Ralph era una persona sencilla en la vida, eso es lo que su familia le había enseñado: trabajar duro para tener lo que era suyo y no molestar a nadie. Sin embargo, se puso al teléfono y comenzó a cobrar favores para ver cómo iba su proceso de adopción. Cuando se cansó de escuchar tonterías, decidió que iba a demandarlos por discriminación, ya que estaban rechazando a dos jóvenes inmaduros, sin recursos, señalándolos. —¿Randolph, te volviste loco? —preguntó su abuelo mientras leía la demanda. —No, queremos un bebé. Atlas está usando hormonas y antidepresivos. ¿Has conocido a mi esposa? No queda nada de ella. ¿Y por qué tenemos que gastar casi un cuarto de millón en un bebé en una clínica cuando hay miles abandonados cada mes? Me los voy a llevar a todos a tomar por culo. Pia, su abuela,

