¡Dios Mio!
¿Esto podría ser peor?
Me muevo en la cama como si fuera un maldito robot oxidado, me duele todo el jodido cuerpo y no se diga del dolor de cabeza.. Abro los ojos lentamente, no hay mucha luz, estoy desorientada.
¿En donde mierda estoy? Un brazo firme me sujeta... ¡Que mierda! Giro observando a... Madre Mía.
—Maximilian– susurro ahogando un grito.
Mierda... mierda y más mierda. ¿Que cojones hice ayer?
Me muevo lentamente tratando de no despertarlo, la cabeza me está matando. Doy un vistazo por la habitación, ropa de Maximilian tirada y mis zapatos. ¿Mi ropa donde mierda esta mi vestido? Cojo mis tacones, veo mis bragas rotas por la ventana. ¡Cabron! Cojo su bóxer poniéndomelo rápido. Mi vestido esta hecho un desastre, cojo su camisa poniéndomela encima del vestido a la velocidad de la luz cojo mi celular, mi cartera y salgo sin hacer ruido. No quiero estar aquí cuando despierte, sobre todo porque no recuerdo lo que sucedió ayer. Salgo casi tropezando, me despido del vigilante para mi bendita suerte un taxi se detiene.
—Taxi–
Bendito taxi.
Me subo rapido dándole la dirección, cierro los ojos tratando de recordar lo que sucedió ayer pero es casi imposible, solo recuerdo que estaba en el baño Maximilian se apareció, dijo algo pero no recuerdo que, llegamos a su departamento y... maldición.
Que intensas las imágenes que se me aparecen. Que fácil resulte, pero venga el tío es el pecado en persona. que noche el simple hecho de recordar me da un cosquilleo.
—Gracias–
Salgo del taxi entrando a toda prisa a la casa, recorro los pasillos, los cuartos, no hay ni un solo ruido. No hay nadie... Genial.
¿Donde demonios están todos?
A penas están siendo las 7:00am y además hoy apenas es jueves. La cabeza está matándome, me quito el vestido quedándome solo con el bóxer y la camisa de Maximilian. Camino en dirección a la cocina, necesito un zumo de lo que sea en este momento.
—¿Que hice?– murmuro.
Nada de nada solo follar con tu jefe cuando estaba ahogándome de borracha, pero ¿quien no ha hecho eso en su vida? Quizá me quede sin trabajo pero valió la pena porque lo recuerdo, por suerte no soy de ese tipo de mujer que podría pasar el día pensando cosas como...
Oh mi jefe no me quiere como yo a él así que me iré de la ciudad y llorare por siempre.
Me siento en el taburete de la cocina a reflexionar sobre mi actitud. Una reflexión sobre mi vida. Paz interior eso es lo que necesito.
—¡Meh! A quien engaño la cague en grande– Cojo una pera ya me ha dado apetito. —Si, follamos, ¿qué más da?–
Creo que hasta Dante Alighieri quisiera darme mi propio circulo.
Enciendo el estéreo la música siempre es la mejor solución, por lo menos se me ha quitado el bajón. Algo bueno salió de esta aventurilla.
—Qué más da... solo quiero tu amor...– canto una canción en español de algún artista latino que no recuerdo su nombre.
Me tiro en el sillón dejándome llevar por la música, por lo menos las resacas no me duran tanto algo de comer y listo, con una pereza terrible me dispongo a llamar a Chazz o a Jess. El timbre suena y voy a asesinar a la persona que se atreve a interrumpir mi paz interior.
—¡Qué demonios!–
Seguro es Jess y Chazz que se han dignado a aparecer, sin la necesidad de que les llame.
—¡YA VOY!– grito para que dejen de j***r el puto botón.
Me pongo la pera en la boca, mientras sujeto mi teléfono con una mano y con la otra abro.
¡Madre Mía! Por favor, que esto sea algo de mi imaginación.
—Aisha– su frialdad me sorprende.
—Maximilian– respondo.
No creí que me buscara tan rápido, tal vez unas horas más para poder prepararme mentalmente. Me mira con el ceño fruncido, su respiración agitada, un semblante de asesino en serie y sobre todo me reprocha con la mirada. Me mira de arriba abajo y por un momento creo que su semblante se relaja al ver que uso su ropa, da unos pasos acercándose a mi.
—¿Puedo pasar?– creo que sonríe.
—Ya estas adentro– me cojo de hombros.
Camina a pasos fuertes, trae la ropa de ayer a excepción de una camiseta blanca. Ha venido al despertar.
—¿Por qué has escapado?– pregunta.
¿Le digo que es porque no me acordaba?
—Es que había dejado la estufa encendida– sonrío.
