SANTIAGO —Pensé que llegarías más tarde o que de plano no llegarías —dice Suzanne. Todavía está despierta, mirando una película mientras bebe vino —. ¿Por qué traes esa cara? Parece que no te fue bien. ¿Qué pasó? ¿Sahara te rechazó? —Ella... ella ya tiene a alguien más, además se mudó de nuestra casa. —Lo siento, amigo. No soy buena consolando, así que no te voy a mentir. Tú tienes la culpa, ¿para qué te vas sin decir nada? —Lo sé. Me siento muy triste, pero me alegra que sea feliz, lejos de un cobarde como yo. —Anímate, no es el fin del mundo. Tú carrera como escritor está por comenzar, y va muy bien. Ayer hablé con un primo que es productor y está interesado en tu novela. Aprende de los errores para que no los cometas la próxima vez que te enamores. —Ya no me quiero enamorar. Prim

