Ralph y Atlas estaban sentados en la sala de espera de la clínica de fertilidad. El médico salió de la oficina y les hizo una señal para que pasaran. Hasta el momento eran las personas más indecisas que tenía en la consulta. Era obvio que querían un bebé, pero no estaban seguros del proceso. Por ello, habían decidido compartir su caso con Mía, una de las mejores en el país. —Buenas —saludaron Atlas y Ralph. —Buenas, he escuchado mucho de su caso y quería saber cuáles son sus dudas. Ralph pidió al otro médico que tomara asiento porque Atlas tenía más dudas que nadie en el mundo. Pero el doctor les aseguró que este era el mejor momento para hacer la extracción de óvulos, ya que los embriones que formarían con su material genético tenían un montón de protección en caso de que alguno de los