—Aisha no te hagas la graciosa, ¿es que te arrepientes de lo que sucedió ayer?– baja la voz con aire decepcionado.
—Claro que no, es solo que no supe cómo reaccionar y no creí que ibas a venir a buscarme... por lo menos no tan rápido–
—¿Como se supone que reaccionaria al no tenerte en mi cama al despertar?– gruñe. Pasa sus manos por su cabello exasperado.
—No me arrepiento– Asiente acercándose a mi.
—Pero...– lo aparto. —No creo que deba repetirse– Claro que quiero que se repita.
—Hay algo que quiero pedirte– dice. Cambia su semblante a uno mas serio y nervioso creo, mi teléfono suena interrumpiendo.
Lo cojo es Jess.
—¿En donde rayos están?–
—Este...– unas voces entrecortadas
—Aish no te enojes por favor– ruega.
—Chazz, ¿en donde rayos están?– casi grito.
Maximilian al escuchar el nombre de Chazz me mira asesinándome, no le he dicho que hemos terminado, camina de un lado a otro con semblante nervioso. ¿Que quiere pedirme?
—Estamos en el avión de mi padre directo a Francia– habla rápidamente.
¿FRANCIA?
—¿Estáis camino a Francia y no me habéis llevado? Sois los peores amigos que he podido tener– maldigo. No me la creo, estoy furiosa con ellos.
—¿Estáis de broma cierto?-
—Aish... no te enojes es que bueno...– Ronald se disculpa.
—Estábamos muy ebrios, regresaremos la otra semana–
¡Que cojones! No me creo esto y así dicen ser mis amigos.
—¿Me dejaran sola todo este tiempo?–
—Ven con nosotros, iremos por ti al aeropuerto– Enhorabuena, que buenos amigos tengo.
—Jodanse– cuelgo furiosa. Se van de viaje y me dejan aquí.
—¿Que sucede?–
—Se han ido a la puta Francia sin mí– digo incrédula.
Me tiro en el sillón, bufando mil malas expresiones. Me voy con un hombre una puta noche y aprovechan para irse sin mi.
—¿Aun eres novia de ese chico?–
—Solo somos amigos– Asiente caminando hasta mi lado.
—Aisha, quiero que hablemos–
—Si es sobre ayer. ¡PASO!– sentencio.
La verdad no tengo ánimos de discutir, recuerdo todo y ya se lo que viene después de una noche así "Fue un error", no estoy de ánimos para hablar de eso. Lo importante aquí es:
Se han ido a Francia.
Que les den. Maximilian se pone frente a mi con rostro molesto, lo que me faltaba.
—Quiero que te cases conmigo– escupe.
Entrecierro los ojos observándolo fijamente, esa es su idea de cortar la tensión. Me riera pero estoy cabreada.
—¿Qué clase de broma es esa?– pregunto.
—No es ninguna broma!– aprieta la mandíbula bufando.
—?Como se supone que no lo tomare como broma? Me estas pidiendo matrimonio!– hago una mueca.
Una noche juntos y ya me pide matrimonio. El sueño de toda mujer pero el mío para nada.
—Estas semanas he estado en Grecia por el asunto de la herencia que mi abuelo me dará– Levanta mis piernas para poder sentarse y sostenerlas en las suyas.
—Aja, la herencia– le invito a que continúe.
—Mi abuelo y yo no somos precisamente unidos así que quiere que me case para poder recibir la herencia–
Maldito dinero, al fin de cuentas todo tiene que girar alrededor del dinero.
—¿Y piensas que yo soy la mujer con la que te puedes casar?– Arqueo una ceja. Como puede pedirme matrimonio por algo así, creo que es ilegal. No podría casarme de todos modos.
—Sí, eres una excelente persona y sé que podrías fingir muy bien estar perdidamente enamorada de mi... y también sé que no te casarías conmigo por interés económico–
—Tiene lógica, me quieres como esposa porque no represento un peligro para tu dinero– la ambición.
—No, no es por eso.– niega.
—¿Entonces?–
Me levanto del sillón, sentándome con las piernas entrelazadas. El hecho me hace pensar, no recibo una propuesta de matrimonio así por así. Se pasa su mano alborotando su cabello, esta nervioso y hasta podría decirse que esta preocupado.
—Confió en ti– dice firme. Me mira con sus ojos verdes desarmándome completamente.
—No creo que sea una buena esposa, además no creo que este bien casarse por una mentira–
—Mi abuelo tiene la idea de que soy un mujeriego– Pues no está en un error Señor Kirgyakos.
—Bueno si lo dice es porque algo tiene de verdad– me encojo de hombros. Entrecierra los ojos, dándome una mirada asesina.
