—Hola, hermanita. Tienes treinta minutos. Hoy te llevaré a la escuela, acompañado de un tour personalizado por la ciudad—, entró Stiles a la habitación con bastante energía, ya vestido, listo para el largo día que venía. En respuesta recibió un gruñido molesto y una almohada cayendo en su cabeza—. ¡Hey!
—Hola, hermanito. Tienes tres segundos para salir de mi habitación antes de que me levante y te rompa el cuello—, dijo ella con un tono en extremo sarcástico y algo mal humorado.
—Gracias por la advertencia. No aprecio el sarcasmo pero sí mi vida—, y sin mas, el castaño salió de la habitación cerrando la puerta a sus espaldas.
Entre gruñidos y quejas, se levantó de la cama. Tomó sus gafas de la pequeña mesa junto a su cama y se las puso. Miró su habitación, aún adormilada intentando reconocer que ya no estaba en el departamento de su madre. Las paredes totalmente blancas, las sábanas igual, todo en perfecto orden, a excepción de las maletas que yacían en el suelo junto a su cama. Había estado todo el fin de semana encerrada en su habitación, salía a veces, solo para comer algo o ir por un vaso de agua para tomar sus pastillas o abrir la puerta principal cuando no estaban ni su padre ni su hermano.
Se levantó, caminó hasta las maletas junto a su cama, rebuscó entre ellas algo para ponerse. Tomó finalmente un pantalón oscuro con pequeños cortes en las rodillas y una camiseta roja que dejaba a la vista su abdomen.
Suerte para ella que su habitación tenía baño privado.
—Dos minutos—, escuchó el grito de Stiles fuera de su habitación, sabiendo bien que era para ella.
—¿Por qué demonios presionas tanto? Faltan veinte minutos para que inicien las clases—, salió de la habitación, ya vestida y con su bolso lleno de libros colgado en su hombro. Stiles estaba parado frente a la puerta de la chica mirando algo en su celular.
—Bueno...-
—No me interesa. Solo, vámonos—, dijo resignada a la vez que ajustaba su reloj en su muñeca y guardaba su celular en uno de sus bolsillos. Sacó una pastilla de su bolso y la pasó en seco, ignorando la mirada de su hermano.
—Funciona para mi—, dijo el chico, bajando las escaleras, bastante alegre y enérgico.
Subieron al jeep de Stiles y él condujo hasta la escuela. Ella intentaba recordar el camino y mantenerse callada. Aún era muy temprano para ella y lo último que quería era hablar.
—Entonces...—, dijo Stiles, intentando establecer una conversación—. Valeska, quiero saber ¿por qué tu madre te envió aquí?
Rodó los ojos, gruñó. Tras un suspiro cansado respondió a la pregunta del chico.
—Te lo resumiré a que me expulsaron. Razón: problemas de ira y peleas constantes en mi otra escuela. Mi madre se cansó y me sacó a patadas de su departamento.
—Pero... tu nunca lastimaste a nadie ¿o sí?—, dijo casi esperanzado el muchacho.
—Hermanito, "peleas constantes" implica ojos morados y huesos rotos.
—Oh...
—Como sea, mi madre me había inscrito en clases de boxeo, gimnasia, artes, fútbol americano, cualquier cosa que te imagines. Para "canalizar mi ira", al final, aún así me expulsaron. Temían que siguiera causando destrozos en sus instalaciones.
—Excelente—, soltó el castaño con un dejo de sarcasmo y miedo. Tras pensar unos minutos y dar varias curvas, habló nuevamente—. Eso quiere decir que sabes pelear, ¿verdad? Digo, pelear de verdad, no solo lanzar puños al aire sin sentido.
—Básicamente.
El resto del viaje fue en silencio. Al llegar, Stiles estacionó, ambos bajaron a la vez. Ganándose varias miradas de los otros estudiantes. Entonces empezaron los rumores, las voces de los otros estudiantes especulando sobre una posible relación amorosa entre ellos dos, muchas otras voces ya sabían quién era ella y el por qué estaba allí.
