SAHARA —¡Madre mía! ¿Cómo pasó esto? Pensé que Omar era el padre de mis ahijados. ¿Cuándo y cómo te llevaste a la cama a un hombre como Santiago? Hasta en pijama y despeinado se ve atractivo y sensual —comenta Javier. —No menosprecies mi belleza. Y de una vez te advierto que no quiero ningún chisme. Te vas a quedar callado mientras resolvemos lo de mi hija. Si realmente quieres ser la madrina de los niños, guardarás silencio. Javier sella sus labios con un ademán. —Adrián, no sabes cuánto te agradezco que hayas hecho esto por mí. Has salvado a mi hija y eso no te lo podré pagar con nada —le digo. —Somos amigos, ¿no? Dejemos el pasado atrás y volvamos a empezar. Asiento llena de lágrimas. —Estoy de acuerdo, muchas gracias. —¿El número del que me marcaste es tuyo? —Sí. —Lo registro

