Miro a ambos lados del pasillo real por quinta vez. Reconocía que aquello era sumamente extraño, pues las puertas de prisión siempre estaban custodiadas por al menos dos guardias. No podía fiarse. Aquello era sin duda muy extraño. ¿Y si andaban escondidos listo para acechar a su siguiente presa? Se carcomía por dentro imaginando que Nino la aguardaba tras los confines de aquellas insólitas prisiones. se frotó las manos con nerviosismo y caminó dando vueltas por las mismas direcciones mientras se mordí a las uñas. Se detuvo durante unos segundos observando la gran entrada de prisión y entrecerró los ojos. ¿Y qué si la pillaban colándose? ¿Qué ganaría? ¿Meterla entre rejas? Eso le daba igual, pues de todas formas iría donde Nino. Incluso sería capaz de seguirlo hasta la misma condena d

