—¿Cómo se encuentra mi esposo? —la preocupación carcomía el corazón de Adriana, Gabriel era un hombre fuerte y nunca antes había enfermado, rogaba porque fuera únicamente cansancio. —No se alarme señora Esquivel, su esposo se encuentra bien, agotado físicamente, todo el esfuerzo debió pasarle factura, déjelo descansar le hemos administrado sueros y complementos vitaminados —la tranquilidad lleno el corazón de Adriana, saber a Gabriel fuera de peligro le hizo suspirar de alivio. Sus vidas desde su matrimonio parecía una montaña rusa. —¿Puedo verlo? —Adriana camino detrás del doctor, quien le indico el número de habitación, entró con pasos lentos, no deseaba despertarlo, debía dormir y recuperarse para volver a casa. Adriana acarició el rostro de su marido con ternura, lo observó