—Vamos a conocer a tus amigos, hermanito—, puso sus manos en los hombros del chico, con una sonrisa burlona.
Entraron en las instalaciones, caminaban por los pasillos mientras Stiles le explicaba algunas cosas y le mostraba lugares, ella se fijaba en todo, las paredes, los casilleros, los salones. Todo.
—No han llegado. Scott no debe tardar en llegar, así que te llevaré a la oficina del director para que recibas tu horario.
No respondió. Sólo asintió y siguió caminando junto al chico. Al llegar a la oficina, tomó un papel que decía todas sus clases, y también un pequeño sermón del director que al parecer ya sabía de su pequeño problema de ira. El hombre le sugirió entrar en alguna clase extracurricular, para así facilitarle el controlarse.
Empezaron a caminar nuevamente por los pasillos, dirigiéndose a clase.
—¿Qué me sugieres?
—¿Ah?
—No soy estúpida, sé que escuchaste todo. Así que ¿Qué me sugieres?
—Te diría que lacrosse, pero no creo que el entrenador te deje entrar al equipo.
—Aunque me dejara entrar... lo dudo. Solo quería escuchar tu opinión.
—¡Stiles!—, un muchacho corrió hacia ellos. Moreno, de cabello oscuro, con el cuerpo bien trabajado y una sonrisa amable.
—Scott. Amigo. Ella es mi hermanita—, pasó su brazo derecho por los hombros de la pecosa, recibiendo a cambio una mirada fulminante de parte de ella y una ceja levantada, incrédulo de parte de Scott. Al sentir la mirada amenazante de la chica, bajó el brazo con algo de miedo—. Valeska. Valeska, este es mi mejor amigo, Scott.
—Hola—, saludó el chico rápidamente, se dirigió esta vez al chico, antes de cualquier otra cosa, susurro casi solo para ellos dos—. Creo que Derek planea algo.
—¿Crees? ¿En serio, amigo? Es Derek de quien hablamos, obviamente planea algo. Scott, investigan a Isaac de homicidio y pronto habrá luna llena.
—Escuchen. No me interesa de qué hablen, me voy a clase, eso no es asunto mío y... no me voy a entrometer. No quiero que me corran a patadas de Beacon Hills también.
La muchacha se fue a clase, dejando a los chicos hablando de lo que fuera que estuviesen hablando.
( . . . )
El día había pasado con normalidad, varios maestros le preguntaban su nombre. Muchos reaccionaban incrédulos ante su apellido, casi sin creerle el ser pariente de Stiles; pero confirmaban aquello al escucharla hablar con sarcasmo fluido.
A la hora de la salida, pudo ver a Stiles caminando junto con un grupo. Asumió que esos eran sus amigos. Corrió hacia él, al alcanzarlo golpeó suavemente su hombro con una mueca indignada.
Iba a dejarme.
—Bien, bien, lo lamento—, dijo Stiles después de un rato de recibir quejas e insultos por parte de la chica—. Bueno, a Scott ya lo conoces. Ella es Lydia y la chica que ves allá, se llama Allison—, primero señaló a una pelirroja a su lado, bastante linda, con gracia al caminar y el ego por los cielos; me agrada, pensó mirando a Lydia. La segunda muchacha estaba bastante alejada ya, de cabello castaño oscuro, y facciones delicadas.
—Lindo cabello—, habló la pelirroja tomando un mechón de pelo de la chica.
—Gracias. Lindos zapatos, por cierto—, la halagó de regreso. Lydia le sonrió.
—Me agrada.
Al cabo de un rato todos se fueron a sus autos, todos a sus casas. Ella subió al jeep de Stiles sintiendo una mirada amenazante sobre ella. Miró a su alrededor, buscando a quien la miraba, sin éxito.
Stiles encendió el auto y condujo de regreso a la casa. Hubo una pequeña conversación en el camino en la que él le preguntaba sobre su día y cómo le había parecido Beacon Hills hasta el momento.
Respondía a todo lo que el chico le preguntaba, casi parecían conocerse desde hace años.
-V