ser toda la vida un cachorro bajo la lluvia que mendiga un poco de amor para ser feliz. A fin de cuentas, notó que realmente era un lobo, que se comería el mundo y que no dejaría que nadie más se aprovechara de ella.
—¿Esperabas que fuera toda la vida la niña que conociste, Calvin? ¿La niña de corrompiste? Por un lado, yo no funciono como tu; que, por lo que veo, sigues siendo el mismo imbécil.
—Si hablamos de apariencias, entonces, no has cambiado ni un poco—, la tomó del brazo, girando este de modo que se veía el interior de este, en donde tenía varios puntos de color rojo -empezando a tornarse morados- donde hacía unas horas había intentado clavar la aguja.
Su madre vio su brazo y antes de siquiera poder decir algo el ardor en su mejilla fue lo único que sintió. Sus gafas habían salido volando literalmente, se agachó para tomarlas.
—Creo que lo mejor será que se vayan—, dijo tan serena como pudo.
La mujer y el hombre se fueron caminando, sorprendidos de la reacción que había tenido la menor.
( . . . )
Caminaba hacia la escuela, arrastrando los pies simplemente porque no quería asistir.
"—¿Dónde habías estado?—, casi lloró al sentir de nuevo a su alfa cerca—. Necesitabas estar solo, verdad.
—Ahora estoy aquí. Estabas a salvo, créeme.
—No me sentía a salvo. Menos con los gemelos malvados rondando en la escuela.
—No van a hacerte daño.
—No los dejaría—, dijo juguetona con una sonrisa creciendo.
La campana sonó, indicando el final de la hora de almuerzo.
—No sabes cuánto he deseado que se dañe esa campana.
—Ven conmigo—, susurró él rozando sus labios.
—No puedo... tengo a mi madre encima mío, y a papá encima de la escuela. Quisiera irme, pero debo contarte tanto primero. Iré a tu departamento en la noche, ¿Qué te parece?
—Perfecto—, y se juntaron nuevamente en otro beso dulce, tibio, necesitado. Chilló al sentir las manos de Derek bajar a sus muslos, alzándola por estos para intensificar más el beso.
Y ya sabía que llegaría tarde a la clase de Blake. Pero no le importaba porque por fin tenía a su alfa consigo y lo necesitaba para aclarar su mente más de lo que creía."
Vio a Jennifer en la puerta que la miraba con la peor cara que tenía, decidió no entrar aún. Y es que, a decir verdad, sentía la ansiedad en la boca de su estómago, no estaba segura si era la abstinencia o solamente sentía que algo saldría terriblemente mal.
O tal vez, después de leer los mensajes de Stiles, lo único que sentía era impotencia y la necesidad de gritar a causa de esta.
"Boyd murió. Kali lo mató". "Allison descubrió algo a cerca de los sacrificios." "Le diré a papá todo. Necesita conocer todo el panorama, no quiero que sea él el siguiente en la lista de sacrificios." "Cora está en el hospital".
Se sentía tan agobiada que se atrevería a decir que en cualquier momento tendría un ataque de pánico. Por lo mismo se quedó afuera, fumando un cigarrillo, como si este fuera a calmar la sed de morfina que tenía su cuerpo.
Pero no volvería a caer. No ahora que Derek estaba cerca. No ahora que podía demostrarle a Calvin y a su madre lo mucho que había mejorado en todos los aspectos -excepto tal vez en la amabilidad.
-V