haciéndome entender que ya lo había puesto más caliente de lo que pretendía. Vi cómo su erección aumentaba por debajo de su pantalón y eso me prendió aún más.
—Con el tremendo desfile privado que acabas de hacer, dudo que no pueda follarte de la manera más lenta posible —susurró, con la voz entrecortada y como si tratara de controlarse.
—No sabía que una chica de diecinueve años podía calentarlo de esta forma, señor Voelklein —le dije, con aire elegante.
Si supiera que aquella no era mi verdadera edad.
—Eres más que una chica, eres una jodida diosa.
Lo sé.
—Aceptaré ese cumplido por esta noche.
Levantó mi barbilla, obligándome a que lo mire.
—No fue un cumplido, fue un hecho y no quiero que tomes cada cosa que suelto de mi boca como un cumplido. Tú eres más que eso, Ada.
Sí claro, y la idiota de Rose también lo era. Seguro. Me quedé callada, sin decirle nada. Mientras yo hervía por dentro, por no poder evitar sacar de mi mente aquellos dos follando, Max estaba en la mismísima nube de excitación por mi presencia.
—¿Te encuentras bien o.…?
Acallé su pregunta con un brusco beso. Entonces, conocí ese lado oscuro de Max, un oscuro que sonaba malditamente bien.
Me levantó del suelo, haciendo que rodeara con mis piernas su cintura y apretando su erección contra mis partes íntimas. Aquello fue lo que necesitaba más que nunca. Él era tan adictivo como peligroso.
Si lo que él me había demostrado en el baño de la cafetería de Tifany era un tráiler, sabía que aquella noche tendría ante mis ojos el placer de ver la película completa.