En algún punto de la madrugada, Khojin se quedó dormida, pero en cuanto amaneció se dio cuenta de que Altai ya no estaba junto a ella. Se removió adolorida sobre la alfombra, sintiendo como sus huesos resonaban con cada movimiento. Meneó la cabeza para ver si así disminuía el dolor que taladraba hasta su conciencia. Su cuerpo ya no era joven y no resistía con facilidad dormir fuera del lecho. Aquel hecho le hizo notar que se iba a cercando poco a poco a la edad de treinta años. Se hacía vieja. Suspiró agobiada. Habían pasado muchos años y de alguna manera, Khojin se sentía confundida y entristecida, pues el tiempo pasaba sin misericordia, iba irrumpiendo, haciendo trizas los deseos y profundizando la ruptura del pasado. Khojin se levantó del suelo para estirar su cuerpo adolorido y m

