SAHARA —No tengas miedo, amor. Todo va a salir bien —dice Omar mientras trata de no quejarse por el dolor que seguramente le estoy provocando en la mano. Las contracciones son muy fuertes y dolorosas, y el maldito tráfico nos tiene varados. No quiero parir aquí. Hasta el padre de Omar se ha puesto de nervios. —¿Por qué tomó esta ruta? Le dije que estaba congestionada —reclama mi mamá, nerviosa. —Es la única ruta que hay hacia el hospital, señora —dice el padre de Omar. —Pues mis nietos van a nacer dentro de un maldito auto si esto no se moviliza. —Cálmate, mamá. No me pongas más nerviosa. —¿Te duele mucho, mamá? —pregunta Fernanda con un gesto de angustia. —Sí, pero todo está bien, princesa, no te preocupes. La pobre mano de Omar debe estar hecha añicos, las contracciones cada vez

