Atlas había estado tres días sedada mientras su cuerpo se recuperaba. Le habían dado medicamentos y esperaban que su cuerpo se desintoxicara por completo de los fármacos para la fertilización. Su esposo estuvo a su lado todos los días y la preocupación en él era tan evidente que sus padres no quisieron discutir con respecto a sus hábitos para enfrentarse a cualquier emergencia. En su lugar, simplemente se quedaron a su lado apoyándole. —Ralphy, hijo, tienes que comer —le llama su padre. —Ya sé. —Vamos afuera, tu suegra seguro que quiere un rato. —¿Qué tal si despierta y no estoy aquí? —¿Qué tal si despierta y vas así, sin comer y sin bañarte? —comenta Georgina.—Ralph, necesitas ducharte. —Ve a comer—le anima su suegro. —Toma una ducha, rasúrate un poco y vienes. Atlas se sentirá peo

