Ralph corrió agitado hacia donde estaba su esposa. Uno de los vecinos era médico y le explicó que tenía el pulso muy débil, pero hasta que no se detuviera no podía iniciar las compresiones. La respiración de su esposa también era débil. El médico empezó a hacerle preguntas para recabar su historial y asegurarse de que la atención en el hospital fuera rápida. Otra de las vecinas le prometió cuidar a los perros mientras regresaban. Ralph estaba tan nervioso que escuchaba todo muy lejano. Los paramédicos le pusieron monitores por todos lados y la subieron a la ambulancia. Él subió junto a ellos y le tomó la mano a su esposa, estaba lleno de pánico. Solo siguió la camilla y respondió todo lo que pudo, pero su mayor urgencia era que Atlas estuviese bien. El joven tomó asiento donde le indicaro

