—Gracias a Dios que estás despierta —dijo él—. Estaba volviéndome loco. —¿Por qué? —no pudo evitar preguntar Eleanor. —¿Qué? —Caine frunció el ceño—. ¿Qué quieres decir con por qué? ¡Te atacaron! Prometí mantenerte a salvo, y he fallado. Elle, lo siento mucho. —Está bien. —¿Está bien? Nada de esto está bien. —Estoy diciendo que no tienes que fingir. Puedes ir y estar con esa otra mujer. Sabes, con la que duermes después de haber sido forzado a soportarme todo el día. —¿Qué estás di- ¡esa maldita perra! —Caine prácticamente gruñó—. ¿Hablas de esa chica del club, verdad? ¿Morena? Voy a enseñarle una lección. —¿Por qué? ¿Por decir la verdad? —Eleanor se burló, tratando de retirar su mano, pero él la sostuvo con firmeza—. No tienes que pretender solo porque Gus te lo dijo. —¿Yo? —pregu

