Adrien corría por los pasillos con el corazón en un puño, tenía que sacar a Marinette del castillo y de la ciudad cuanto antes. Sentía las miradas incriminatorias de los guardas fusilarlo con la mirada, aquella chispas de rencor, repugnancia y odio se clavaban en él como balas. ¿Por qué había estado tan ajeno a esa situación? Todo el mundo sabía de esos impuestos, de esas continuas amenazas supuestamente encomendadas por él, y sin embargo ¿Por qué nunca se había dado cuenta del gran problema que se venía encima? Otros dos invitados se cruzaron en su camino y ni siquiera se molestaron en hacerle una reverencia, al contrario de ello cuchichearon cosas indeseables. Una vez volvió a su cuarto lo abrió atropelladamente y se encontró a Marinette cambiando sus vestimentas, en otra ocasión
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