Capítulo 6

1696 Palabras
Khojin evitó mirar al hombre. Desde su lugar, apretó la mandíbula y empuñó las manos en señal de protesta. Sabía que el hombre le estaba tendiendo una trampa. Si él lograba vencerla, entonces eso dañaría su imagen como la comandante de un ejército, eso cavaría una brecha en la confianza que el Kagan tenía en ella. Hubo un silencio incómodo. Khojin no sabía ni qué responderle. Pero fue el quien la sacó del aprieto en el que él mismo la había metido. Al parecer, se deleitaba cuando otros le debían favores. Altai tegim sonrió levemente mientras observaba el perfil de Khojin, pues ella se había negado a responderle. —Lo olvidaba —comentó luego del silencio—. La comandante Yuezhi fue herida recientemente… No sería correcto que yo la rete. Khojin volvió a mirarlo. —Usted mismo me rescató, por supuesto que lo sabe. —Así es —aceptó con suavidad —, pero usted siempre está acompañada de una mujer, ¿es ella su guardaespaldas? Khojin cuadró su espalda. Estaba tan tensa, que podría romperse en cualquier momento. Sabía que Bore Tseren no iba a dejarla en paz tan fácilmente. —Es mi ayudante de armas —respondió con simpleza. —Bien, entonces puede ella combatir en su lugar. Khojin cerró los ojos. —¿Qué quiere conseguir? —preguntó tratando de contener su enojo—. Es usted el líder de la liga Changhaan, ¿Cómo podrían sus habilidades compararse con las de una simple subordinada? —Usted tiene razón, comandante. Eso no sería justo, por eso ella podría pelear con el numero dos de mi lista. Khojin observó al Kagan de reojo. El hombre no parecía nada preocupado. Al contrario, parecía encantado con la idea de Bore Tseren. Claro, el confiaba en las habilidades de sus soldados, pero Khojin sabía que Gerel no era la mejor de sus guerreras. Iba a ser un fracaso. Además de una ofensa, pues su ayudante de armas ni siquiera estaba con ella, sino buscando la forma de encontrar evidencias que hicieran sospechoso a Bore Tseren de la muerte del prometido muerto de Khojin. Estaba entre la espada y la pared. Pronto iba a ser atravesada por la espada engañosa del jefe de la liga. —Acepto —respondió finalmente—. Pero el combate no puede ser de inmediato. Mi subordinada debe prepararse, ¿no cree? Khojin estaba haciendo tiempo para Gerel. —Claro. Esperaremos dos días, ¿le parece? —Es perfecto —aceptó Khojin. […] Cuando anocheció, la señorita Gerel entró a la habitación asignada a su comandante. En el interior, Khojin descansaba sobre la cama de madera revestida con una fina alfombrilla de seda, de la mejor calidad y de estilo c***o. Khojin no entendía por qué Bore Tseren le había dado aquel artículo, cuando debía saber del desprecio que chinos y mongoles se tenían. Más sabiendo que se estaba en guerra con la gente de la llanura central. —Seda china —advirtió Gerel—. Es de muy buena calidad. Khojin asintió antes de sentarse sobre la alfombrilla. —¿Encontraste algo? —preguntó Khojin mientras observaba a la señorita Gerel fijamente—. Temo que no tengo buenas noticias para ti. La señorita Gerel se sentó en frente de ella. Estaba a la expectativa. —¿Qué ocurrió? Khojin suspiró con lentitud. Estaba preocupada por como iba a salir de aquel problema. —Bore Tseren nos tendió una trampa. Hará que pelees con su integrante numero dos. —¿Qué hay de malo? ¡Puedo ganarle! Khojin sonrió ante el entusiasmo de expresado por Gerel. —¿Por qué crees que puedes vencerlo? Es muy superior a ti, incluso yo podría ganarle con un poco de dificultad, pero tú no podrás. Gerel pensó un poco en ello. —¿Qué pasa si pierdo? —preguntó con miedo—. ¿Qué tan malo es si eso sucede? —Será muy malo, porque eso querrá decir que no soy un buen mariscal del ejército. A Gerel se le hizo imposible no preocuparse. En ella estaba el honor de la comandante Yuezhi, a quien apreciaba demasiado. Ella estaba consciente de sus limitaciones y muy bien sabía que la persona a la que debía enfrentar era muy fuerte. —¿Cómo lo haremos? —No tenemos otra alternativa. Debo entrenarte durante estos días. Eres un soldado y has estado en la batalla desde que eras adolescente, así que se que eres una buena guerrera. Debes dar lo mejor de ti, ¿de acuerdo? La señorita Gerel asintió. —Bien, ahora dime qué encontraste. Gerel bajó la mirada. Estaba decepcionada. —No encontré mucho, comandante —comentó—. Estuve recorriendo las instalaciones de la montaña y descubrí que Bore Tseren tiene una cámara secreta. —¿Una cámara secreta? De seguro allí guarda sus asuntos importantes. Dime, ¿dónde queda? —En la sala principal. Allí hay un largo pasillo que conduce hacia dicha cámara. —¿Crees que es muy difícil de entrar en ella? —preguntó Khojin. Gerel pensó en ello un rato y al final concluyó que lo mejor era ver qué tan difícil era ingresar a ese lugar. No iba a haber otra oportunidad para hacerlo, que