—¿Era quien creo que era? —preguntó Caine una vez que estuvieron solos de nuevo. —Es un oficial haciendo su trabajo —dijo Gus. —Tonterías. —Déjalo —advirtió Gus, volviendo al lado de Nailah. —Va a causar problemas de nuevo —murmuró ella en voz baja. —No hay nada de qué preocuparse —Gus besó la parte superior de su cabeza—. No te preocupes por él. Nailah suspiró, levantando la mano para entrelazarla con la de Gus que descansaba en su hombro. Siempre ha sido así, afirmando que no tenía que preocuparse mientras él apartaba cualquier dificultad que se interpusiera en su camino. Sin decir una palabra, resolvió problemas financieros para que ella pudiera seguir ayudando a perros y gatos. Se deshizo de personas indeseables que le hacían la vida difícil y se aseguró de que sus días fueran pa

