SANTIAGO Esta ocasión puedo decir que estoy perdido. Sahara ya no quiere saber nada de mí. He conducido a paso de tortuga y a pausas. Me da vergüenza llegar con Suzanne, no quiero que me vea derrotado. Me estacionó en una calle que no conozco, se ve solitaria y un poco oscura. Aunque parece un poco peligrosa, no me importa, así nadie me verá llorar. Las luces de un auto que se estaciona de frente, frente a mi auto me ciega por un momento. Un hombre se baja del lado del copiloto y corre hacia la puerta del piloto para abrirla. Una mujer baja también. ¿Me volví loco de la desesperación? Me tallo los ojos, las lágrimas me nublaron la vista un poco, pero esa mujer se parece a Sahara. Ambos miran hacia mi auto, es natural que me vean de manera sospechosa, no conocen el auto y, por las carac