esa misma noche, cuando las aguas no estaban revueltas. Gerel y Khojin salieron de la habitación. El lugar estaba un poco oscuro, pero en medio de todo, las lámparas rojas de procedencia china hacían que el lugar adquiriera una apariencia excéntrica. Ambas caminaron por los pasillos empedrados y custodiados a cada lado por largos pasillos de vegetación. Era una vista única. Khojin no había visto algo así, los mongoles no acostumbraban a tener lugares tan refinados como aquel. —Bore Tseren sí que es todo un personaje… Tiene buen gusto —dijo mientras caminaba. Gerel sonrió con el comentario. —Eso es cierto, comandante. Al final del recorrido, Khojin llegó a la entrada de la sala principal. El viento corría sin control de un lado a otro, removiendo las cortinas en el aire. Echando al viento la determinación que Khojin tenía por saber la verdad que escondía el líder de la liga Changhaan. —¿Qué sucede? —preguntó Gerel al ver a Khojin detenerse en la entrada. Khojin dudó antes de entrar al gran salón, que estaba en las penumbras. Parecía que hasta hace poco había sido desocupado, pues los candelabros aun tenían cera derretida sobre sus copas. —¿Dónde está ese pasillo? —preguntó en un susurro a Gerel. La mujer le señaló una de las paredes de la sala, allí donde estaba la figura de un león. Khojin caminó con rapidez hacia ese lugar y trató de empujar, buscó el patrón que hacía rodar la piedra pulida. Poco después lo logró, y cuando el largo camino se iluminó por la luz de los candelabros, Khojin empezó a avanzar. Aquel lugar le hacía recordar la entrada de los kanes cuando iban hacia sus tronos. Todo el camino estaba cubierto por tela roja con bordes dorados. Khojin estaba extasiada por su hallazgo. Llevaba el corazón latiendo a mil, pues estaba entrando a la cueva de un zorro. Las llamas doradas de los candelabros revolotearon mientras iba caminando, siguiendo con sigilo como un intruso se había colado en las instalaciones de Bore Tseren. Tras el largo camino, Khojin entró a una habitación amplia y espaciosa, mucho más austera y sin color. Nada parecida al resto de la residencia. Aquel choque de ambientes la hizo confundirse un poco. Khojin estaba a punto de revisar a profundidad aquella extraña habitación, pero de repente sintió que alguien caminaba a través del pasillo, que con anterioridad ella había transitado. Se asustó, pero empezó a buscar el lugar en el que se escondería junto con Gerel. —¡Comandante, nos van a descubrir! —susurró Gerel en medio de un ataque de pánico. Khojin le ordenó callas y juntas corrieron detrás de las estanterías abarrotadas de escritos. Khojin observó a través de las rendijas. Alcanzó a visualizar una figura masculina que de inmediato reconoció. Era Bore Tseren. En ese momento, él no llevaba una máscara puesta así que Khojin deseó que él girara el cuerpo para de esa forma conocer su rostro. Ella no dejaba de observarlo, pues tenía la sospecha de que podía ser alguien conocido. De alguna forma, Khojin tenía la misma sensación cada vez que lo veía. Siempre a su mente llegaba el recuerdo de la misma persona; Altai tegim. ¿Podía ser descabellada su idea? Khojin se había obligado a pensar que lo era, pues el príncipe Altai había muerto diez años atrás. Simplemente eran ideas que rozaban con la demencia. Khojin le ordenó a Gerel quedarse detrás de las estanterías mientras ella trataba de moverse de lugar para obtener un mejor punto para verlo. Sin embargo, no alcanzó a avanzar mucho. Khojin tropezó y el hombre se puso en guardia de inmediato. Se levantó de donde estaba sentado, observó a los lados y luego giró hacia donde Khojin había tropezado. Ella dejó de respirar por un momento cuando todos sus pensamientos convergieron en uno solo. Sus ojos estaban observando a Altai tegim. Sí, al tegim que había creído muerto. Siguió viéndolo. Nada podía detenerla, se sentía obligada a observarlo, aunque sabía que él no la observaba. Khojin reparó su rostro y observó las cicatrices gruesas que rodeaban la mitad de su cara, sus ojos vacíos y a la vez claros. Ella simplemente no podía creer que él siguiera vivo, que fuera Bore Tseren, de quien tanto había desconfiado. Para ella muchas cosas no tenían sentido, excepto esa, que él estuviera vivo. Simplemente no lo entendía. ¿Por qué él estaba tratando de desequilibrar su poder en el ejército? Khojin apretó los puños. Tal vez, Altai tegim no era el mismo de antes. De pronto, no estaba buscando retomar las viejas amistades, y tan solo velaba por consolidar su poder en la estepa, o incluso, buscando una venganza… Si él no iba a ser amable, entonces ella tampoco lo sería. «¿Qué buscas?» pensó Khojin mientras se fundió en una cálida perdición. «¿Cuáles son tus verdaderos colores, Altai tegim?»
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