Me acerco a él depositando un beso, me coge de la cintura topándome a su cuerpo, que labios tan deliciosos tiene.
—No puedo casarme– susurro.
No con alguien que no amo. Porque Maximilian me gusta...pero no lo amo. Amor ya llega siendo una palabra demasiado fuerte, además es irreal que una mujer se enamore tan rápido.
—Por favor piénsalo–
—¿Qué pasaría si me caso contigo?–
—Vendrías a vivir conmigo a Grecia– mrmura entre besos.
Me aparto de su agarre casi cayéndome al suelo pero él me sujeta fuertemente.
—Menos, no puedo ir contigo, ni siquiera quise ir con mi hermano por no dejar este lugar–
—Lo sé, lo sé pero solo sería unos meses– me da una mirada suplicante.
—¿Por qué yo? Solo mírame no soy alguien que se deja mandar o que podría ser una ama de casa– Me levanto caminando hasta la cocina, necesito otra pera.
—Porque sé que nadie podría ser mejor esposa para mí que tu–
Me muerdo los labios, cubriendo con la pera una sonrisa que se me quiere escapar. ¡Maldición! Eso sonó muy tierno y cursi.
—Si te casas conmigo... elimino la deuda del Lambo que chocaste–
Pongo una cara de poker, me quiere estafar otra vez?
—Tu y yo sabemos que ese auto está bien– su cara es de sorpresa.
—Te he pillado.– grito. —Lo sabía... eres un mentiroso– Hijo de... sabia que el puto coche estaba bien.
—No te enojes, era solo para ver si aguantabas trabajar conmigo y no caer en mis encantos– sonríe con ¿timidez? ¡c*****o! Eso es tan arrogante.
—Bueno pues al final caí–
—No...yo caí por ti. Eres tan diferente a cualquier mujer con la que me he topado antes–
—¿Diferente bien? o ¿diferente mal?– arqueo una ceja. Esto suena interesante.
—Diferente bien, mírate tienes dinero pero aun así trabajas para mi, puedes vivir en una gran mansión en Italia pero vives aquí–
¡Oh! Me ha investigado ¡¡c*****o!!.
—¿Me has investigado?–
—Siempre investigo a mis empleados, me sorprendió que alguien como tu estuviera trabajando como traductora pero también me di cuenta que te apasionan las culturas extranjeras–
Mírenlo es tan diferente al Chimpancé que conocí hace tiempo. Cualquiera diría que se ha vuelto loco. Quizá podría casarme con él.
—Pero es que no puedo ir a vivir contigo a Grecia–
De poder puedo pero no quiero.
—Por favor, te lo suplico– mes mira con dulzura.
¡Madre Mía! ¿Que se ha hecho el jefecito? ¿Quien es este sujeto que esta aquí? Como cambian las personas después de un polvo.
—¿Me dejas pensarlo?– me mira y hace una mueca.
—Un mes, tengo un mes para buscar esposa–
¿Un mes? ¿Quiere que nos casemos en un mes? No podría, ademas mi hermano jamas lo aceptaría.
—¿Qué es esto? ¿La Santa Clausula? ¿Dejaras de ser Santa si no te casas?–
—Parecido, solo que una arpía podría quedarse con todo lo que me he construido– me mira serio.
Me quedo en silencio pensando la situación. Quizá podría ayudarlo, aunque sigo sin entender porque me quiere a mi como esposa.
—Convénceme– digo. Arquea una ceja. —Si quieres que sea tu esposa tienes que convencerme, se te hará difícil porque como sabes el dinero no me interesa para nada–
Asiente, acercándose a mí.
—Sin sexo Maximilian– me aparto de él.
Tal vez podría casarme con él aunque esto seria una especie de pacto, ¿Podría vivir en Grecia? No lo se pero podría intentarlo, pero primero es necesario ver si Maximilian es capaz de convencerme y que métodos puede usar.
—Aisha, por favor– gruñe.
—¿Aceptas o no?-
—Te necesito como esposa– gruñe. Asiento dándole una sonrisa, esto se pondrá interesante. —Para empezar, iremos a Francia–
Lo veo incrédula quiere ¿ir a Francia? ¿Conmigo?
—Quita esa cara, si vas a casarte conmigo supongo que tengo que familiarizarme con tus amigos y costumbres– sonríe divertido.
Tiene lógica, pero no creo que sea buena idea.
—Vamos a Francia, no se te olvide que tengo una jodida aerolínea– acaricia mi mejilla.
—Muy bien vamos a Francia– sonrio.
Me da una sonrisa que logra cautivarme, Maximilian es completamente diferente al jefe amargado que me estaba imaginando.
¡Francia allá vamos!